Mireya Moscoso y el cambio por Panamá
Sin haber llegado el primero de septiembre, fecha del cambio de gobierno, ya se agita en las filas de la Sra. Mireya Moscoso un mar de contradicciones en su partido y entre éste y sus aliados y personalidades políticas que la acompañan, y asoman una serie de incertidumbres que llama a la preocupación en algunos sectores. Ello pudiera resultar grave por el hecho de que es necesaria cierta coherencia en cualquier gobierno que inicia su periodo en el poder, especialmente cuando deben de enfrentar una serie de asuntos de vital importancia para el futuro del país.
No debe parecer extraño a la Sra. Moscoso, a los arnulfistas y a quienes la acompañan, que en el menú que tienen por delante aparecen aquellas medidas que pactaron con los organismos financieros internacionales a inicios de 1991, y que faltan por implementar. Entre ellas el futuro del IDAAN, de la Caja de Ahorros, de la Caja de Seguro Social y la Reforma Tributaria. Tampoco será ajeno al ilustrado conocimiento de nuestros próximos gobernantes que estas medidas están íntimamente relacionadas con los futuros ejercicios presupuestarios y que del cumplimiento de esos acuerdos dependerá el futuro de las inversiones sociales y el funcionamiento del aparato estatal, tal como lo pactaron y previeron los arnufistas y molirenas con esos organismos.
A este menú agréguesele el proceso de transición de la reversión del Canal y las pretensiones que en el Norte tienen algunos trasnochados senadores por mantener sitios militares, con el inverosímil argumento del tráfico de drogas y la supuesta inestabilidad en la frontera del Darién; temas sobre los que la presidenta electa ha hecho declaraciones contradictorias e imprecisas y que con la designación del Sr.Carlos Rodríguez para la Cancillería, que tuvo que pedir permiso a las autoridades norteamericanas para aceptar la designación debido a su doble ciudadanía, las suspicacias son difíciles de alejar de las mentes proclives a pensar mal.
Quizás por no haberse definido sobre estos temas ni haberse dado a conocer las personas que integrarán su gobierno, el país esté entrando en una parálisis económica por la incertidumbre que campea en el sector empresarial, lo cual no hace difícil augurar serios problemas para los tiempos venideros.
Y mientras las perspectivas se presentan sombrías para el futuro sector gubernamental, en la dirección política del Partido Revolucionario Democrático se operarán cambios en los próximos días, cambios que también son seguidos con atención por diversos sectores, ya que de ello dependerá la calidad de oposición que tendremos después del primero de septiembre, lo que incidirá en los futuros acontecimientos políticos, económicos y sociales del siguiente lustro.
Del pasado ejercicio electoral es crucial para el PRD analizar los resultados si algún provecho queremos sacar para el futuro, ya que la tendencia a excluir que conlleva el concepto del continuismo aún está entronizada en nuestras filas, pudiéndose convertir en una práctica divisionista que nos lleve nuevamente al fracaso, como al fracaso nos llevó el dos de mayo pasado. Es la única forma de no volver a caer en los errores que se cometieron y servirá para establecer una estrategia más coherente y eficaz, si es que queremos volver a gobernar. De esa discusión y debate dependerá que seamos la verdadera oposición y que tengamos una línea unitaria en la futura Asamblea Legislativa y, además, se evitará el "patrullismo autónomo" que desde ya se vislumbra. El objetivo principal de esta tarea será la de hacer una oposición seria, positiva, garante de la gobernabilidad de Panamá y, que sobre todo, sea vigilante de la independencia nacional y las conquistas soberanas.
Lo anterior está relacionado con el criterio de la mayoría que opina que estos cinco años que tenemos por delante son cruciales para el futuro de Panamá. La clase política, junto al resto de los panameños, tenemos retos y responsabilidades nuevas, destacándose entre éstas el control y la administración del Canal de Panamá. Estamos solos por primera vez en la vida republicana frente a nuestro destino como nación. Ya no compartiremos más el espacio geográfico pues no habrá más autoridades civiles ni fuerzas militares de los Estados Unidos de Norteamérica en Panamá.
