Mirada pesimista a la abstención
Me causó gracia escuchar a algunos políticos que se lamentaban porque los jóvenes no fueron a votar el domingo. "¡Qué tragedia!" "¡Es preocupante!" "¡Una generación perdida!" "¡Tenemos que hacer algo!", y remataban la frase con un adverbio de modo que ellos usan mucho de boca y muy poco de hecho: "¡Urgentemente!".
Seguro que ahora los políticos van a contratar los caros servicios de sicólogos, sociólogos, pedagogos, y muchos más científicos de la conducta, para diseñar un millonario plan decenal de rescate de la juventud "extraviada".
Será otra salida coyuntural a una crisis estructural. La vieja historia.
No debe sorprender a nadie que los chicos se hayan desconectado del referéndum y, mucho más, del tema canalero. Nadie debe rasgarse las vestiduras porque hayan preferido la juerga o el fútbol. Es algo que se veía venir desde principios de los años ochenta, cuando el régimen de turno entró en crisis y cimentó el programa de desarraigo y "desnacionalismo" que serviría para desarticular cualquier movimiento de juventudes subversivas y, lo que es peor, pensantes. Crearon ese tipo zombi que te permite gobernar.
Desde entonces hemos sido testigos de cómo la juventud pierde identificación con su país. Ahora les resulta absurdo ponerse a meditar en torno al significado del escudo o la bandera, porque se han peleado a muerte con la historia y sus raíces culturales.
No sé por qué el aspaviento de los "viejos". Fuimos nosotros quienes les llenamos la cabeza de mensajes embrutecedores a través de los medios de comunicación, quienes hemos permitido que la escuela y los maestros mediocres los envenenen, y los dejamos en manos de productos culturales sin esencia.
Que no fueron a votar, ¡ja!, eso se veía venir; y la cosa se pondrá peor.
El 22 de octubre solamente votaron 888,000 electores y dejaron de hacerlo 1,350.000. La elocuencia de las cifras es tan abrumadora, que ignorarla con explicaciones pueriles es un ejemplo típico de la "política del avestruz".
Por hoy, concluyo con esta pregunta: Quién responderá si cuando se pase del "borrador" a los detalles y a los cálculos reales, los costos se disparan por encima de los 6,000 millones. O esta otra: Quién asumirá la responsabilidad si todas las promesas hechas se quedan en el aire, como las otras promesas de "la patria nueva".
Seguro que ahora los políticos van a contratar los caros servicios de sicólogos, sociólogos, pedagogos, y muchos más científicos de la conducta, para diseñar un millonario plan decenal de rescate de la juventud "extraviada".
Será otra salida coyuntural a una crisis estructural. La vieja historia.
No debe sorprender a nadie que los chicos se hayan desconectado del referéndum y, mucho más, del tema canalero. Nadie debe rasgarse las vestiduras porque hayan preferido la juerga o el fútbol. Es algo que se veía venir desde principios de los años ochenta, cuando el régimen de turno entró en crisis y cimentó el programa de desarraigo y "desnacionalismo" que serviría para desarticular cualquier movimiento de juventudes subversivas y, lo que es peor, pensantes. Crearon ese tipo zombi que te permite gobernar.
Desde entonces hemos sido testigos de cómo la juventud pierde identificación con su país. Ahora les resulta absurdo ponerse a meditar en torno al significado del escudo o la bandera, porque se han peleado a muerte con la historia y sus raíces culturales.
No sé por qué el aspaviento de los "viejos". Fuimos nosotros quienes les llenamos la cabeza de mensajes embrutecedores a través de los medios de comunicación, quienes hemos permitido que la escuela y los maestros mediocres los envenenen, y los dejamos en manos de productos culturales sin esencia.
Que no fueron a votar, ¡ja!, eso se veía venir; y la cosa se pondrá peor.
El 22 de octubre solamente votaron 888,000 electores y dejaron de hacerlo 1,350.000. La elocuencia de las cifras es tan abrumadora, que ignorarla con explicaciones pueriles es un ejemplo típico de la "política del avestruz".
Por hoy, concluyo con esta pregunta: Quién responderá si cuando se pase del "borrador" a los detalles y a los cálculos reales, los costos se disparan por encima de los 6,000 millones. O esta otra: Quién asumirá la responsabilidad si todas las promesas hechas se quedan en el aire, como las otras promesas de "la patria nueva".