Mis amigos Mireya Moscoso y Guillermo Endara
La vida es como un río en el que cada cual se embarca hacia una meta. El curso, dirección y vicisitudes del trayecto dependen de muchos factores: algunos internos, dictados por uno mismo, y otros externos que surgen del entorno. En mi trayectoria personal y profesional (no puedo decir pública), pues nunca he ejercido cargo gubernamental, excepto el que me otorgó el Dr. Arnulfo Arias en octubre de 1968 de Asesor Presidencial por solo 11 días, he intentado capear los temporales, asiéndome del timonel de algunos principios, para mí fundamentales.
Desde 1964, mi lucha política ha estado vinculada al Partido Panameñista y, por ende, a sus más allegados colaboradores, con quienes libramos batallas importantes, carcelazos, persecuciones, exilios temporales y campañas políticas extenuantes. Primero, junto al Dr. Arnulfo Arias y Guillermo Endara Galimany (este último mi socio y amigo por más de 35 años) y finalmente, junto a la actual presidenta Mireya Moscoso, a quien apoyé desde 1993, año en que decidió lanzarse como candidata a la Presidencia de la República.
En vida del Dr. Arias, me tocó servir de enlace entre aquellos copartidarios exiliados en Miami, Houston y otras ciudades extranjeras y los copartidarios que luchaban en Panamá por la consecución de una democracia.
Esta colaboración estrecha entre mi persona y el Dr. Arias, su esposa Mireya y otros destacados copartidarios, tales como: Luis Felipe Clement, Hildebrando Nicosia, Rodolfo Herbruger padre, Jorge Pacífico Adames, Guillermo Endara Paniza, Carlos Young Adames, Napoleón Salazar, José E. Ehrman, Norberto Zurita, Demóstenes Vega Méndez, María Santo Domingo de Miranda, Gilberto "Chino" Farrugia, Sara de Alaín, Juan de Dios Poveda, Angel Vega Méndez, José Manuel Faúndez, Wilo Ramírez, Elvia Lefevre de Wirz, Lucrecia Cozzarelli, Manolo Díaz Tablate, Pascual Ureña, Roberto "Tito" Arias, David Arce, Sammy Far, Jorge Rodríguez, Max Heurtematte, Carlos Raúl Piad, Eduardo y Tony Domínguez, Raúl Guerra, Jacobo Salas, Francisco Artola, Juan B. Chevalier, Alfredo Arias, Ivonne Young, Bucho Pinzón, Carlos Greco, Guido Martinelli, Carlos Mastellari, Arístides Vernaza, Carlos Salazar, George "Montana" Weeden, Gaspar "Toti" Suárez, Alberto y Elsy Mckay, Nariño Pérez, Gabriel Zarak, Héctor Peñalba, Luis Esper, Rubi Moscoso, el gallego Miranda y tantos otros que se me escapan de la memoria, reafirmaron una inalterable militancia basada en la solidaridad y la lealtad.
Junto a Guillermo Endara viví momentos difíciles a partir del golpe de Estado de octubre de 1968, en circunstancias en que nos encontrábamos juntos esa noche aciaga y después de algunos esfuerzos para entrar a la Presidencia y recorrer las áreas más sensibles, políticamente hablando, de la ciudad de Panamá, nos correspondió después de algunas noches de estar en el clandestinaje, trasladarnos a la Zona del Canal a acompañar al Dr. Arias, a Mireya y tantos otros destacados políticos y profesionales entre los cuales se encontraba nuestro socio Galileo Solís, quien durante 11 días ocupó la Cancillería de la República. Me correspondió acompañar a Endara en las diversas deportaciones de que fue objeto por los militares, e incluso, participar en algunas acciones subversivas en nuestro país.
Finalizando la década del "80, un número apreciable de los copartidarios citados me otorgaron poder para gestionar la Personería Jurídica del Partido Arnulfista, la cual inicialmente fue negada y reconocida en 1990. Me correspondió coordinar la obtención de todos los documentos que se requerían para este trámite, incluyendo la coordinación de las firmas que la Ley Electoral en esa época exigía.