Para la comunidad internacional Panamá es y será importante por el servicio que brinda la franja canalera al comercio mundial. Lo que pase en él, y alrededor de sus riberas, será motivo de interés especial de parte del concierto de naciones usuarias del paso transístmico. Mantener la eficiencia del Canal y, principalmente, la estabilidad y la paz en nuestro país es tarea de primer orden. Por ello la gobernabilidad de Panamá debe ser norte permanente en las consideraciones de nuestras acciones y debiera formar parte de un compromiso nacional entre todas las fuerzas políticas del foro nacional. En otras ocasiones nos hemos puesto de acuerdo; lo hemos hecho en otras materias mediante los encuentros en Bambito y Coronado. Nuestra real independencia dependerá de cómo nos perciba esa comunidad internacional.
Pero frente a semejantes retos no vislumbramos un mar sereno. Por un lado, la campaña electoral de la nómina ganadora Unión por Panamá que encabezó la Sra. Mireya Moscoso, tuvo como consigna principal el cambio. Fue un concepto bien conducido por sus estrategas y publicistas; la intención de que llegara a un gran público, donde a mi juicio leer programas o analizar discurso no está en su diario quehacer, fue de gran efectividad. A la propuesta arnulfista la identificaron con el cambio y los estrategas de la campaña no pudieron neutralizarla; al final todos quedamos inmovilizados frente a la consigna, el candidato Torrijos perdió identidad ya que no actuaba en la lucha electoral ni como oposición ni como gobierno, en circunstancias en que ni ellos representaban el cambio ni nosotros éramos el "continuismo".
Con lo anterior no queremos decir, en lo absoluto, que fue la consigna del cambio la única razón de la victoria de la Sra. Moscoso. Hay que introducir en los resultados otras causales, que fueron planteadas en los balances que se hicieron en las áreas de organización del partido, y que incidieron en esos resultados, especialmente las acciones del gobierno en medio del proceso electoral como los errores y los malos cálculos cometidos en la conducción de la campaña de Martín Torrijos.
En gran medida esta consigna del cambio caló en nuestros votantes, como siempre cala cada cinco años en los torneos electorales de nuestros países subdesarrollados, especialmente en los sectores de más bajos ingresos que son los más afectados económicamente y a quienes no llegaron las respuestas que esperaban del gobierno de turno, propuestas que crean ilusiones en un alto porcentaje importante en esos sectores humildes como alternativa de mejora en su situación económica y social. Siempre pasa así en nuestra vida política, es una especie de retorno cíclico que se manifiesta, en nuestro caso panameño, cada cinco años.
Ahora bien, en el desarrollo del torneo electoral, el cambio nunca se explicó ni siquiera con la superficialidad característica de los arnulfistas ni mucho menos cómo se podría lograr. Ello era imposible, pues como señaláramos arriba, el cambio pregonado era y es un mito. El cambio propuesto hay que entenderlo dentro de lo que es una campaña política electoral en nuestro medio, como un concepto que después que suene bien y sea aceptado, aunque sea una propuesta en el aire y vacía de contenido, sin debates ni precisiones, y se traduzca en votos, bien vale la pena, aunque en otros sectores suene demagógico. En política, como dice el dicho, todo vale después que se logre el objetivo, y los arnulfistas y la Sra. Moscoso lograron su objetivo y ganaron en buena lid las elecciones. Sin embargo, retengamos en mente esto para el futuro, nos servirá de mucho en los próximos eventos políticos y electorales; la primera víctima de la demagogia es quien la practica.
