Mensajero o patrulla autónoma
ABSURDAS e inoportunas, por decir lo menos, fueron las imprudentes declaraciones del vicepresidente segundo, anunciando que el gobierno de la patria nueva actuará unilateralmente si el diálogo sobre el Seguro Social no logra consensuar una propuesta en el plazo que se le ha fijado. El gobierno PRD-PP tardó 10 meses para divulgar "su proyecto" de reformas a la Caja del Seguro Social e, inmediatamente, lo aprobó cuando y como le dio la gana. En un desvergonzado madrugonazo lo convirtió en el mamotreto conocido como la Ley 17, sin importarle que el país entero estuviera en contra, como quedó visiblemente demostrado con las multitudinarias manifestaciones de rechazo que cubrieron toda la geografía nacional, y que no pudieron detener las bravuconadas estúpidas de algunos funcionarios ni los despliegues represivos de corte militaroide. El pueblo se impuso y los obligó a posponer por 90 días el alumbramiento de su engendro.
Cuando las manifestaciones de repudio a la Ley 17 arreciaron, el termómetro del terror subió en las altas esferas oficiales. Entonces, a alguno o algunos de sus estrategas se les encendió la bombilla y así fue como nació la fórmula, salvadora para el gobierno, de convocar al diálogo, que tuvo el efecto inmediato de desactivar la crisis y procurarle al grupo gobernante espacio de maniobra. Sin duda obtuvieron una victoria táctica temporal. A la par, debieron haber aprendido la lección, pero no lo han hecho.
Una vez que fue convocado el diálogo, el gobierno decidió proclamarse triunfador y celebrar "su victoria". A continuación orquestaron otra de sus costosas campañas de propaganda para convencer al país que esa decisión había sido el producto de la magnanimidad presidencial y no de la presión popular. Si en las esferas oficiales quieren engañarse, que sigan durmiendo de ese lado; allá ellos. El país entero fue testigo de los hechos y con eso basta.
El gobierno, de haber estado arrinconado en una esquina, pasó a usar las ventajas del ejercicio del poder y su mayor y desigual capacidad para acceder a los medios de comunicación. No en balde cuenta con un presupuesto para propaganda superior a los 20 millones de balboas y con la simpatía, hasta ahora, de la mayoría de los medios de comunicación. Haciendo uso de esos recursos, sin mirar en costos, pues no salen de sus bolsillos personales, pasaron a implementar otras acciones, igualmente tortuosas.
El diálogo ha sido, desde su inicio, un montaje. Las reglas y el formato los impuso el gobierno. Y no conformes con esa triquiñuela, como complemento y para su conveniencia, incorporaron a sectores que, por lógica elemental, era obvio que en nada contribuirían al mejoramiento de la Ley 17, ya que sus posiciones son más retrógradas que las consignadas en ésta. Y si a lo anterior se agrega que, además, han hecho uso de otras estratagemas para dividir o anular las dirigencias de los sectores que encabezaron la lucha contra la Ley 17, es fácil entender porqué el diálogo ha avanzado a paso de tortuga, y porqué aún no se ha entrado a la discusión de los aspectos esenciales de las reformas que son: la edad de jubilación, la cantidad y densidad de las cuotas y el monto de la cotización. La realidad ha comprobado, de manera fehaciente, que fue un error, si es que en verdad lo fue, haber dedicado tanto tiempo a la metodología y haber comenzado la discusión por los aspectos administrativos y dejar para último los que en verdad cuentan y constituyen la esencia del problema.
Desde siempre he sostenido que debió comenzarse por las llamadas medidas paramétricas. Si ellas son el meollo del problema, por allí había que comenzar. Desde luego que los aspectos administrativos o las fórmulas para aumentar el rendimiento de las reservas son importantes; pero allí no está la esencia de la crisis. Si el diálogo lleva más de dos meses y todavía no ha terminado con los llamados "ejes" administrativo y financiero, es poco probable que en el tiempo que resta se pueda llegar a acuerdos sobre el eje que verdaderamente cuenta.
Las alternativas, entonces, son: prorrogar el plazo para que siga la discusión, pero limpiando la mesa de los factores obstaculizantes o, como ha dicho el señor Arosemena, cerrarlo y que el gobierno cumpla su amenaza de tirarse por la calle del medio. Esta última sería otra garrafal metida de pata. El vicepresidente segundo, hasta ahora, es el representante del gobierno en el diálogo y hay que suponer que es su vocero autorizado. Sin embargo, también puede ser que, más papista que el Papa, haya actuado como patrulla autónoma. Ojalá, para tranquilidad del país, que sea lo segundo.
Con esta medida se ayudaría a reducir el peligro de mortalidad en los individuos que a diario caminan por áreas campestres.