El mismo día que Guillermo Endara logró la conjunción de fuerzas para convertirse en el candidato a la Presidencia de la República de la ADO CIVILISTA, puse a su disposición, al igual que de las fuerzas políticas que lo apoyaban, nuestro edificio y oficinas profesionales a cambio de nada, convirtiendo nuestro despacho profesional en una trinchera política de trascendental importancia en esos momentos.
Comprendo que la democracia, como los ríos, tiene sus desvíos, sus meandros, sus precipitaciones y sus alteraciones. Frente a ellos, los dirigentes políticos maniobran como lo crean más conveniente. Igual en política es muy común y normal estar en desacuerdo y sentirse insatisfecho frente a muchas decisiones. Sin embargo, frente a la disconformidad e insatisfacción quedan, en mi opinión, dos caminos a tomar cuando uno está próximo, de alguna manera, al capitán del Estado:
Apoyar positivamente, a fin de contribuir a la estabilidad de la embarcación oremar contra la corriente, a pesar del riesgo de naufragio.
Si se opta por el segundo, hay que medir bien las consecuencias y calcular el peligro de caer presa de corrientes adversas que puedan dar al traste con el camino de progreso.
El Partido Arnulfista fue conducido con una mano recia por el Dr. Arias, en un contexto histórico determinado por ciertas circunstancias muy distintas a las de hoy. Intentar disputarle la dirigencia de este partido a nuestra gobernante Mireya Moscoso en estos momentos, sería perfeccionar una imprudencia política de consecuencias imprevisibles.
En mi criterio, está en juego la institucionalidad de nuestro país por el estilo de gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, que lo que requiere es apoyo de todos nosotros, sus copartidarios, a objeto de que pueda perfeccionar sus planes de campaña política, que son coherentes con las necesidades fundamentales de la gran mayoría del pueblo panameño, en donde se encuentran las grandes masas del Partido Arnulfista.
Mireya Moscoso ha sido y continuará siendo víctima de campañas tendientes a desprestigiarla por ser una mujer humilde de origen campesino, plenamente identificada con los más graves problemas sociales de la Nación panameña y tenemos la obligación política y moral de apoyar su gestión de gobierno y una forma de hacerlo es, precisamente, mantenerla en la dirección de nuestro partido.
Es por las razones expuestas que, desde hace dos meses, invité a mi socio y amigo Guillermo Endara, a apoyar a Mireya Moscoso, sin reservas de ninguna naturaleza, a fin de contribuir a que ella logre superar las grandes adversidades que implica el cargo de gobernante de una nación como la nuestra.
Desde 1964, mi lucha política ha estado vinculada al Partido Panameñista y, por ende, a sus más allegados colaboradores, con quienes libramos batallas importantes, carcelazos, persecuciones, exilios temporales y campañas políticas extenuantes. Primero, junto al Dr. Arnulfo Arias y Guillermo Endara Galimany (este último mi socio y amigo por más de 35 años) y finalmente, junto a la actual presidenta Mireya Moscoso, a quien apoyé desde 1993, año en que decidió lanzarse como candidata a la Presidencia de la República.
En vida del Dr. Arias, me tocó servir de enlace entre aquellos copartidarios exiliados en Miami, Houston y otras ciudades extranjeras y los copartidarios que luchaban en Panamá por la consecución de una democracia.
Esta colaboración estrecha entre mi persona y el Dr. Arias, su esposa Mireya y otros destacados copartidarios, tales como: Luis Felipe Clement, Hildebrando Nicosia, Rodolfo Herbruger padre, Jorge Pacífico Adames, Guillermo Endara Paniza, Carlos Young Adames, Napoleón Salazar, José E. Ehrman, Norberto Zurita, Demóstenes Vega Méndez, María Santo Domingo de Miranda, Gilberto "Chino" Farrugia, Sara de Alaín, Juan de Dios Poveda, Angel Vega Méndez, José Manuel Faúndez, Wilo Ramírez, Elvia Lefevre de Wirz, Lucrecia Cozzarelli, Manolo Díaz Tablate, Pascual Ureña, Roberto "Tito" Arias, David Arce, Sammy Far, Jorge Rodríguez, Max Heurtematte, Carlos Raúl Piad, Eduardo y Tony Domínguez, Raúl Guerra, Jacobo Salas, Francisco Artola, Juan B. Chevalier, Alfredo Arias, Ivonne Young, Bucho Pinzón, Carlos Greco, Guido Martinelli, Carlos Mastellari, Arístides Vernaza, Carlos Salazar, George "Montana" Weeden, Gaspar "Toti" Suárez, Alberto y Elsy Mckay, Nariño Pérez, Gabriel Zarak, Héctor Peñalba, Luis Esper, Rubi Moscoso, el gallego Miranda y tantos otros que se me escapan de la memoria, reafirmaron una inalterable militancia basada en la solidaridad y la lealtad.