Gústenos o no, en este mundo unipolar de hoy donde el grupo selecto de los países desarrollados que componen el llamado Grupo de los Ocho definen y señalan derroteros en lo económico y financiero, a través del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, con el criterio de que nuestros países subdesarrollados sólo pueden progresar mediante el saneamiento de sus finanzas públicas y la modernización y elevación en la eficiencia de todas sus estructuras públicas y privadas. Frente a esta realidad a nuestros países no les quedan más alternativas que tomar el camino de las reformas estructurales o darles la espaldas a esas realidades, entendiendo que el precio que tendrían que pagar nuestras sociedades serían altos al quedarse fuera del torrente del comercio y de la economía mundial.
Cuando los arnulfistas fueron al poder a principio de esta década, bajo la conducción del presidente Guillermo Endara, siendo ministro de planificación el Sr. Guillermo Ford, firmaron en 1991 con los organismos financieros internacionales ese Programa de Ajustes Estructurales que contemplaba la realización de todos los cambios que se han venido operando en el gobierno del presidente Endara primero y después en el gobierno del presidente Pérez Balladares: medidas entre las que se encuentran las privatizaciones, las reformas al código laboral, la reducción de aranceles como las de más impacto en el plano político.
Prisioneros de sus iniciativas económicas pasadas realizadas durante el gobierno del presidente Endara los arnulfistas con la presidenta electa, Mireya Moscoso, a la cabeza se preparan para tomar el poder el 1de septiembre próximo por la voluntad de las mayorías en medio de un mar de incertidumbres y de temas que tiene el país en la agenda con los organismos financieros internacionales. Pasada la resaca del triunfo electoral y del dulce sabor de la victoria despiertan ante las realidades que les aguardan en sus responsabilidades como gobernantes.
Sus más allegados colaboradores y asesores argumentan, falsamente, que el PRD y el presidente Pérez Balladares le están minando el camino de los próximos cinco años que les corresponden gobernar por el mandato popular.
Desde ya, más que insinuar lo que podría ser un gobierno cuya gestión estaría signada por la mediocridad y la incapacidad, y que haría imposible la realización de la consigna que fue portaestandarte en la campaña electoral pasada en el sentido de representar el cambio (¿?), los arnulfistas y sus aliados más connotados hacen declaraciones en tono categórico, adelantándose a los acontecimientos, que su fracaso potencial se debe al campo minado que les deja el actual gobierno.
No debe parecer extraño a la Sra. Moscoso, a los arnulfistas y a quienes la acompañan, que en el menú que tienen por delante aparecen aquellas medidas que pactaron con los organismos financieros internacionales a inicios de 1991, y que faltan por implementar. Entre ellas el futuro del IDAAN, de la Caja de Ahorros, de la Caja de Seguro Social y la Reforma Tributaria. Tampoco será ajeno al ilustrado conocimiento de nuestros próximos gobernantes que estas medidas están íntimamente relacionadas con los futuros ejercicios presupuestarios y que del cumplimiento de esos acuerdos dependerá el futuro de las inversiones sociales y el funcionamiento del aparato estatal, tal como lo pactaron y previeron los arnufistas y molirenas con esos organismos.
A este menú agréguesele el proceso de transición de la reversión del Canal y las pretensiones que en el Norte tienen algunos trasnochados senadores por mantener sitios militares, con el inverosímil argumento del tráfico de drogas y la supuesta inestabilidad en la frontera del Darién; temas sobre los que la presidenta electa ha hecho declaraciones contradictorias e imprecisas y que con la designación del Sr.Carlos Rodríguez para la Cancillería, que tuvo que pedir permiso a las autoridades norteamericanas para aceptar la designación debido a su doble ciudadanía, las suspicacias son difíciles de alejar de las mentes proclives a pensar mal.
Quizás por no haberse definido sobre estos temas ni haberse dado a conocer las personas que integrarán su gobierno, el país esté entrando en una parálisis económica por la incertidumbre que campea en el sector empresarial, lo cual no hace difícil augurar serios problemas para los tiempos venideros.
