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Miércoles de Cenizas


Pasaron los carnavales esperados por muchos. He recordado aquellas fiestas de mi infancia, juventud y los años hasta hace algunos cuantos que no carnavaleo. ¡Esos eran carnavales! Con alegría tanto en el interior como en la capital. ¡Qué hermosos eran y cuánto nos divertíamos, sanamente, sin peligro! Ibamos a los toldos en Panamá; gozábamos intensamente en Las Tablas, con cajas y tambores, violines y guitarras y nuestros cantos típicos; las tunas pequeñas, pero hermosas con las cantalantes, muchachas del poblado y de algunos campos que las "remontaban".

Todo ha cambiado tanto que me entristece la diferencia porque aquello no volverá, aunque detengamos el tiempo. El carnaval tableño se ha transformado en una inmoralidad donde la juventud no tiene límite en sus vicios y llegan al mal comportamiento, escenas que no pueden verse. El famoso PUB Herrerano no permite que nadie en el barrio duerma y con su música detestable que alternan con un hombre que no para de hablar hasta las cinco de la madrugada; provoca acabar con él para que más nunca hable.

Se ha ido la música típica que ha sido suplantada por el reggae con una letra asquerosa, poco digna de ser escuchada por personas decentes. No podemos ir a las tunas, porque el gentío es tal que a los diez metros te sacan a empujones

Bueno, no es que me sienta vieja, que de eso no tengo nada; es sólo rememorar aquellos carnavales que no volverán y que tengo todo el derecho a ver como una ilusión sin esperanzas. Los carros alegóricos salen al parque tan tarde, que ya no somos capaces ni de apreciarlos en su majestad y belleza. Las soberanas, que tanto trabajan todo el año, no logran levantar la expectativa que lograrían de salir más temprano. Nadie comprende ese fenómeno, pero es cierto.

Y así pasan los años, se pierde lo típico para dar paso a la vulgaridad, a una juventud descarriada y descontrolada. ¡Qué lástima y a dónde llegaremos! Si ese centro de diversión vecino a mi casa tuviera algo de consideración, otra cosa sería. Pero, cuando el agua del río corre hacia el mar, no regresa; así sucede con los carnavales. Nunca más será igual y los recuerdos de unos carnavales típicos se hacen realidad todavía en los campos y ciudades pequeñas. Espero no pierdan esa tradición de lo nuestro, reafirmando las costumbres con decoro y decencia.

101 años de Panamá América

 
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