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Mireya y la soberanía nacional


La presidenta Mireya Moscoso, nacida políticamente de las entrañas del partido panameñista, consistentemente ha hablado alto y claro sobre lo que debe ser y no debe ser el Estado panameño independiente y soberano.
En su reciente presentación en la Asamblea General de Naciones Unidas ha dicho claramente que Panamá hace un llamado al gobierno de los Estados Unidos de América para que en un tiempo prudencial procedan a limpiar los polígonos de tiro y pruebas de armamento. Dichos polígonos se encuentran contaminados por armas convencionales -como explosivos- y por armas químicas y hasta radiactivas, producto de la irresponsabilidad y actitud de menosprecio hacia Panamá, que los funcionarios estadounidenses han manifestado consuetudinariamente.
Esta exigencia hecha en un foro diplomático -por nuestra presidenta- tiene un valor y un compromiso en el concierto de las naciones representadas en dicha organización, y pone a los Estados Unidos ante la vindicta internacional, porque no puede ser correcto, porque no es moral que, al retirarse de Panamá, ellos puedan dejarnos territorios contaminados que atentarían contra la seguridad de los panameños y extranjeros que puedan utilizar dichos territorios para el desarrollo de actividades de comercio, de industrias, de servicios o residenciales. Con leguleyadas interpretativas de los malos tratados, en este caso el del Canal de Panamá, que llega a su fin, con la malintencionada frase de que se limpiarán los polígonos "hasta donde sea posible", pretenden los gobernantes gringos desentenderse de su responsabilidad de realizar un trabajo exhaustivo de descontaminación.
Aquí cabe entonces para Panamá, si los gringos pretenden incumplir, proceder en derecho a exigirles indemnización por el perjuicio que nos ocasionarán, y a la vez no relevándolos de su responsabilidad de completar la descontaminación, cuando la tecnología avance y proporcione otros métodos con los que hoy no se cuentan, si ese fuera el argumento para decir que no es "posible" hoy descontaminar.
Podemos abrigar esperanzas de que el gobierno de Mireya Moscoso procederá en consecuencia con sus postulados panameñistas, porque además de las expresiones de la mandataria en Naciones Unidas, están otras en lo referente de que no permitirá la permanencia de bases militares gringas, ni nada que se le parezca, más allá del 31 de diciembre de este año.
También su canciller, José Miguel Alemán, ya planteó como política de su ministerio propiciar la revisión del Tratado de Neutralidad por ser una espada de Damocles que pende sobre nuestra nación, al abrogarse los gringos el derecho de intervención, criterio también expuesto por Mireya Moscoso cuando estaba en campaña, derecho que no existe, porque decir que un Estado firma un derecho de intervención para otro Estado, liquida la existencia del Estado que concede. Un Estado es soberano cuando no está intervenido. Si hay intervención no hay Estado soberano. Son derechos inalienables, como que una persona pacte que otra lo puede matar si ocurre tal situación, por más que lo firme, no es válido, porque el derecho a la vida es inalienable e irrenunciable. Por más que el dictador Torrijos lo haya aceptado al no llevar nuevamente a referéndum las modificaciones de los senadores Nunn y De Concini, Panamá no puede aceptar el derecho de intervención, porque dejaría de ser Estado soberano.
Todo parece indicar que el legado de Arnulfo Arias a Mireya Moscoso, el nacionalismo, está en buenas manos y desarrollándolo.

101 años de Panamá América

 
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