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Méndez Pereira


El 14 de agosto de 1954, a la edad de 67 años, falleció el "Maestro de Maestros" Octavio Méndez Pereira, una de las mentes más lúcida, no solo de nuestra patria sino de la América hispana. Y pocas palabras se ajustan a ese preciso instante como las pronunciadas por José Martí, en otras, pero iguales circunstancias: "Lo que escribe el dolor es lo único que queda grabado en la memoria de los hombres".
Al conmemorarse el 50 aniversario de aquella aciaga fecha, también son muy oportunas las palabras del apóstol cubano: "Los hombres no mueren cuando se les entierra, sino cuando se les olvida".
Octavio Méndez Pereira legó a los panameños su sueño más obsesivo y recurrente: la Universidad de Panamá, una institución que cumplirá su sexagésimo noveno aniversario y que ha formado en sus aulas a más de 115 mil profesionales.
Y precisamente hoy, transcurrido medio siglo de la muerte del Maestro, es cuando se percibe con más claridad la dimensión de su pensamiento, la nobleza de su espíritu y la fuerza de su ejemplo. Este notable panameño, jamás olvidado, se yergue como vigía en medio de la tormenta cada vez que el país pierde el rumbo y trastoca, por el desamor de sus malos hijos, sus valores esenciales.
No debemos olvidar que la sociedad global y Panamá están en una encrucijada oprobiosa. Despojos, corrupción, criminalidad, desintegración familiar e impunidad al orden del día.
Hoy, gracias a su ejemplo, esta generación de docentes, administrativos y estudiantes trabaja en la transformación curricular y adapta sus estructuras a las exigencias de una sociedad planetaria signada por la revolución del conocimiento, constituyéndose no sólo en la "conciencia crítica de la nación", sino en la herramienta de cambio social más pertinente. Y en la única alternativa de llevar educación superior a los más humildes panameños. En tiempos como éstos es imperativo retornar el ejemplo de hombres como Méndez Pereira, sembradores de ideales, titanes de la docencia soñadores y adalides dispuestos a arremeter contra los molinos de viento de la indiferencia y el desamor. No de otra manera podemos honrar dignamente su memoria.
¡Ten misericordia de nosotros señor Jesús! No terminemos como la Sodoma y Gomorra de tu ira.

101 años de Panamá América

 
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