Mireya Moscoso: El triunfo del ying
"Algunos tontos e ignorantes creen que las cascadas tumultuosas, que representan la violencia de los guerreros, puede vencer la femineidad. Se equivocan, el yang, la fuerza agresiva, al final se rinde ante el lago que le recoge, aquieta y vence con su calma".
¿Tiene usted alguna crítica importante a la fiesta electoral? ¿Le parecen, realmente, malos panameños o candidatos Martín Torrijos o Alberto Vallarino, sólo porque no alcanzaron el triunfo esta vez?... ¿Acaso creyó usted, luego de le derrota de 1994, que Doña Mireya sería presidenta?
Sencillamente no podían ganar tres un solo cargo. Mireya Moscoso ganó por su tenacidad, especialmente. Y también por su gran inteligencia emocional (aunque le regateen créditos universitarios) para conectarse a las bases populares.
Ernesto Pérez Balladares impuso entre los suyos la arrogancia. La grosería, imitada, tomó forma de decreto de Estado. Gran parte del pueblo rechazó esa conducta. Algunos pocos nos arriesgamos a enfrentarnos al vanidoso aún a costa de peligros incalculables. A nivel personal, como me lo dicen en familia, no escarmentamos cuando se trata de irnos contra la conducta despótica. El referéndum y la codicia reeleccionista nos obligó a asumir un papel durísimo, complejo, que sólo prometía venganzas. El pasado 30 de agosto, la presunción oficial de su destino irremplazable, caía en un Waterloo de votos impresionantes. Desde allí, y por el trabajo de hormiga incansable de más de cinco años, Mireya Moscoso, realmente, aseguró su triunfo. Hablando de hormigas, bueno es recordar que peso por peso, músculo por músculo, cerebro por cerebro, las hormigas tienen más organización laboral y más fuerza física que los propios elefantes. Y es indudable que la presidenta electa bebió de las fuentes esotéricas del Dr. Arnulfo Arias. Por ello, contrario al presidente que reemplaza, le hemos visto un discurso y un tono sencillo y conciliador. Tal vez, directa o indirectamente, la filosofía de Lao Tzé y Confucio sobre El Æ’xito, le ayudan a esta señora que a todos nos ha sorprendido. Compartamos algo de lo que escriben sobre el éxito estos sabios:
"Si mides el éxito en términos de alabanza y crítica, tu ansiedad no conocerá límites. Tener una buena reputación o llegar a ser reconocido por tu trabajo puede ser un obstáculo para tu mayor desarrollo. La fama te pesará tanto como el atinado afecto que sientas por ti mismo y tu importancia social. ¿Cuál es el problema de la alabanza y la crítica ? Si el grupo aplaude algo que has hecho, y entonces te sientes bien, te preocupará si no te aplauden con igual entusiasmo la próxima vez. Si el grupo se pone crítico o se queja, te sentirás herido. De una u otra manera, estás ansioso y dependiente. Si puedes vivir con los frutos del éxito, sin preocuparte mucho de ello, y te amas bien a ti mismo, serás capaz de alentar el éxito en los demás. Si alientas el éxito en los demás, tu éxito será permanente".
Alguien muy importante en Panamá, castigando con duro lenguaje y un también muy importante colaborador de la presidenta electa, le expresó "que con su respaldo a la viuda del Dr. Arias, le hacía un elogio a la ignorancia". Por su autor y por el fino sarcasmo intelectual, fue la pieza más dura que leí en toda la contienda. Creo que los intelectuales panameños, aún no leen los crecientes mensajes sobre "Inteligencia Emocional", que ya abarrotaron las librerías del mundo, incluyendo las de Panamá. ¿De qué valen tantos títulos sino se tiene éxito en el manejo de las relaciones humanas? Tal interrogante podría ser una síntesis. "Ella no tiene la capacidad para gobernar", fue otro de los clichés que equivocaron sus contrarios; frente a un pueblo sencillo y humilde, lleno de problemas, que no se los pueden resolver los letrados del país, inmersos en demostrarse unos a otros quiénes son los genios de la intelectualidad. ¡Ay! nuestros modernos sofistas, ampulosos y estériles!
¿Perdió y debe sentirse derrotado Martín y su partido? Absurdo. El PRD es hoy por hoy el mayor partido del país, ganó la mayoría de las bancas legislativas en un solo grupo, igual que las alcaldías y representaciones de corregimientos, es decir la amplia base colectiva popular. Si con tal cosa se sienten derrotados, entonces son unos derrotistas enfermos. Por lo cual, olfateo que Doña Mireya sabe también que no se puede sentir triunfalista. Que Martín Torrijos si realmente es líder, puede ser dentro de cinco años quien la reemplace. Por ello la presidenta tiene, y lo ha captado, que compartir la mesa del poder como se hace en los países avanzados. Lo está diciendo en sus mensajes. Qué gran respeto, qué lección de humildad al que reemplaza, cuando leí en un diario su mensaje: "He pedido una cita a Martín para hablar con él". Es probable que algunos de sus colaboradores le hablen de botaderas y venganzas, pero confío, porque los conozco, que tiene a su lado algunos talentos suficientemente sabios para comprender que cinco años de gobierno no significan sentirse hijos directos del Altísimo. Ernesto Pérez Balladares trajo a Panamá suficiente arrogancia y prepotencia, con lo cual ha cubierto una cuota que nos alcanza para cincuenta años. Doña Mireya merece ser apoyada mientras siga siendo humilde. El trabajo y el cumplimiento es de todos, no sólo de ella.
