Método
Jamás en mi vida he consumido droga ilegal alguna, pero creo propicio el momento para debatir sobre la legalización ciertas drogas consideradas ilegales. Sé que será un tema controversial, pero también sé que hemos creado su mercado y tráfico criminal al hacer ilegal su posesión y uso.
Luego de más de 40 años de feroz lucha antidroga, que ha sido un fracaso bajo cualquier análisis racional, insistimos en ese método sin saber a dónde ir y hacia dónde nos llevará, sin poder erradicar ni reducir su uso y demanda, y usando leyes criminales para criminalizar conductas en que muchas personas se empeñan en seguir.
Es oportuno probar por lo menos unos 10 años de su legalización para ver cómo nos va y tratar de controlar su tráfico criminal. Si no funciona, las cosas no serán peores que ahora. Siempre habrá un porcentaje mínimo de gente vulnerable a la adicción, y siempre podemos revertir a la prohibición.
La prohibición no funcionó con el alcohol; más bien propició la muerte de muchos inocentes. La prohibición, igualmente, está propiciando la muerte de muchos inocentes, la destrucción de muchas familias, incluso, la violencia en nuestras sociedades. El alcohol fue legalizado sin las consecuencias horrorosas pronosticadas. Si la mitad de los fondos públicos que gastamos en la lucha antidrogas fuera invertido en educación, rehabilitación y atención médica a las víctimas de las drogas, creo que menos personas caerían en sus garras.
Expertos en el tema aseguran que lo que más temen los carteles de la droga es su legalización y despenalización. Saben que si su posesión y uso fuera legalizada y sujeto de impuestos, gran parte de su ganancia del tráfico ilegal desaparecería. Pero hay otra arista a considerar.
El efecto inmediato y significativo de la gran caída presupuestaria de las distintas agencias antidrogas, como la DEA, el departamento de policía, las fiscalías, las cortes, juzgados y las cárceles. Agencias que en su mayoría se oponen a su legalización. Muchas de estas entidades desaparecerían al perder funciones.
Datos publicados estiman que la marihuana tiene un mercado de unos $100 billones en Estados Unidos. Con semejante mercado, tenemos tres alternativas de venta a considerar: El gobierno, con regulaciones e impuestos; la industria privada, con regulaciones e impuestos; o el crimen organizado, sin regulaciones y sin impuestos. Al parecer, hemos escogido al crimen organizado y le hemos dado monopolio absoluto sobre el negocio.
Entre algunos beneficios de la legalización de las drogas podemos mencionar: Los grupos terroristas perderían su mayor fuente de ingresos, los carteles de la droga y los traficantes perderían poder e incentivo, el nivel de criminalidad en las calles bajaría, los juzgados y las cárceles estarían menos copados, las bandas juveniles dedicadas al tráfico y venta de drogas tendrían que cambiar el enfoque de sus propósitos y habrá menos corrupción en la esfera gubernamental, entre otras.
La legalización no es una solución perfecta, pero sería más efectiva y barata que la lucha antidrogas.