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¿"Mireya es el cambio"?


Hace ya casi tres años que el pueblo panameño viene denunciando, a través de los medios de comunicación, en las calles y en la plaza pública, su reiterada sospecha de que el actual gobierno "Mireya es el cambio", ni legisla ni gobierna en favor del bien común. La sospecha se ha tornado en realidad. La presidenta del también llamado "Gobierno de los pobres" parece haberse convencido de que no puede hacer un papel normal de gobernante, que no tiene fuerza de opinión suficiente dentro de la política constitucional usando de las instituciones establecidas. Ahora acaso tratará de hacer todo lo posible porque lo que queda de desgobierno, tan desprestigiado ya, tan enmohecido y tomado de orín, acabe de parecer inoperante e inservible.
Todo Panamá sabe que el Gobierno "Mireya es el cambio", desde sus inicios, dejó de lado su supuesto papel de "compromiso para el cambio" como se definió frente a su responsabilidad histórica. Contrario a lo esperado por el pueblo esperanzado, pronto afloró y se incrementó escandalosamente el nepotismo, la corrupción y la incapacidad para gobernar como corolario del comportamiento oficial.
Por falta de un Gabinete de ministros competentes, por falta de coraje en la toma de decisiones, de tolerancia, de mesura, de buen sentido, de una adecuada y científica planificación de política económica y social; por ese empeño que pone en equivocarse siempre, el proyecto "Mireya es el cambio" no se ha logrado (sus mejores asesores, Bobby Eisenmann y Mario Galindo, renunciaron), y en vez de corregir la mala fortuna con alguna nueva empresa medianamente sensata y aceptable, pretende cual Sansón al rape, sepultar en su propio fracaso nuestra incipiente democracia, que es lo mismo que decir toda la vida pública panameña.
En general, el Gobierno "Mireya es el cambio", en breve lapso, ha degenerado en una política personalísima, que ha puesto en duda la separación de los poderes del Estado panameño. Al fin y al cabo los ministros del Gabinete y demás altos funcionarios de la Administración, llevan todavía en la mano programas, principios jurídicos, proyectos internacionales, de la manera que los bailarines, cuando abandonan en las madrugadas carnestolendas el baile de máscaras, llevan en la mano el antifaz.
En realidad, quisiéramos algún día proporcionarnos el insólito placer de dar la razón al actual gobierno en reconocimiento a algún mérito o acierto. Pero ¿cómo llegaremos nunca a reconocerle acierto alguno si el Gobierno "Mireya es el cambio" renuncia a presentar evidencias de que legisla y gobierna para las grandes mayorías nacionales? Repase quien quiera las leyes aprobadas por el actual régimen, los pronunciamientos y actuaciones de la presidencia de la República y de los más altos personeros de su gobierno y díganos si la actitud asumida por ellos se compadece o no con las más caras aspiraciones del sufrido pueblo panameño.
Todo lo que la dirigencia del Gobierno "Mireya es el cambio" entrega a la opinión pública se basa en una confusa retórica saturada de improvisaciones, de "legalismos o leguleyadas" más o menos formales en desmedro del aspecto moral, de lo social y de lo esencialmente humano como estímulo para la verdadera convivencia democrática. Lo demás son improperios, gesticulaciones, desdenes, amenazas, persecuciones, rabia, rencor, codicia, frenesí e iracundia.
No sabemos si la desconfianza de la opinión pública, si el resultado adverso de las últimas encuestas nacionales, si las frecuentes manifestaciones de descontento popular, los cuestionamientos empresariales, las huelgas, paros, etc. les habrán servido de advertencia a los actuales gobernantes, porque no obstante, los últimos acontecimientos que han sacudido la conciencia patriótica y cívica del país (el tan cuestionado nombramiento de dos magistrados en la Corte Suprema de Justicia, el caso CEMIS, la Ley de Transparencia, Panama Ports Company, etc.), ponen de manifiesto que el Gobierno "Mireya es el cambio" se dispone abiertamente a hacer lo que le venga en ganas, es decir, ¡hacer política sin velo ni disfraz!.
Presidenta Moscoso. ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!.

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