¿Tiene usted alguna crítica importante a la fiesta electoral? ¿Le parecen, realmente, malos panameños o candidatos Martín Torrijos o Alberto Vallarino, sólo porque no alcanzaron el triunfo esta vez?... ¿Acaso creyó usted, luego de le derrota de 1994, que Doña Mireya sería presidenta?
Sencillamente no podían ganar tres un solo cargo. Mireya Moscoso ganó por su tenacidad, especialmente. Y también por su gran inteligencia emocional (aunque le regateen créditos universitarios) para conectarse a las bases populares.
Ernesto Pérez Balladares impuso entre los suyos la arrogancia. La grosería, imitada, tomó forma de decreto de Estado. Gran parte del pueblo rechazó esa conducta. Algunos pocos nos arriesgamos a enfrentarnos al vanidoso aún a costa de peligros incalculables. A nivel personal, como me lo dicen en familia, no escarmentamos cuando se trata de irnos contra la conducta despótica. El referéndum y la codicia reeleccionista nos obligó a asumir un papel durísimo, complejo, que sólo prometía venganzas. El pasado 30 de agosto, la presunción oficial de su destino irremplazable, caía en un Waterloo de votos impresionantes. Desde allí, y por el trabajo de hormiga incansable de más de cinco años, Mireya Moscoso, realmente, aseguró su triunfo. Hablando de hormigas, bueno es recordar que peso por peso, músculo por músculo, cerebro por cerebro, las hormigas tienen más organización laboral y más fuerza física que los propios elefantes. Y es indudable que la presidenta electa bebió de las fuentes esotéricas del Dr. Arnulfo Arias. Por ello, contrario al presidente que reemplaza, le hemos visto un discurso y un tono sencillo y conciliador. Tal vez, directa o indirectamente, la filosofía de Lao Tzé y Confucio sobre El Æ’xito, le ayudan a esta señora que a todos nos ha sorprendido. Compartamos algo de lo que escriben sobre el éxito estos sabios:
"Si mides el éxito en términos de alabanza y crítica, tu ansiedad no conocerá límites. Tener una buena reputación o llegar a ser reconocido por tu trabajo puede ser un obstáculo para tu mayor desarrollo. La fama te pesará tanto como el atinado afecto que sientas por ti mismo y tu importancia social. ¿Cuál es el problema de la alabanza y la crítica ? Si el grupo aplaude algo que has hecho, y entonces te sientes bien, te preocupará si no te aplauden con igual entusiasmo la próxima vez. Si el grupo se pone crítico o se queja, te sentirás herido. De una u otra manera, estás ansioso y dependiente. Si puedes vivir con los frutos del éxito, sin preocuparte mucho de ello, y te amas bien a ti mismo, serás capaz de alentar el éxito en los demás. Si alientas el éxito en los demás, tu éxito será permanente".
Alguien muy importante en Panamá, castigando con duro lenguaje y un también muy importante colaborador de la presidenta electa, le expresó "que con su respaldo a la viuda del Dr. Arias, le hacía un elogio a la ignorancia". Por su autor y por el fino sarcasmo intelectual, fue la pieza más dura que leí en toda la contienda. Creo que los intelectuales panameños, aún no leen los crecientes mensajes sobre "Inteligencia Emocional", que ya abarrotaron las librerías del mundo, incluyendo las de Panamá. ¿De qué valen tantos títulos sino se tiene éxito en el manejo de las relaciones humanas? Tal interrogante podría ser una síntesis. "Ella no tiene la capacidad para gobernar", fue otro de los clichés que equivocaron sus contrarios; frente a un pueblo sencillo y humilde, lleno de problemas, que no se los pueden resolver los letrados del país, inmersos en demostrarse unos a otros quiénes son los genios de la intelectualidad. ¡Ay! nuestros modernos sofistas, ampulosos y estériles!
¿Perdió y debe sentirse derrotado Martín y su partido? Absurdo. El PRD es hoy por hoy el mayor partido del país, ganó la mayoría de las bancas legislativas en un solo grupo, igual que las alcaldías y representaciones de corregimientos, es decir la amplia base colectiva popular. Si con tal cosa se sienten derrotados, entonces son unos derrotistas enfermos. Por lo cual, olfateo que Doña Mireya sabe también que no se puede sentir triunfalista. Que Martín Torrijos si realmente es líder, puede ser dentro de cinco años quien la reemplace. Por ello la presidenta tiene, y lo ha captado, que compartir la mesa del poder como se hace en los países avanzados. Lo está diciendo en sus mensajes. Qué gran respeto, qué lección de humildad al que reemplaza, cuando leí en un diario su mensaje: "He pedido una cita a Martín para hablar con él". Es probable que algunos de sus colaboradores le hablen de botaderas y venganzas, pero confío, porque los conozco, que tiene a su lado algunos talentos suficientemente sabios para comprender que cinco años de gobierno no significan sentirse hijos directos del Altísimo. Ernesto Pérez Balladares trajo a Panamá suficiente arrogancia y prepotencia, con lo cual ha cubierto una cuota que nos alcanza para cincuenta años. Doña Mireya merece ser apoyada mientras siga siendo humilde. El trabajo y el cumplimiento es de todos, no sólo de ella.