Y mientras las perspectivas se presentan sombrías para el futuro sector gubernamental, en la dirección política del Partido Revolucionario Democrático se operarán cambios en los próximos días, cambios que también son seguidos con atención por diversos sectores, ya que de ello dependerá la calidad de oposición que tendremos después del primero de septiembre, lo que incidirá en los futuros acontecimientos políticos, económicos y sociales del siguiente lustro.
Del pasado ejercicio electoral es crucial para el PRD analizar los resultados si algún provecho queremos sacar para el futuro, ya que la tendencia a excluir que conlleva el concepto del continuismo aún está entronizada en nuestras filas, pudiéndose convertir en una práctica divisionista que nos lleve nuevamente al fracaso, como al fracaso nos llevó el dos de mayo pasado. Es la única forma de no volver a caer en los errores que se cometieron y servirá para establecer una estrategia más coherente y eficaz, si es que queremos volver a gobernar. De esa discusión y debate dependerá que seamos la verdadera oposición y que tengamos una línea unitaria en la futura Asamblea Legislativa y, además, se evitará el "patrullismo autónomo" que desde ya se vislumbra. El objetivo principal de esta tarea será la de hacer una oposición seria, positiva, garante de la gobernabilidad de Panamá y, que sobre todo, sea vigilante de la independencia nacional y las conquistas soberanas.
Lo anterior está relacionado con el criterio de la mayoría que opina que estos cinco años que tenemos por delante son cruciales para el futuro de Panamá. La clase política, junto al resto de los panameños, tenemos retos y responsabilidades nuevas, destacándose entre éstas el control y la administración del Canal de Panamá. Estamos solos por primera vez en la vida republicana frente a nuestro destino como nación. Ya no compartiremos más el espacio geográfico pues no habrá más autoridades civiles ni fuerzas militares de los Estados Unidos de Norteamérica en Panamá.
Para la comunidad internacional Panamá es y será importante por el servicio que brinda la franja canalera al comercio mundial. Lo que pase en él, y alrededor de sus riberas, será motivo de interés especial de parte del concierto de naciones usuarias del paso transístmico. Mantener la eficiencia del Canal y, principalmente, la estabilidad y la paz en nuestro país es tarea de primer orden. Por ello la gobernabilidad de Panamá debe ser norte permanente en las consideraciones de nuestras acciones y debiera formar parte de un compromiso nacional entre todas las fuerzas políticas del foro nacional. En otras ocasiones nos hemos puesto de acuerdo; lo hemos hecho en otras materias mediante los encuentros en Bambito y Coronado. Nuestra real independencia dependerá de cómo nos perciba esa comunidad internacional.
Pero frente a semejantes retos no vislumbramos un mar sereno. Por un lado, la campaña electoral de la nómina ganadora Unión por Panamá que encabezó la Sra. Mireya Moscoso, tuvo como consigna principal el cambio. Fue un concepto bien conducido por sus estrategas y publicistas; la intención de que llegara a un gran público, donde a mi juicio leer programas o analizar discurso no está en su diario quehacer, fue de gran efectividad. A la propuesta arnulfista la identificaron con el cambio y los estrategas de la campaña no pudieron neutralizarla; al final todos quedamos inmovilizados frente a la consigna, el candidato Torrijos perdió identidad ya que no actuaba en la lucha electoral ni como oposición ni como gobierno, en circunstancias en que ni ellos representaban el cambio ni nosotros éramos el "continuismo".
Con lo anterior no queremos decir, en lo absoluto, que fue la consigna del cambio la única razón de la victoria de la Sra. Moscoso. Hay que introducir en los resultados otras causales, que fueron planteadas en los balances que se hicieron en las áreas de organización del partido, y que incidieron en esos resultados, especialmente las acciones del gobierno en medio del proceso electoral como los errores y los malos cálculos cometidos en la conducción de la campaña de Martín Torrijos.
