Mireya Moscoso, la mujer y los recursos humanos
Desde Berlín escribo este artículo sobre la victoria democrática de Mireya Moscoso a las tres y media de la mañana. Por la emoción, lo confieso, no puedo dormir y me alegra sobremanera que sea una mujer la que ocupará el primer cargo público del país. No es que crea que, por ser Mireya Moscoso una mujer, los problemas del país se arreglarán por arte de magia, pero con ella no sólo hay un cambio democrático en el gobierno, sino también hay un cambio en la percepción de los panameños, es decir, que el país ahora será más consciente de lo que ocurre dentro de la sociedad panameña: la participación activa de las mujeres en la vida económica, social y política.
Son contados los casos de mujeres que han ocupado el primer cargo público de una nación. En América Latina casi no han existido presidentas, aparte de dos o tres casos, cuya más conocida fue Violeta Chamorro en Nicaragua. Con Mireya Moscoso en la presidencia, los panameños esperamos de que tendremos a una persona que nos representará bien tanto en el país como en el extranjero. No todo lo hace una persona. Y sería nocivo que todo dependiera de ella. Pero, sin duda alguna, las cualidades de una persona en la política son importantísimas para dar el movimiento que necesita el país ¡democracia y más democracia!
Uno de los grandes retos de América Latina y Panamá, es cómo enfrentamos la globalización económica y política. Es un error ver en la globalización una desventaja para nuestros países. La globalización significa sobre todo flexibilidad y disponibilidad de recursos humanos y capital que promuevan la modernidad. Y una de las principales exigencias para sacar ventaja de la globalización es la movilización económica, política y social de los recursos humanos. Un país como Panamá que no invierta en sus recursos humanos es un lujo que se paga muy caro con la marginalidad, la frustración y el fracaso. Dentro de esos recursos humanos se encuentra la mujer, promoviendo más su participación económica y política en la vida del país, que de hecho es la que lleva el peso en muchos hogares panameños. También están los jóvenes y la población en general. Hay que preparar a los jóvenes en la inserción del tiempo moderno, porque no hay país que se desarrolle si descuida la potencialidad de sus recursos humanos.
La elección de Mireya Moscoso debe ser la oportunidad propicia para reflexionar sobre la importancia de los recursos humanos. En el siglo XIX, tanto en los Estados Unidos como en Europa, fue importante la incorporación de la mujer a la vida económica, social y política para el desarrollo de las respectivas sociedades. Por supuesto, esta participación significó para la mujer un mayor reto para su vida en particular, porque no solamente tuvo que preocuparse por el buen estado de su familia, sino que también debió ocupar posiciones económicas y sociales que tradicionalmente estaban reservadas para los hombres. La mujer, entonces, ya no era solamente esposa y madre que de por si significa amor, esfuerzo y dedicación- sino también obrera, administradora, y, posteriormente, académica. Efectivamente, sin esta incorporación necesaria de la mujer en los países occidentales a la vida pública, no habría ni desarrollo espiritual y material para la mujer como ser individual y, mucho menos, para las sociedades a las cuales pertenecían. Pero, aunque se sabe que el pensamiento democrático moderno hubiese sido imposible sin la existencia de mujeres ilustradas en el siglo XVIII y XIX, que poseían salones literarios y filosóficos en París, Berlín y Nápoli, fue hasta muy tarde que en algunos países occidentales la mujer fue incorporada a la vida política a través del sistema democrático.
Por ejemplo, en Francia, el país de la Ilustración, el derecho de voto para la mujer se introdujo después de la Segunda Guerra Mundial, en la década del cincuenta. En nuestro país, cosa que es de admirar, ya se contemplaba el derecho de voto de la mujer en la Constitución de 1941, abriendo así la puerta de participación para este importantísimo recurso humano en la vida política. No hemos necesitado más de medio siglo para que veamos hoy la cristalización de esta importantísima reforma en la vida política en la persona de Mireya Moscoso, que, en verdad, es irreversible por la democratización de nuestras sociedades. Y precisamente a ella, por ser mujer, le toca tener más conciencia de lo que significa la promoción, la inversión y el desarrollo de los recursos humanos en nuestro país.
