Mi amistad con Omar
Como tuve la oportunidad de compartir diversas experiencias políticas con el General Torrijos, creo que es justo exponer mis vivencias sobre esta relación y la amistad que de una forma u otra desarrollé con él, frente a un aniversario de su natalicio.
En octubre del año 1968, cuando se da el Golpe de Estado y se derroca al Presidente Constitucional, se genera un ambiente de confusión ideológica que combina sentimientos de disgusto y rebeldía en los allegados al gobierno saliente. De manera opuesta, era palpable el alivio que otros panameños reflejaban, porque; como producto de esa recién pasada contienda electoral dura, ofensiva y desordenada, se vislumbraban las posibles reacciones de un revanchismo politiquero.
En esa época participaba de las actividades empresariales dentro de la Junta Directiva del Sindicato de Industriales de Panamá. A este organismo le llegó una misiva del recién instalado y llamado “Gobierno Provisional”, solicitando el apoyo con recomendaciones de ciudadanos que pudiesen atender las responsabilidades vinculadas al manejo del Consejo Municipal de la Ciudad de Panamá. Mi nombre fue sugerido y así fue como me integré, con un grupo de buenos panameños, a las faenas del quehacer de los ediles capitalinos.
Compartí estas responsabilidades durante varios años, logrando con éxito algunas innovaciones y avances en la administración municipal, como también en la realización de diversas obras para bienestar de la comunidad capitalina. Durante este período, el General Torrijos le prestó atención e interés a las gestiones municipales y todos los martes, de cada semana, se llevaba a cabo una reunión almuerzo con el General para discutir y analizar la temática del distrito.
Al renunciar al cargo de Concejal y regresar a mis actividades empresariales, le expresé mi agradecimiento al General y la manifesté la preocupación que sentía por el rumbo político del país, concluyendo mi conversación con la recomendación de que una democracia ineficiente es preferible a una dictadura eficiente. Estimé que esta recomendación fue acogida con beneplácito y pude apreciar que poco después se sometió al voto popular la Constitución de 1972 y se eligió la primera Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos. Quizás esto no era lo que todos esperábamos, pero indiscutiblemente que sí constituía un primer paso en la dirección deseada.
Las posiciones que ocupé posteriormente, como de Ministro de Estado y en calidad de Embajador, no estaban ligadas a un trato continuo o frecuente con el General Torrijos, pero todo lo anterior me permite señalar que le conocí muy bien, lo traté con regularidad y puedo opinar sobre él.
El General Torrijos era de personalidad alegre y de una forma u otra marcaba su jocosidad, cuando así la oportunidad se lo permitía. En ocasiones compartimos momentos de relajamiento social y ello se complementaba con los copetines típicos de la tradición y de la cultura panameña.
El régimen militar dirigido por el General Torrijos, fue de corte duro y severo en su etapa inicial. El aprendizaje político y la consolidación de su liderazgo representó y se reflejó en un costo social para Panamá. Esto es innegable y así también lo apreció el General Torrijos al tener la clara intención de retirar la llamada Guardia Nacional del panorama político del país. El primer paso dado fue la integración de un gobierno totalmente civil en 1978 y debo reconocer que en la misión de consolidar el proceso de transición del gobierno militar al gobierno civil y democrático, los dirigentes civiles no cumplieron con éxito su tarea.
Con la muerte del General Torrijos otro panorama, totalmente distinto, se presentó y lamentablemente culminó con lo que podemos calificar como “el descalabro político del año 1989”.
Soy un convencido que la balanza final de logros y desaciertos, deja una clara inclinación a favor de la gestión desarrollada por Torrijos. Su meritoria e incansable labor de haber logrado un tratado del Canal más justo y benéfico para los panameños, ha dejado su huella patriótica en la eternidad. Sin embargo, esa apreciación se la dejamos a la Historia, quien ya cuenta con excelentes elementos de juicio para hacer su justa evaluación. La aceptación popular del General Torrijos en todos los círculos del arco iris de la sociedad panameña y su reconocimiento internacional a nivel Institucional y de jefes de Estado, constituyen las pruebas fehacientes para unas credenciales políticas de muy alto rango, como pocos otros ciudadanos han logrado consolidar.