En gran medida esta consigna del cambio caló en nuestros votantes, como siempre cala cada cinco años en los torneos electorales de nuestros países subdesarrollados, especialmente en los sectores de más bajos ingresos que son los más afectados económicamente y a quienes no llegaron las respuestas que esperaban del gobierno de turno, propuestas que crean ilusiones en un alto porcentaje importante en esos sectores humildes como alternativa de mejora en su situación económica y social. Siempre pasa así en nuestra vida política, es una especie de retorno cíclico que se manifiesta, en nuestro caso panameño, cada cinco años.
Ahora bien, en el desarrollo del torneo electoral, el cambio nunca se explicó ni siquiera con la superficialidad característica de los arnulfistas ni mucho menos cómo se podría lograr. Ello era imposible, pues como señaláramos arriba, el cambio pregonado era y es un mito. El cambio propuesto hay que entenderlo dentro de lo que es una campaña política electoral en nuestro medio, como un concepto que después que suene bien y sea aceptado, aunque sea una propuesta en el aire y vacía de contenido, sin debates ni precisiones, y se traduzca en votos, bien vale la pena, aunque en otros sectores suene demagógico. En política, como dice el dicho, todo vale después que se logre el objetivo, y los arnulfistas y la Sra. Moscoso lograron su objetivo y ganaron en buena lid las elecciones. Sin embargo, retengamos en mente esto para el futuro, nos servirá de mucho en los próximos eventos políticos y electorales; la primera víctima de la demagogia es quien la practica.
Gústenos o no, en este mundo unipolar de hoy donde el grupo selecto de los países desarrollados que componen el llamado Grupo de los Ocho definen y señalan derroteros en lo económico y financiero, a través del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, con el criterio de que nuestros países subdesarrollados sólo pueden progresar mediante el saneamiento de sus finanzas públicas y la modernización y elevación en la eficiencia de todas sus estructuras públicas y privadas. Frente a esta realidad a nuestros países no les quedan más alternativas que tomar el camino de las reformas estructurales o darles la espaldas a esas realidades, entendiendo que el precio que tendrían que pagar nuestras sociedades serían altos al quedarse fuera del torrente del comercio y de la economía mundial.
Cuando los arnulfistas fueron al poder a principio de esta década, bajo la conducción del presidente Guillermo Endara, siendo ministro de planificación el Sr. Guillermo Ford, firmaron en 1991 con los organismos financieros internacionales ese Programa de Ajustes Estructurales que contemplaba la realización de todos los cambios que se han venido operando en el gobierno del presidente Endara primero y después en el gobierno del presidente Pérez Balladares: medidas entre las que se encuentran las privatizaciones, las reformas al código laboral, la reducción de aranceles como las de más impacto en el plano político.
Prisioneros de sus iniciativas económicas pasadas realizadas durante el gobierno del presidente Endara los arnulfistas con la presidenta electa, Mireya Moscoso, a la cabeza se preparan para tomar el poder el 1de septiembre próximo por la voluntad de las mayorías en medio de un mar de incertidumbres y de temas que tiene el país en la agenda con los organismos financieros internacionales. Pasada la resaca del triunfo electoral y del dulce sabor de la victoria despiertan ante las realidades que les aguardan en sus responsabilidades como gobernantes.
Sus más allegados colaboradores y asesores argumentan, falsamente, que el PRD y el presidente Pérez Balladares le están minando el camino de los próximos cinco años que les corresponden gobernar por el mandato popular.
Desde ya, más que insinuar lo que podría ser un gobierno cuya gestión estaría signada por la mediocridad y la incapacidad, y que haría imposible la realización de la consigna que fue portaestandarte en la campaña electoral pasada en el sentido de representar el cambio (¿?), los arnulfistas y sus aliados más connotados hacen declaraciones en tono categórico, adelantándose a los acontecimientos, que su fracaso potencial se debe al campo minado que les deja el actual gobierno.