Recursos humanos significa potencialidad. Y sobre todo trabajar por el futuro.
Son contados los casos de mujeres que han ocupado el primer cargo público de una nación. En América Latina casi no han existido presidentas, aparte de dos o tres casos, cuya más conocida fue Violeta Chamorro en Nicaragua. Con Mireya Moscoso en la presidencia, los panameños esperamos de que tendremos a una persona que nos representará bien tanto en el país como en el extranjero. No todo lo hace una persona. Y sería nocivo que todo dependiera de ella. Pero, sin duda alguna, las cualidades de una persona en la política son importantísimas para dar el movimiento que necesita el país ¡democracia y más democracia!
Uno de los grandes retos de América Latina y Panamá, es cómo enfrentamos la globalización económica y política. Es un error ver en la globalización una desventaja para nuestros países. La globalización significa sobre todo flexibilidad y disponibilidad de recursos humanos y capital que promuevan la modernidad. Y una de las principales exigencias para sacar ventaja de la globalización es la movilización económica, política y social de los recursos humanos. Un país como Panamá que no invierta en sus recursos humanos es un lujo que se paga muy caro con la marginalidad, la frustración y el fracaso. Dentro de esos recursos humanos se encuentra la mujer, promoviendo más su participación económica y política en la vida del país, que de hecho es la que lleva el peso en muchos hogares panameños. También están los jóvenes y la población en general. Hay que preparar a los jóvenes en la inserción del tiempo moderno, porque no hay país que se desarrolle si descuida la potencialidad de sus recursos humanos.
La elección de Mireya Moscoso debe ser la oportunidad propicia para reflexionar sobre la importancia de los recursos humanos. En el siglo XIX, tanto en los Estados Unidos como en Europa, fue importante la incorporación de la mujer a la vida económica, social y política para el desarrollo de las respectivas sociedades. Por supuesto, esta participación significó para la mujer un mayor reto para su vida en particular, porque no solamente tuvo que preocuparse por el buen estado de su familia, sino que también debió ocupar posiciones económicas y sociales que tradicionalmente estaban reservadas para los hombres. La mujer, entonces, ya no era solamente esposa y madre que de por si significa amor, esfuerzo y dedicación- sino también obrera, administradora, y, posteriormente, académica. Efectivamente, sin esta incorporación necesaria de la mujer en los países occidentales a la vida pública, no habría ni desarrollo espiritual y material para la mujer como ser individual y, mucho menos, para las sociedades a las cuales pertenecían. Pero, aunque se sabe que el pensamiento democrático moderno hubiese sido imposible sin la existencia de mujeres ilustradas en el siglo XVIII y XIX, que poseían salones literarios y filosóficos en París, Berlín y Nápoli, fue hasta muy tarde que en algunos países occidentales la mujer fue incorporada a la vida política a través del sistema democrático.
Por ejemplo, en Francia, el país de la Ilustración, el derecho de voto para la mujer se introdujo después de la Segunda Guerra Mundial, en la década del cincuenta. En nuestro país, cosa que es de admirar, ya se contemplaba el derecho de voto de la mujer en la Constitución de 1941, abriendo así la puerta de participación para este importantísimo recurso humano en la vida política. No hemos necesitado más de medio siglo para que veamos hoy la cristalización de esta importantísima reforma en la vida política en la persona de Mireya Moscoso, que, en verdad, es irreversible por la democratización de nuestras sociedades. Y precisamente a ella, por ser mujer, le toca tener más conciencia de lo que significa la promoción, la inversión y el desarrollo de los recursos humanos en nuestro país.
Recursos humanos significa potencialidad. Y sobre todo trabajar por el futuro.