Mireya Moscoso y su carta norteamericana
Las relaciones entre Panamá y Estados Unidos bajo el actual gobierno han sido armoniosas, mas no cálidas. Si bien hemos sido un socio comercial disciplinado, que cumplió a cabalidad las reglas de la apertura, fuera de los aplausos ganados en estrechos círculos de inversionistas y de acreedores, ello no fue suficiente para sentar las bases de unas relaciones especiales de post-reversión canalera.
En otras palabras, la actual administración fue incapaz de trazar una estrategia diplomática capaz de sustituir siglo y medio de muy estrechas relaciones desarrolladas en torno al paso interoceánico, previsiblemente fracturada por la reversión del Canal y las bases militares, y sustituirla por una nueva y moderna. La inoportuna desaparición física de su único gestor, el canciller Gabriel Lewis Galindo, frustró tal posibilidad y, después de él vino la improvisación y la incoherencia.
El desastroso manejo del Centro Multinacional Antidrogas es en ese sentido la mejor muestra del fracaso de una política exterior errática que seguramente Mireya Moscoso, la futura mandataria, intentará revertir, aunque no necesariamente por el camino dejado por su predecesor. Si se observan en detalle algunos de sus movimientos imperceptibles para la mayoría, es posible deducir y anticipar sus movimientos. Para nuestros lectores, eso no es sorpresa. Lo venimos reportando paso a paso, en sus pequeños detalles, sus viajes, sus reuniones, sus lacónicos comentarios y los de sus asesores.
La reacción cautelosa frente a la súbita ofensiva diplomática del gobierno saliente por el saneamiento de los polígonos, las reuniones reservadas con miembros connotados del Congreso y el Ejecutivo norteamericanos en Washington y Florida, su entusiasta presencia ayer en el buque de guerra USS Carter Hall, la revelación de una fórmula sencilla para reemplazar Howard, tan descomplicada, que uno de los negociadores del gobierno estalló en ira al no entender por qué nunca se habría planteado durante las frustradas negociaciones sobre el CMA.
En fin, no tenemos dudas que durante el gobierno de la señora Moscoso, Panamá será un estrecho aliado de Estados Unidos, tanto en la lucha contra el narcotráfico como en los demás intereses geopolíticos en un radio tan amplio que incluye Centroamérica, el Caribe y el área andina. No es preciso ser adivino para deducirlo. El petróleo venezolano y la situación colombiana tienen mucho que ver en ese escenario, como también lo tienen la Zona Libre, el Centro Bancario, en Centro Portuario y el Canal. Todo es parte de un complejo rompecabezas que sólo unos pocos conocedores empiezan a descifrar. Recordemos a Arnulfo Arias en sus últimos años.
Se tratará pues de una relación de mutuo beneficio, con favores y prestaciones recíprocas, en un escenario que nada descarta y todo lo incluye, desde una Constituyente a generosos préstamos, pasando por TLC, alianzas estratégicas, cooperación de seguridad y otros; todo lo cual hará de los actuales empeños legislativos de la futura oposición un ridículo juego de niños, en contraste con una política exterior que se vislumbra impactante, manejada al estilo dinámico, pragmático y desenvuelto de Lewis Galindo, con el claro objetivo de estructurar una duradera y estrecha relación especial.
En otras palabras, la actual administración fue incapaz de trazar una estrategia diplomática capaz de sustituir siglo y medio de muy estrechas relaciones desarrolladas en torno al paso interoceánico, previsiblemente fracturada por la reversión del Canal y las bases militares, y sustituirla por una nueva y moderna. La inoportuna desaparición física de su único gestor, el canciller Gabriel Lewis Galindo, frustró tal posibilidad y, después de él vino la improvisación y la incoherencia.
El desastroso manejo del Centro Multinacional Antidrogas es en ese sentido la mejor muestra del fracaso de una política exterior errática que seguramente Mireya Moscoso, la futura mandataria, intentará revertir, aunque no necesariamente por el camino dejado por su predecesor. Si se observan en detalle algunos de sus movimientos imperceptibles para la mayoría, es posible deducir y anticipar sus movimientos. Para nuestros lectores, eso no es sorpresa. Lo venimos reportando paso a paso, en sus pequeños detalles, sus viajes, sus reuniones, sus lacónicos comentarios y los de sus asesores.
La reacción cautelosa frente a la súbita ofensiva diplomática del gobierno saliente por el saneamiento de los polígonos, las reuniones reservadas con miembros connotados del Congreso y el Ejecutivo norteamericanos en Washington y Florida, su entusiasta presencia ayer en el buque de guerra USS Carter Hall, la revelación de una fórmula sencilla para reemplazar Howard, tan descomplicada, que uno de los negociadores del gobierno estalló en ira al no entender por qué nunca se habría planteado durante las frustradas negociaciones sobre el CMA.
En fin, no tenemos dudas que durante el gobierno de la señora Moscoso, Panamá será un estrecho aliado de Estados Unidos, tanto en la lucha contra el narcotráfico como en los demás intereses geopolíticos en un radio tan amplio que incluye Centroamérica, el Caribe y el área andina. No es preciso ser adivino para deducirlo. El petróleo venezolano y la situación colombiana tienen mucho que ver en ese escenario, como también lo tienen la Zona Libre, el Centro Bancario, en Centro Portuario y el Canal. Todo es parte de un complejo rompecabezas que sólo unos pocos conocedores empiezan a descifrar. Recordemos a Arnulfo Arias en sus últimos años.
Se tratará pues de una relación de mutuo beneficio, con favores y prestaciones recíprocas, en un escenario que nada descarta y todo lo incluye, desde una Constituyente a generosos préstamos, pasando por TLC, alianzas estratégicas, cooperación de seguridad y otros; todo lo cual hará de los actuales empeños legislativos de la futura oposición un ridículo juego de niños, en contraste con una política exterior que se vislumbra impactante, manejada al estilo dinámico, pragmático y desenvuelto de Lewis Galindo, con el claro objetivo de estructurar una duradera y estrecha relación especial.