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Miguel Fanovich o la vuelta a la mordaza


Durante el inicio de cada nuevo gobierno, que incluye a todos los que se han sucedido hasta ahora, desde el restablecimiento de la democracia, aparece siempre algún legislador o alto funcionario promoviendo la idea de regular la libertad de prensa.
Hasta ahora, todos los intentos en ese sentido se han estrellado contra la resistencia de quienes trabajamos en los medios de comunicación, con el apoyo contundente de todas las organizaciones internacionales y ONG dedicadas a la defensa de la libertad de expresión y del derecho de información.
Los Estados y sus gobiernos son los menos idóneos y los que más carecen de autoridad moral para imponer regulación alguna, porque son juez y parte. Lo primero, porque detentan la fuerza del poder, que mal ejercido se presta a abusos; y lo segundo, porque por ese tremendo poder, requieren de mecanismos ciudadanos de fiscalización y control para que no se salga de cauce. Y uno de esos mecanismos es el pleno ejercicio de una plena libertad de prensa.
No, no toleraremos ni siquiera el menor intento de de regulación y mucho menos por el Estado o por sus órganos o autoridades. Porque la tendencia natural de todo poder es expansiva, hacia el absolutismo, desde el momento que detentan las funciones legislativa, ejecutiva y judicial, incluyendo la fuerza pública y la coerción represiva de la cárcel y los tribunales.
Es el ejercicio del poder por el Estado el que requiere de vallas de contención ciudadana. Y de allí que concluyamos que, en vez de más mordaza, lo que se requiere es derogar las que todavía quedan vigentes de la época de la dictadura.
Hoy, más que nunca, en tiempos de corrupción y abusos del poder y del patrimonio público, está más vigente la máxima; "la mejor ley de prensa es la que no existe".

101 años de Panamá América

 
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