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Mi Patria: mi familia


Nuestra república diariamente florece y se marchita sobre un minúsculo pedazo de continente. Quizás el vivir en este pequeño pote de tierra nos hizo caer en el pragmatismo de un gran fervor nacionalista, una política que aún exalta las virtudes de un país y su aquel "puente del mundo y corazón del universo". Fue una mentira que nos hizo orgullosamente mediocres, una mentira que nos convirtió en una nación de castores.
Todo lo que hacemos gira alrededor de una consigna impuesta por intereses ajenos a los nuestros. Sin embargo, no hacemos caso de los coros que piden más pan y menos veneno. Vivimos entre cortinas de humo utilizadas para despistar nuestros sentidos porque, la elite regente, discreta y malsanamente quiere disfrutar del poder "democráticamente" adquirido. Ambas partes, gobierno y oposición, sean del PRD o arnulfistas, con chismes y trifulcas buscan distraer al pueblo, al vecino y al humilde; porque ellos, entre sus filas, son compadres y socios. Es que el pueblo no tiene solidaridad con sus semejantes. La competencia por tener más y más nos hace despreciar al prójimo y a honrar al que nada le importa con nuestra vida. Tenemos que intentar ser familia y recordar que este país fue, es y será el legado de nuestros ancestros, seres tan humanos como nosotros y que sólo somos la herencia de su pasado.
Y por defender esta causa, he recibido críticas destructivas. Connotados intelectuales se han burlado de mi corta edad y hasta han comparado mi estilo de escritura con ciertos tinterillos de la dictadura. ¿Y por qué? Por predicar que la familia panameña comprende más que civilistas, militares y comunistas. Al fin y al cabo, todos somos González, Pérez y Fernández ¿o no? Sí, es cierto; mi familia posee una importante influencia castrense: mi bisabuelo, Aureliano Valero Bernal, fue capitán bajo el mando del general Esteban Huertas en el Batallón Colombia y posteriormente participó en el entrenamiento de los contingentes del comandante Quintero Villarreal para el conflicto en Coto. Mi tío abuelo, Rosemberg Valero, participó en la rebelión de Cerro Tute y fue un poeta que vivió y murió en búsqueda de un sueño: Un Panamá donde los humildes también fueran ciudadanos y no estadísticas. Mi padre, el coronel Cecilio Fisher estuvo a cargo del G-5 durante la época de Torrijos; y aún cuando no comparto sus ideas, respeto su legado, lo quiero y no me avergüenzo de él ni de mis ascendentes, ya que ellos, antes de ser personajes históricos, poetas y militares, eran mi familia... eran mi cuarto mandamiento.
Estoy seguro que si todos escudriñamos entre las telas de lo acaecido, dentro de nosotros encontraremos osamentas olvidadas por nuestras almas ingratas. Abramos todas las fosas, incluyendo las de nuestros corazones, no sólo las que la injusticia ha sembrado en Tocumen y castiguemos a los responsables sin olvidar que también tenemos culpa. Hagámoslo, no obstante, sin negar nuestros orígenes y con mesurado sentido común, pues la luz no escapa del frenesí ni tampoco de la política; con cautela, para no romper la fina membrana que nos mantiene cultivados en este arado llamado Panamá y sabiendo que muchos no quieren que se sepa la verdad y otros, para servir sus intereses en el 2004, glorifican la búsqueda de una verdad a medias. (vyperultra@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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