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¡Miren quién habla!


Cinismo es la palabra que resume la característica fundamental de esta época. El 2 de febrero último, la embajadora de Estados Unidos en Panamá, Linda Watt, hizo llegar una carta a los magistrados del Tribunal Electoral señalando que "cree firmemente que el proceso electoral que se avecina será tan libre y justo como los anteriores", "que el personal de la embajada ha seguido de cerca el desarrollo de la campaña electoral", y que "la embajada planea participar como observadora un día antes de las elecciones y el día de la fiesta electoral".
El Tribunal Electoral panameño, lejos de rechazar la carta como una intromisión por parte de un gobierno extranjero en un proceso nacional, presentó las palabras de la embajadora como un trofeo, justo en el momento en que la presidenta Moscoso le cuestionaba. Los magistrados, en vez de enfrentar a la Presidenta con argumentos frente a su denuncia de uso de un acto oficial para hacer proselitismo, han preferido decir "el Tío Sam nos apoya".
¿Qué moral tiene el gobierno estadounidense para certificar la pureza de ningún proceso electoral en América Latina? ¿Acaso la embajadora cree que los panameños somos ignorantes y no sabemos que su presidente Bush, se impuso mediante un fraude electoral? ¿Creen que se nos ha olvidado que el hermano del presidente le dio un "empujoncito" en su victoria frente a los demócratas con máquinas de contar votos que no "leyeron" la voluntad de decenas de miles de residentes de la Florida, en especial de las comunidades afronorteamericanas?
Embajadora, si le preocupa la pureza de los procesos electorales, vaya y fiscalice las de su propio país: para que se cuenten todos los votos, en especial de las "minorías"; para que acaben con el antidemocrático sistema de voto por electores; es decir, indirecto, que pone a los estados con menor número de población en condiciones de decidir, por encima de las grandes ciudades en que vive la mayoría de los trabajadores norteamericanos; para que se modifique el antidemocrático sistema yanqui en el que ganan los que cuentan con el apoyo de las grandes corporaciones, pilar de un bipartidismo obsoleto y nada democrático. Procónsules gringos cada día intervienen con mayor cinismo en los procesos eleccionarios latinoamericanos. En Bolivia, el embajador yanqui tuvo el descaro de pedirle al pueblo que no votara con el líder indígena Evo Morales y el Movimiento al Socialismo. Casi logra lo contrario. Pero cuando el pueblo salió a la calle a exigir la renuncia del corrupto gobierno de García Meza, EU se puso a la voluntad popular, defendiendo hasta el último momento a su querido "hijo político". Con cinismo descarado, el gobierno de EU pontifica a diario sobre la democracia, como si los latinoamericanos hubiésemos olvidado que ellos han sido los promotores de los más sangrientos golpes de estado y las más feroces dictaduras. Ahí están las evidencias sacadas a la luz pública de la participación de Henry Kissinger en el golpe contra Salvador Allende, con sus miles de muertos. Pero no hay un Tribunal Penal Internacional que juzgue eso. A la "democrática" Norteamérica le debemos la dinastía de los Somoza, la larga dictadura de Strossner, Batista, Duvalier, Videla, Pinochet y tantos otros. Les debemos también a Manuel A. Noriega, cuyo régimen apoyaron hasta el final, cuando se les descarrió.
Mr. Bush, en la reunión extraordinaria de presidentes de Monterrey, en enero pasado, ha hablado contra la corrupción. ¿Con qué moral? Usted, que ha mentido a su pueblo para justificar la guerra contra Irak, en la que han muerto decenas de miles. Usted, que ha repartido el botín de la guerra entre las empresas que financiaron su campaña electoral, como Halliburton, de la que recibe plata su vicepresidente Dick Cheney. Con cinismo también, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos aplauden las palabras de Bush, y se ocupan de seguir sus órdenes en la OEA, emitiendo resoluciones de apoyo a gobiernos cuestionados por sus pueblos, como al peruano Toledo, mientras socavan a como dé lugar al incómodo Hugo Chávez avalando un referendo sostenido con firmas fraudulentas.
Sra. Watt, ¿nos va a hablar de democracia y corrupción? Puede ser que le celebren algunos políticos panameños, beneficiarios de este sistema llamado "democracia", que en realidad es una dictadura neoliberal, pero el pueblo panameño ya no se come sus cuentos.
Esa tendencia exalta a la mujer independiente, genitalmente "liberada", dedicada a triunfar en el campo "de los hombres" y despreciando las funciones inherentes a su feminidad. Típico de ellas es la "chica Cosmopólitan" ajena a la maternidad, la virginidad y el matrimonio.
Frente a esa visión está la que considera a la mujer como una sola carne con el hombre, compañera fuerte y digna que comparte plenamente la dignidad de una humanidad que hace visible el amor, la fidelidad y la fecundidad divina en el lazo matrimonial, primer y natural sacramento que hace visible la racional relacionalidad inherente a la divinidad.

101 años de Panamá América

 
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