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Menem, desde la cárcel hacia la presidencia


Cierto que Menem, en medio cautiverio, se permitió disimular el agravio, contrayendo nupcias con la ex señorita Universo chilena, Cecilia Bolocco, pero aun así continuó con su libertad de movimiento y comunicación limitadas en términos humillantes para un ex mandatario que gobernó su país durante dos períodos consecutivos, en los que si bien gozó de inmensa popularidad, sufrió también la acción de duros detractores políticos.
El actual presidente de Argentina, Fernando De La Rúa, parecía complacido con las tribulaciones de su predecesor, deseoso de desviar hacia otro escenario el desastre de su gestión de gobierno. Pero la estrategia sólo le sirvió por breve tiempo, hasta cuando la situación de Menem ante la opinión pública fue cambiando del papel de villano de un régimen corrupto al de víctima de un actual gobierno de ineptos.
De La Rúa cambió su papel de verdugo a condenado, especialmente cuando fracasó con su última carta, el economista Domingo Cavallo, el mismo que fungiera como padre del milagro económico argentino gestado durante la primera administración de Menem, quien durante el segundo mandato de éste rompiera con su mentor imputándole cargos de corrupción. Desafortunadamente para De la Rúa, Cavallo no pudo reeditar como ministro suyo el fulgurante éxito que alcanzara bajo su predecesor, y se dirigía velozmente hacia el abismo, asediado por huelgas y manifestaciones gestadas por las poderosas centrales sindicales peronistas, afines al partido de Menem.
El fracaso de la gestión de gobierno de De La Rúa es de tales proporciones, que no tuvo más remedio que buscar un arreglo con la oposición peronista que ostenta la mayoría en el Congreso y todas las gobernaciones provinciales, amenazando la estabilidad del gobierno, mientras la crisis económica se agudiza por efecto del desgaste que se veía venir en los últimos meses del mandato de Menem y que se agravó tras la asunción al poder de De la Rúa y la crisis mundial provocada tras la destrucción de las Torres Gemelas el 11 de septiembre.
Menem está pues en libertad, después de un meteórico recurso interpuesto ante la Corte Suprema, que no halló pruebas suficientes para inculpar a Menem y su ex cuñado. Los trámites para su liberación fueron tan rápidos y el mutismo del gobierno y sus acusadores fue tan evidente, que no otra cosa puede deducirse que no sea la ocurrencia de un arreglo político que facilite la gobernabilidad y permita a De La Rúa completar su mandato.
Menem, por su parte, no ha dejado duda de sus pretensiones. Ha anunciado que correrá por una tercera presidencia en el 2003. Y por los vientos que soplan, lo logrará una vez más.


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