En octubre del año 1968, cuando se da el Golpe de Estado y se derroca al Presidente Constitucional, se genera un ambiente de confusión ideológica que combina sentimientos de disgusto y rebeldía en los allegados al gobierno saliente. De manera opuesta, era palpable el alivio que otros panameños reflejaban, porque; como producto de esa recién pasada contienda electoral dura, ofensiva y desordenada, se vislumbraban las posibles reacciones de un revanchismo politiquero.
En esa época participaba de las actividades empresariales dentro de la Junta Directiva del Sindicato de Industriales de Panamá. A este organismo le llegó una misiva del recién instalado y llamado “Gobierno Provisional”, solicitando el apoyo con recomendaciones de ciudadanos que pudiesen atender las responsabilidades vinculadas al manejo del Consejo Municipal de la Ciudad de Panamá. Mi nombre fue sugerido y así fue como me integré, con un grupo de buenos panameños, a las faenas del quehacer de los ediles capitalinos.
Compartí estas responsabilidades durante varios años, logrando con éxito algunas innovaciones y avances en la administración municipal, como también en la realización de diversas obras para bienestar de la comunidad capitalina. Durante este período, el General Torrijos le prestó atención e interés a las gestiones municipales y todos los martes, de cada semana, se llevaba a cabo una reunión almuerzo con el General para discutir y analizar la temática del distrito.
Al renunciar al cargo de Concejal y regresar a mis actividades empresariales, le expresé mi agradecimiento al General y la manifesté la preocupación que sentía por el rumbo político del país, concluyendo mi conversación con la recomendación de que una democracia ineficiente es preferible a una dictadura eficiente. Estimé que esta recomendación fue acogida con beneplácito y pude apreciar que poco después se sometió al voto popular la Constitución de 1972 y se eligió la primera Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos. Quizás esto no era lo que todos esperábamos, pero indiscutiblemente que sí constituía un primer paso en la dirección deseada.
Las posiciones que ocupé posteriormente, como de Ministro de Estado y en calidad de Embajador, no estaban ligadas a un trato continuo o frecuente con el General Torrijos, pero todo lo anterior me permite señalar que le conocí muy bien, lo traté con regularidad y puedo opinar sobre él.
El General Torrijos era de personalidad alegre y de una forma u otra marcaba su jocosidad, cuando así la oportunidad se lo permitía. En ocasiones compartimos momentos de relajamiento social y ello se complementaba con los copetines típicos de la tradición y de la cultura panameña.
El régimen militar dirigido por el General Torrijos, fue de corte duro y severo en su etapa inicial. El aprendizaje político y la consolidación de su liderazgo representó y se reflejó en un costo social para Panamá. Esto es innegable y así también lo apreció el General Torrijos al tener la clara intención de retirar la llamada Guardia Nacional del panorama político del país. El primer paso dado fue la integración de un gobierno totalmente civil en 1978 y debo reconocer que en la misión de consolidar el proceso de transición del gobierno militar al gobierno civil y democrático, los dirigentes civiles no cumplieron con éxito su tarea.
Con la muerte del General Torrijos otro panorama, totalmente distinto, se presentó y lamentablemente culminó con lo que podemos calificar como “el descalabro político del año 1989”.
Soy un convencido que la balanza final de logros y desaciertos, deja una clara inclinación a favor de la gestión desarrollada por Torrijos. Su meritoria e incansable labor de haber logrado un tratado del Canal más justo y benéfico para los panameños, ha dejado su huella patriótica en la eternidad. Sin embargo, esa apreciación se la dejamos a la Historia, quien ya cuenta con excelentes elementos de juicio para hacer su justa evaluación. La aceptación popular del General Torrijos en todos los círculos del arco iris de la sociedad panameña y su reconocimiento internacional a nivel Institucional y de jefes de Estado, constituyen las pruebas fehacientes para unas credenciales políticas de muy alto rango, como pocos otros ciudadanos han logrado consolidar.