Mirando con lupa la corrupción en Aduana
La modalidad que tradicionalmente ha sido cuestionado por la ciudadanía es la complejidad y la dilatación de los trámites aduaneros. Sabemos que la Aduana tiene profesionales, técnicos y empíricos aduaneros, que se han entregado con pasión, más que con vocación, a la ciencia aduanera, haciendo de esta un verdadero apostolado que no deja de depararles angustias, incomprensiones, calumnias y muy escasas satisfacciones. Son personas que aborrecen la corrupción dada su inalterable naturaleza ética o porque son conscientes que no pueden hacer indigno la investidura aduanera ni contaminar su espacio laboral dentro del cual respiran y cohabitan.
Contrario a esto, vemos aquellos Inspectores de Aduana que desconocen la ley que regula sus funciones y que no se han especializado en los asuntos aduaneros mediante los esfuerzos, sacrificios, experiencia y tiempo requeridos para ello, estos tienden a caer con mayor facilidad en la tentación de delinquir, porque en el fondo no aman ni sienten interés verdadero por esa materia.
También son susceptibles de corrupción aquellas personas cuyos únicos méritos consisten en ser familiares y copartidarios, debe abandonarse definitivamente esta práctica perjudicial. Precisamente son estos, los que excluyen del servicio aduanero a componentes valiosos del patrimonio humano de la institución aduanera, por el simple hecho de no ser incondicionales a esos jefes de turno.
Sin embargo, hay antecedentes de profesionales y técnicos aduaneros que han ocupado posiciones administrativas para su propio beneficio. Compartimos la opinión de Robert Klitgaard, quién manifiesta: Generalmente estos felones escudan sus ilicitudes en su propio saber especializado: Invocan reglas técnicas aparentemente sólidas que luego, al ser “complacidos”, desechan sin riesgos; conocen cuándo pueden amenazar con el cobro de derechos diferenciales, con la aplicación de multas o comisos y con la apertura de procesos judiciales; saben cuántos efectos negativos puede producir el retardo en la entrega de las mercancías o el inicio de una investigación; están conscientes de los costos y retardos ínsitos al ejercicio de recursos… Lo peor es que, cuando no son satisfechas sus indebidas aspiraciones, estos traidores suelen contar con el apoyo de sus superiores o de servicios paralelos, quienes (independientemente de su integridad moral y ética) respaldan sus actuaciones creyendo que ellas constituyen una defensa de la legalidad y de los sagrados intereses de la República. ¿Complicidad involuntaria?
A fin de minimizar la corrupción sugerimos: disminuir la discrecionalidad en los funcionarios, haciendo más institucionales los procesos; promover incentivos a los funcionarios; crear sistemas de gestión, de información y de control; se debe estructurar la relación entre el funcionario aduanero y el contribuyente a través de Asuntos Internos; profesionalizar más al personal, capacitarlo y hacer más riguroso el proceso de reclutamiento y selección.
Como plan estratégico, podemos mencionar la obtención de información de las actividades corruptas que deben ser examinadas cuidadosamente, a través de Asuntos Internos. Esto permitirá estudiar el sistema para detectar dónde la Institución es vulnerable a la corrupción. La participación de la comunidad, empresarios y corredores de aduana, de donde representantes imparciales y honestos denunciarán actos corruptos dentro la Institución.