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Midamos la productividad


Estados Unidos, la primera economía mundial, arrastra una debilidad que tiene en vilo al resto del globo. Si ella no se recupera, las demás menos, incluyéndonos. La potencia norteña viene haciendo de todo para lograrlo, pero no ha tenido éxito. Peor aún, sus opciones se están cortando. Su Reserva Federal ya no tiene margen para bajar más los intereses, colocados casi en cero. Su presupuesto nacional ya no aguanta más déficit. Se tragó en pocos meses el superávit acumulado en ocho años de administración anterior, y ahora está en profundo rojo. Los ruidos bélicos semejan maniobras de distracción frente a la ineptitud e intolerancia.
El consumo no crece con el vigor de antaño y el fantasma de los altos precios del petróleo arroja más incertidumbre. Los escándalos de manipulación de libros contables han herido gravemente la confianza en la bolsa de valores. Ello tampoco ayuda. ¿Qué marcha bien? A más de las instituciones, la productividad. Si no fuera por ellas, el país, y el mundo con él, caerían al abismo.
Cifras oficiales revelan que la productividad de Estados Unidos registra un comportamiento milagroso. Excluyendo al subsidiado sector agrícola, aumentó 4.1% anual en el tercer trimestre del presente, en relación al trimestre previo que había marcado un aumento de sólo 1.7%. En solo un año, la productividad ha incrementado 5.3%, el mayor en tres décadas.
El Departamento de Trabajo, responsable de las cifras, explica que el actual auge de productividad se debe a que las empresas han producido mucho más sin hacer trabajar más horas a sus empleados. Así, la producción aumentó 4.1% en dicho tercer trimestre, mientras las horas laboradas solo aumentaron 0.1%.
En nuestro caso, nos gustaría que el Ministerio de Trabajo pudiera dar periódicamente la misma información sobre la productividad. Sólo el Sindicato de Industriales de Panamá (SIP) y otros entes privados suelen dar periódicamente sus cifras al respecto. Pero lo ideal es que un ente oficial especializado lo haga.
Medir la productividad nos permitiría contar con un instrumento valioso para afinar nuestra estrategia de crecimiento y competitividad en medio del actual proceso de apertura y globalización, además de permitirnos sustentar de mejor modo los aumentos de salario mínimo y facilitar la toma de otras decisiones macroeconómicas.

101 años de Panamá América

 
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