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Mientras lo pensamos


Editorial
Mientras lo pensamos



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Al menos una empresa, especialmente una de origen español, ha solicitado una concesión para instalar molinos de viento, generadores de electricidad. El trámite es lento y desalentador, pero insiste, más por necedad que por perseverancia. Uno de los tropiezos es que todo el país está dado en concesiones previas a especuladores, que luego de conseguirlas, se cruzan de brazos a esperar que venga otro que de verdad las explote y, de ese modo, revender la concesión con sustancial ganancia. Esa es una de las razones por las que no hay más hidroeléctricas y que el país produzca casi exactamente la energía que consume, sin previsiones para la expansión futura, propia del crecimiento galopante del mercado inmobiliario y los megaproyectos.
Panamá tiene una energía cara. Tanto que el actual gobierno gasta cada cuatro o seis meses más de 30 millones de balboas en subsidios para no afectar a los más pobres con el aumento de la luz. Y en eso lleva más de cien millones gastados en sus dos años y medio de gestión. Lo más triste es que todos sabemos la solución. Necesitamos producir energía barata. Hablamos de hidroeléctricas, energía eólica, geotérmica y otras de fuentes naturales.
Y mientras lo pensamos, en Chile, la gigante danesa y mayor fabricante mundial de turbinas eólicas, la Vestas Wind System A/S, acaba de ganar una reñida licitación a la empresa española Eólica Navarra, para instalar 10 primeros molinos de viento por monto de unos 90 millones de dólares, como parte de un ambicioso proyecto generador de energía limpia y barata, que busca aliviar la dependencia del país del gas natural de Bolivia y Argentina, que se ha convertido en instrumento de presión política, por causa de la exigencia de una salida al mar por el primero.
Así, con la misma agresividad, debemos propiciar la generación de más energía barata. La política energética nacional no puede continuar basándose principalmente en el subsidio, en el ahorro y en la dependencia creciente del petróleo. Pongamos un plazo fatal que termine las concesiones otorgadas, que no se estén explotando, y abrámoslas a la participación de empresas que tengan real interés en explotarlas. Quizás tengamos que permitir que las actuales distribuidoras puedan producir más de la energía que venden.

101 años de Panamá América

 
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