Metro y transporte urbano
Una de las más llamativas e insistentes promesas de campaña del presidente electo fue la de la construcción de un metro en los primeros tres años de su gobierno. Es claro que resolver el grave problema del transporte público de pasajeros en el área metropolitana es urgente. Este sólo proyecto le puede cambiar la calidad de vida a casi un millón de panameños que hoy padecen un sistema inhumano e ineficiente. También sería una oportunidad para dejar de depender de los combustibles fósiles para la motorización de ese sistema y para aislarnos del impacto de los vaivenes del petróleo.
Un sistema de transporte público impulsado por electricidad de fuentes hídricas, eólicas o, en general, alternativas al petróleo, bajaría hasta en un 40% la factura petrolera y garantizaría mayor estabilidad al peaje.
Si bien es cierto que el candidato Martinelli habló de un metro y que la candidata Herrera habló de un tren ligero, ambos, probablemente, estaban hablando de lo mismo, ya que según los expertos, el sistema sería realmente multimodal. Esto no sólo implica que el sistema central o principal sería de varias modalidades de ruta, sino que también habrá alimentadores y distribuidores con vehículos y procedimientos diversos. Hay un consenso en que habrá tramos subterráneos, otros a superficie y otros elevados. Si será monorriel o de dos rieles, si cubrirá una sola ruta central o tendrá varios circuitos, interconectados o no, por sí mismo, es todavía tema de discusión.
El último ángulo que ha surgido es su forma de financiarlo. Algunos han propuesto que se haga con el Fondo Fiduciario. Le sugerimos a los que abanican esto que verifiquen en qué está invertido mayoritariamente ese fondo y verán que es en títulos de deuda panameña; o sea, que hoy en día somos acreedores de nosotros mismos y difícilmente de ese círculo saldrá el dinero. Tal vez se pueda convencer a las entidades multilaterales que nos prestaron 700 millones –que los bancos locales no quieren usar– para que transformen el objeto del préstamo o que le permitan al Banco Nacional que lo preste para este propósito.
Sea lo que sea, hay que actuar con responsabilidad, ya que más vale avanzar un metro en la dirección correcta que un kilómetro en la dirección equivocada.