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Ministerios con minúscula


Santiago de Chile (AIPE)- Hoy corresponde recomendar el cierre del ministerio de agricultura, con minúscula, al igual como lo hicimos con el de transportes. Sirve de poco o nada, dedicándose a regalar nuestros impuestos a ciertos productores, además de conseguirles protección mediante aranceles, cuotas, salvaguardias, sobretasas, tipificación de la carne, controles desproporcionados para la fiebre aftosa y, el broche de oro, una renegociación del arancel máximo consolidado para el azúcar ante la Organización Mundial de Comercio. Esto lo hacen los mismos que lloran por los pobres y se llenan la boca con el libre comercio en las recepciones.
El Indap, que supuestamente ayuda a los pequeños agricultores, les da crédito para desarrollar ciertos productos. Después, como les va mal por hacerles caso a los planificadores, debe condonarles las deudas. Los mantiene así atados a tierras sin futuro, como a los siervos de la gleba. Con ello se inmoviliza a jóvenes y trabajadores, se potencia la pobreza y se limita la modernización del agro.
El Banco del Estado y la Corfo compiten en regalar nuestro dinero a un puñado de agricultores, donde hay desde vivarachos hasta empresarios que, con los incentivos del libre mercado, podrían llegar muy lejos. Así ocurrió con los que revolucionaron el agro desde el decenio de 1970, cuando se comenzó a respetar la propiedad, se liberaron los precios y se abrió el país al libre comercio.
¿Hacen algo las autoridades del agro por obligar a la venta de tierras estatales, que son más de un tercio del territorio nacional? El ministerio de tierras y colonización, con minúscula, también debería cerrar, para poder usar los recursos hoy ociosos.
Si se examinan con calma los programas de riego y otros similares, se verá que no favorecen precisamente a los campesinos. Si se estudian las medidas de "protección positiva" para ellos, se caerá en la cuenta de que sólo sirven para inmovilizarlos en el minifundio y en la pobreza a interés compuesto.
¿Qué hacen los del ministerio con minúscula para representar ante los gobernantes la mala educación estatal que se entrega en los campos? ¿Habrá algo interesante que mostrar respecto de la formación de capital humano entre campesinos, indígenas y pequeños agricultores?
La sola idea de que el progreso se hace en un ministerio es absurda. Ya sabemos lo que pasó con la planificación central, particularmente en el agro, y, en especial, en las naciones comunistas, que competían en el número de muertos de hambre.
Si los ministerios del agro se cerraran, habría una segunda revolución productiva, como la iniciada en Chile en la década de 1970. Y los alimentos serían más baratos para los pobres. Es al revés de lo que piensan algunos que gustan de mesas de diálogo, donde los ausentes son los pobres, los campesinos, los minifundistas, los consumidores y los idiotas que pagamos impuestos.
En Chile tienen ministerio propio los transportistas, agricultores, mineros, constructores y, en potencia, los cultos intelectuales. Los pobres no. Habría que cerrar todos los ministerios con minúscula, que sólo sirven para que ciertos capitalistas hagan la política en su beneficio. Nos quedaríamos con cinco o seis con mayúscula y, quizás, uno para los pobres.
¡Ya me equivoqué otra vez! ¡Si hubiera uno, capaz que resuelva el problema
matándolos a todos! Así los pobres ya no tendrían que esperar.
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Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.

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