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Ministro en estado de levitación


INTROITO: Levitación: Mantenerse en el aire sin ningún punto de apoyo. Levitar: Elevarse en el espacio sin intervención de agentes físicos conocidos.
El señor que la "patria nueva" puso al frente del Ministerio de Educación, para suceder al que enviaron a bailar la samba, es un personaje singular, por muchos conceptos. Hasta donde podemos recordar, de los casi dos años en que el caballero de marras ha sido, primero, número 2 y ahora número 1, una sola cosa puede registrarse a su haber: Su exjefe y él, o tal vez sólo él, un buen día deslumbraron al universo mundo con una "aportación genial". A partir del momento en que en sus preclaras mentes fueron iluminadas por un fulgurante haz de inspiradora luz, el Ministerio de Educación o MEDUC, en versión abreviada, desde ese momento histórico sería conocido, para honra y gloria de la educación nacional, como MEDUCA.
Al igual que ha ocurrido, desde hace varias décadas (con o sin la adición de la A), los maestros y profesores siguen viviendo el calvario anual de las semanas y meses de espera para que se oficialicen sus nombramientos, al cual hay que adicionar los otros meses que deben esperar para que les paguen, en los que deben vivir de prestado, víctimas de los agiotistas que les arrancan hasta el modo de andar.
Aún, porque apenas han transcurrido unas semanas, están frescas las deprimentes imágenes de los cientos y cientos de educadores y educadoras que madrugaban (algunos, por si el flamante ministro no lo sabe, hasta pernoctaban en los alrededores) para ser los primeros en las interminables filas que se formaban frente a las direcciones provinciales de educación, y después hacían guardia todo el día, a la espera de ver sus nombres en las listas de los seleccionados.
Con seguridad, tampoco sabe el susodicho ministro, que muchos maestros y profesores, cuando finalmente les llega el ansiado nombramiento, literal y materialmente han pasado "el Niágara en bicicleta" y están hasta el cuello de deudas y, además, para llegar a los lugares donde han sido destinados, tienen que arañar para conseguir el dinero del transporte, equiparse con lo indispensable y después alquilar sitios inhóspitos y pagar comidas de subsistencia a precios desproporcionados, por ser fiadas, mientras la burocracia que él dirige demora hasta la desesperación pagarles su salario con atraso de varias quincenas.
La crisis de nuestra educación se ha tornado endémica, pero su deterioro no es de tan vieja data. Para ser más exactos, su declive se lo debemos a la dictadura de la cual es hijo predilecto el partido que ahora gobierna. Por ello, no debe extrañar que el nuevo autoproclamado "gurú" de la educación nacional, de manera conveniente y acomodaticia, trate de simplificarla, olvidándose, por un lado, de sus verdaderas causas y, por el otro, tratando de convertir a los educadores en chivos expiatorios.
Mientras los gobiernos, especialmente los del PRD, han despilfarrado los dineros del Estado y siguen manteniendo y creando nuevos privilegios salariales para favorecer a sus incondicionales, los educadores son, comparativamente, los servidores públicos profesionales peor pagados del Estado.
La educación, como proceso comprensivo que es, no depende sólo de tener buenos educadores; también se requiere de escuelas bien acondicionadas, de bibliotecas, laboratorios, comedores escolares, textos y útiles que, como regla general, no existen. No hay que ir muy lejos para encontrar escuelas cayéndose a pedazos, con iluminación insuficiente, ubicadas en sitios inaccesibles, en las que falta hasta un simple tablero para ilustrar una clase o un servicio sanitario, para las necesidades elementales, sin mencionar áreas de esparcimiento para educandos y educadores. Pero, aparte de las condiciones materiales, cuya ausencia es la regla, también se necesita de autoridades responsables capaces de crear e implementar buenos planes de estudio y de supervisarlos adecuadamente.
Los maestros y profesores no son los autores de los planes de estudio y tampoco responsables de supervisar su cumplimiento. Por tanto, hacerles únicos responsables del deterioro de la educación panameña y, encima, penalizarles, negándoles el derecho a un ingreso justo es una aberración propia de mentes insensatas.
Los educadores panameños, los que se fajan en el aula, han sido responsables de importantes gestas en defensa de la democracia panameña y, frente al gobierno de turno han sido una de las pocas voces críticas para denunciar muchos de sus desmanes. Particularmente, frente a temas como las reformas fiscales y de la seguridad social, fueron decisivos para evitar que causaran males mayores.
Actualmente, son el más importante de los grupos sociales que exigen explicaciones y un debate democrático y justo del proyecto de ampliación del Canal de Panamá. Por ello, no es una coincidencia, que ahora sean el blanco favorito de las autoridades de turno que, en el tema de la educación, como demostraría un enjuiciamiento serio y objetivo, en lugar de acusaciones debieran rendir cuentas y dar explicaciones, pues son muchas las que deben.
Las demandas salariales de los educadores son justas y tratar de postergarlas bajo el pretexto de que primero debe solucionarse una crisis endémica de nuestra educación que, por su envergadura y antecedentes, involucra a muchos otros actores, pero principalmente a las autoridades educativas, es una evasión que sólo demuestra la incompetencia de un ministro que pareciera vivir en un permanente estado de levitación.

101 años de Panamá América

 
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