Junto a Guillermo Endara viví momentos difíciles a partir del golpe de Estado de octubre de 1968, en circunstancias en que nos encontrábamos juntos esa noche aciaga y después de algunos esfuerzos para entrar a la Presidencia y recorrer las áreas más sensibles, políticamente hablando, de la ciudad de Panamá, nos correspondió después de algunas noches de estar en el clandestinaje, trasladarnos a la Zona del Canal a acompañar al Dr. Arias, a Mireya y tantos otros destacados políticos y profesionales entre los cuales se encontraba nuestro socio Galileo Solís, quien durante 11 días ocupó la Cancillería de la República. Me correspondió acompañar a Endara en las diversas deportaciones de que fue objeto por los militares, e incluso, participar en algunas acciones subversivas en nuestro país.
Finalizando la década del "80, un número apreciable de los copartidarios citados me otorgaron poder para gestionar la Personería Jurídica del Partido Arnulfista, la cual inicialmente fue negada y reconocida en 1990. Me correspondió coordinar la obtención de todos los documentos que se requerían para este trámite, incluyendo la coordinación de las firmas que la Ley Electoral en esa época exigía.
El mismo día que Guillermo Endara logró la conjunción de fuerzas para convertirse en el candidato a la Presidencia de la República de la ADO CIVILISTA, puse a su disposición, al igual que de las fuerzas políticas que lo apoyaban, nuestro edificio y oficinas profesionales a cambio de nada, convirtiendo nuestro despacho profesional en una trinchera política de trascendental importancia en esos momentos.
Comprendo que la democracia, como los ríos, tiene sus desvíos, sus meandros, sus precipitaciones y sus alteraciones. Frente a ellos, los dirigentes políticos maniobran como lo crean más conveniente. Igual en política es muy común y normal estar en desacuerdo y sentirse insatisfecho frente a muchas decisiones. Sin embargo, frente a la disconformidad e insatisfacción quedan, en mi opinión, dos caminos a tomar cuando uno está próximo, de alguna manera, al capitán del Estado:
Apoyar positivamente, a fin de contribuir a la estabilidad de la embarcación oremar contra la corriente, a pesar del riesgo de naufragio.
Si se opta por el segundo, hay que medir bien las consecuencias y calcular el peligro de caer presa de corrientes adversas que puedan dar al traste con el camino de progreso.
El Partido Arnulfista fue conducido con una mano recia por el Dr. Arias, en un contexto histórico determinado por ciertas circunstancias muy distintas a las de hoy. Intentar disputarle la dirigencia de este partido a nuestra gobernante Mireya Moscoso en estos momentos, sería perfeccionar una imprudencia política de consecuencias imprevisibles.
En mi criterio, está en juego la institucionalidad de nuestro país por el estilo de gobierno de la presidenta Mireya Moscoso, que lo que requiere es apoyo de todos nosotros, sus copartidarios, a objeto de que pueda perfeccionar sus planes de campaña política, que son coherentes con las necesidades fundamentales de la gran mayoría del pueblo panameño, en donde se encuentran las grandes masas del Partido Arnulfista.
Mireya Moscoso ha sido y continuará siendo víctima de campañas tendientes a desprestigiarla por ser una mujer humilde de origen campesino, plenamente identificada con los más graves problemas sociales de la Nación panameña y tenemos la obligación política y moral de apoyar su gestión de gobierno y una forma de hacerlo es, precisamente, mantenerla en la dirección de nuestro partido.
Es por las razones expuestas que, desde hace dos meses, invité a mi socio y amigo Guillermo Endara, a apoyar a Mireya Moscoso, sin reservas de ninguna naturaleza, a fin de contribuir a que ella logre superar las grandes adversidades que implica el cargo de gobernante de una nación como la nuestra.