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Mi adiós a un gran hombre


Una tarde lluviosa, contemplando a la naturaleza, herida por la contaminación (que nadie se preocupa por detener), recibí un golpe en el corazón; me entero que un viejo amigo, de tremenda estatura, había muerto. El país había perdido al gran Dicky, arquitecto de soberana imaginación, poeta de verdad. Hace muchos años escribí en La Estrella de Panamá una crónica sobre su inigualable "Cuando la Isla era doncella", maravillosa. Me pareció revivir los años de mi niñez, cuando pasaba no pocos veranos en Taboga. ¡Eran unas mágicas pinceladas de un verdadero artista!
Durante mi ausencia de Panamá (¡30 años en Europa!), me iba enterando de los éxitos de Dicky. Su desaparición me hace recordar la rapidez con que los pueblos que no tienen todavía una formación cultural, olvidan a sus grandes hombres. Ricardo Bermudez no se merecería ese turbio manto del olvido, con el que los pueblos atrasados terminan por cubrir a sus grandes hombres. ¿Cuánto se emitirá una estampilla de correos con la imagen de Bermudez? ¿Cuándo en los billetes de lotería, que reproducen las imágenes de tantos con menos méritos? ¿Cuándo una institución pública recogerá fondos para dotar a todas las universidades, escuelas superiores, bibliotecas públicas, de las obras de un hombre de la categoría de Ricardo Bermudez?
La poesía, como la música, son dones celestiales. Son las dos cosas que elevan las almas a regiones divinas. Oírlas es como escuchar unos mensajes de Dios mismo. Actualmente parece que ha desaparecido la poesía. Se han apoderado de su nombre (que no de su gracia) unos señores que creen que poner bobadas o idioteces en renglones, eso es poesía. Ignoran que la poesía es una música de las palabras, y que, quien no nació con el oído requerido para sentir esa música, es un embadurnador de papeles; un cuenta-sílabas, o uno que ni para contar sílabas es competente, y entonces decide poner estupideces en renglones, que hoy por todas partes llaman "versos".
Adiós, querido amigo Dicky. Por allá nos veremos un día.
Conservaré tus papeles bien plegados, para que no pueda nunca escaparse ese divino aroma que surgió de tu pluma.

101 años de Panamá América

 
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