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Mireya Moscoso, una mujer, no una mujer cualquiera


Mireya, una mujer, sencilla, humilde, honesta, como la mayoría de las mujeres panameñas. Con sus virtudes y defectos, con sensibilidad, con sentimientos y con un gran corazón, en el cual tienen cabida todos los panameños; especialmente los pobres y los campesinos de este país, que ocupan un lugar muy particular en el suyo.
Visualizamos a Mireya acariciando la cabeza o la carita de uno de nuestros niños pobres o desnutridos, cuánto amor lleva esta caricia que le brota del alma, esta caricia que quiere ser bálsamo para mitigar las penurias de nuestros pequeños.
Acompañemos a Mireya en una de sus giras a la serranía, llegando al umbral de aquel rancho sencillo o de aquella casa de quincha, adornada con huecos en las paredes y con tejas rotas, en las cuales el paso del tiempo ha dejado sus huellas.
Veamos cómo aquella humilde campesina, la recibe con alegría y timidez, tal vez le brinde para sentarse un desvencijado taburete, o en la ausencia de éste, nuestra Mireya se sienta en un viejo tronco. Presurosa la anfitriona, le obsequia una chicha endulzada con nuestra rica miel, servida en una totuma, traslúcida de tan limpia; porque eso sí, nuestras campesinas son laboriosas y muy trabajadoras.
Cuántas veces nuestra líder en su incesante caminar habrá saboreado la blanca yuca, tan recomendada por nuestro querido y añorado Arnulfo Arias.
Me impactó la convención de doña Mireya en Antón, percibí en el rostro curtido por el sol, de nuestras campesinas, toda la confianza y la esperanza que depositan en Mireya.
Ningún obstáculo les impidió asistir a la cita, desempolvaron aquel único trajecito con aquel peculiar olor a guardado o será acaso a alcanfor, que ocultan en un lugar muy secreto, sólo para lucirlo en grandes solemnidades; y después de largas caminatas, o quizás a lomo de caballo, o quizás apretujadas en un maltrecho camión, llegaron al lugar de reunión para montarse en el "bus", que las llevaría, cansadas pero felices a mirar y a escuchar a "su" Mireya; y acaso muchas de sus palabras, sus mentes sencillas no las entenderían, pero eso no importa, lo importante es que desde hace mucho tiempo, existe un canal de comunicación entre ellas y Mireya, en ella, está puesta su fe, ella es la Presidenta, ella es la mujer, no una mujer cualquiera.

101 años de Panamá América

 
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