La doctora señala que debido a la falta de estudios de campo, muchas veces los personas desconocen el manejo del paciente con envenenamiento.
Una de las dificultades es que no hay un serpentario, que ayudaría en gran medida a prevenir los riesgos y contrarrestar el veneno que inyectan las víboras.
Hacer un serpentario en Panamá conlleva la inversión de una importante cantidad de dinero.
La doctora Gisela Montenegro realizó una prepropuesta a la SENACYT para iniciar la recolección de fondos para la creación de un serpentario que ayude a realizar múltiples investigaciones.
Cuando las manifestaciones de repudio a la Ley 17 arreciaron, el termómetro del terror subió en las altas esferas oficiales. Entonces, a alguno o algunos de sus estrategas se les encendió la bombilla y así fue como nació la fórmula, salvadora para el gobierno, de convocar al diálogo, que tuvo el efecto inmediato de desactivar la crisis y procurarle al grupo gobernante espacio de maniobra. Sin duda obtuvieron una victoria táctica temporal. A la par, debieron haber aprendido la lección, pero no lo han hecho.
Una vez que fue convocado el diálogo, el gobierno decidió proclamarse triunfador y celebrar "su victoria". A continuación orquestaron otra de sus costosas campañas de propaganda para convencer al país que esa decisión había sido el producto de la magnanimidad presidencial y no de la presión popular. Si en las esferas oficiales quieren engañarse, que sigan durmiendo de ese lado; allá ellos. El país entero fue testigo de los hechos y con eso basta.
El gobierno, de haber estado arrinconado en una esquina, pasó a usar las ventajas del ejercicio del poder y su mayor y desigual capacidad para acceder a los medios de comunicación. No en balde cuenta con un presupuesto para propaganda superior a los 20 millones de balboas y con la simpatía, hasta ahora, de la mayoría de los medios de comunicación. Haciendo uso de esos recursos, sin mirar en costos, pues no salen de sus bolsillos personales, pasaron a implementar otras acciones, igualmente tortuosas.
El diálogo ha sido, desde su inicio, un montaje. Las reglas y el formato los impuso el gobierno. Y no conformes con esa triquiñuela, como complemento y para su conveniencia, incorporaron a sectores que, por lógica elemental, era obvio que en nada contribuirían al mejoramiento de la Ley 17, ya que sus posiciones son más retrógradas que las consignadas en ésta. Y si a lo anterior se agrega que, además, han hecho uso de otras estratagemas para dividir o anular las dirigencias de los sectores que encabezaron la lucha contra la Ley 17, es fácil entender porqué el diálogo ha avanzado a paso de tortuga, y porqué aún no se ha entrado a la discusión de los aspectos esenciales de las reformas que son: la edad de jubilación, la cantidad y densidad de las cuotas y el monto de la cotización. La realidad ha comprobado, de manera fehaciente, que fue un error, si es que en verdad lo fue, haber dedicado tanto tiempo a la metodología y haber comenzado la discusión por los aspectos administrativos y dejar para último los que en verdad cuentan y constituyen la esencia del problema.
Desde siempre he sostenido que debió comenzarse por las llamadas medidas paramétricas. Si ellas son el meollo del problema, por allí había que comenzar. Desde luego que los aspectos administrativos o las fórmulas para aumentar el rendimiento de las reservas son importantes; pero allí no está la esencia de la crisis. Si el diálogo lleva más de dos meses y todavía no ha terminado con los llamados "ejes" administrativo y financiero, es poco probable que en el tiempo que resta se pueda llegar a acuerdos sobre el eje que verdaderamente cuenta.
Las alternativas, entonces, son: prorrogar el plazo para que siga la discusión, pero limpiando la mesa de los factores obstaculizantes o, como ha dicho el señor Arosemena, cerrarlo y que el gobierno cumpla su amenaza de tirarse por la calle del medio. Esta última sería otra garrafal metida de pata. El vicepresidente segundo, hasta ahora, es el representante del gobierno en el diálogo y hay que suponer que es su vocero autorizado. Sin embargo, también puede ser que, más papista que el Papa, haya actuado como patrulla autónoma. Ojalá, para tranquilidad del país, que sea lo segundo.
Con esta medida se ayudaría a reducir el peligro de mortalidad en los individuos que a diario caminan por áreas campestres.
La doctora señala que debido a la falta de estudios de campo, muchas veces los personas desconocen el manejo del paciente con envenenamiento.
Una de las dificultades es que no hay un serpentario, que ayudaría en gran medida a prevenir los riesgos y contrarrestar el veneno que inyectan las víboras.
Hacer un serpentario en Panamá conlleva la inversión de una importante cantidad de dinero.
La doctora Gisela Montenegro realizó una prepropuesta a la SENACYT para iniciar la recolección de fondos para la creación de un serpentario que ayude a realizar múltiples investigaciones.