Mil refugiados colombianos
Las autoridades nacionales de seguridad habían minimizado el riesgo bajo el argumento de que la guerra colombiana se concentraba en el sur, particularmente en la frontera con Ecuador. Casualmente, el gobierno de este último advirtió esta semana que respondería militarmente a la presión de irregulares colombianos que ha provocado la huída de 376 ecuatorianos de su natal provincia de Sucumbíos, según un informe preparado por la Cruz Roja Ecuatoriana.
Sucumbíos es vecina del departamento cocalero colombiano de Putumayo, donde viene desarrollándose una incesante lucha armada entre las Autodefensas Unidas de Colombia y la guerrilla de las FARC. Más hacia el norte, en la frontera con Venezuela, donde opera la segunda mayor fuerza guerrillera colombiana, la situación es igual, con la diferencia de que el ejército venezolano tiene totalmente militarizada la zona limítrofe con numerosas bases y patrullas terrestres y aéreas. Sería realista mirarnos en ese espejo y no hacer las veces de avestruz.
El nuevo presidente de Estados Unidos, George Bush, y su Secretario de Estado, general Colin Powell, han señalado que la guerra en Colombia es prioridad de su administración. Powell en especial, se hizo popular por su doctrina militar de negociar hasta el agotamiento y, una vez superado eso, descargar de un solo y demoledor golpe toda la fuerza disponible, sin relación de proporcionalidad respecto a la magnitud de la amenaza enfrentada. Así hizo en el Golfo Pérsico y en la Invasión a Panamá.
Llamamos la atención que esa es la doctrina militar que imperará bajo el nuevo gobierno estadounidense en relación con el Plan Colombia, la cual podría provocar un pronto recrudecimiento de la guerra en el hermano país, con el consiguiente éxodo hacia las naciones vecinas incluyéndonos.
¿Qué hacer? Todo y nada. Por un lado, mantener el mayor número de contactos con las partes beligerantes y las naciones vecinas de Colombia, reafirmando la estricta neutralidad de Panamá, favorable a una salida negociada, que es la política trazada por nuestro gobierno. Paralelamente, reforzar la presencia policial en Darién y seguir requiriendo ayuda de la ACNUR. Esto implica estrechar la colaboración con Estados Unidos para procurar una mejor dotación para la Policía.
Pretender que los panameños con sus limitaciones y una pobreza que ronda el 40% puede hacer frente a la carga de la presencia de los refugiados, es una utopía. Bastante hacemos procurando nuestro territorio para los que huyen. Pero es una realidad que si no podemos alimentar a nuestros perseguidos por las propias miserias que nos azotan, menos podríamos hacerlo con los ajenos.
Sucumbíos es vecina del departamento cocalero colombiano de Putumayo, donde viene desarrollándose una incesante lucha armada entre las Autodefensas Unidas de Colombia y la guerrilla de las FARC. Más hacia el norte, en la frontera con Venezuela, donde opera la segunda mayor fuerza guerrillera colombiana, la situación es igual, con la diferencia de que el ejército venezolano tiene totalmente militarizada la zona limítrofe con numerosas bases y patrullas terrestres y aéreas. Sería realista mirarnos en ese espejo y no hacer las veces de avestruz.
El nuevo presidente de Estados Unidos, George Bush, y su Secretario de Estado, general Colin Powell, han señalado que la guerra en Colombia es prioridad de su administración. Powell en especial, se hizo popular por su doctrina militar de negociar hasta el agotamiento y, una vez superado eso, descargar de un solo y demoledor golpe toda la fuerza disponible, sin relación de proporcionalidad respecto a la magnitud de la amenaza enfrentada. Así hizo en el Golfo Pérsico y en la Invasión a Panamá.
Llamamos la atención que esa es la doctrina militar que imperará bajo el nuevo gobierno estadounidense en relación con el Plan Colombia, la cual podría provocar un pronto recrudecimiento de la guerra en el hermano país, con el consiguiente éxodo hacia las naciones vecinas incluyéndonos.
¿Qué hacer? Todo y nada. Por un lado, mantener el mayor número de contactos con las partes beligerantes y las naciones vecinas de Colombia, reafirmando la estricta neutralidad de Panamá, favorable a una salida negociada, que es la política trazada por nuestro gobierno. Paralelamente, reforzar la presencia policial en Darién y seguir requiriendo ayuda de la ACNUR. Esto implica estrechar la colaboración con Estados Unidos para procurar una mejor dotación para la Policía.
Pretender que los panameños con sus limitaciones y una pobreza que ronda el 40% puede hacer frente a la carga de la presencia de los refugiados, es una utopía. Bastante hacemos procurando nuestro territorio para los que huyen. Pero es una realidad que si no podemos alimentar a nuestros perseguidos por las propias miserias que nos azotan, menos podríamos hacerlo con los ajenos.