A mis amigos opositores
He meditado mucho este artículo. Me anima el más respetuoso y objetivo propósito, aunque se que no faltará quien no le guste o lo considere inoportuno. Sin embargo, pienso que el país se lo merece y, además, siento una responsabilidad personal y política en plantearlo, de la mejor buena fe, reitero.
Triunfar en el 2009 pasa por derrotar al PRD. Eso es natural y lógico, pero tal fin no debe abrir puertas para ensayar cualquier medio que lo justifique. Resulta absurdo pensar que cualquiera sea el candidato o candidata oficialista, el o la misma, podrá distanciarse de los actos, errores, ineficiencias y promesas incumplidas por el gobierno de Martín Torrijos, el de la "patria nueva".
Todos los que están en el ruedo y los que puedan aparecer, salvo uno, han sido parte del gobierno hasta los últimos momentos y les será muy duro superar el desgaste y justificar lo no hecho o prometer lo que han sido incapaces de hacer, en un quinquenio próspero, opulento en cuanto el gasto y dadivoso en cuanto a regalías populistas. Han tenido el control político de todos los órganos políticos del Estado, dinero a manos llenas, una deuda pública en ascenso y, simplemente, no tienen excusa válida para no haber hecho lo que prometieron y que incompetente e irresponsablemente no han incumplido. La camisa les quedó grande y fracasaron en sus tres promesas básicas de campaña. Ese costo se paga.
No obstante lo anterior, los partidos opositores debemos darle al país una opción coherente, bien pensada, económicamente viable, que se identifique con las aspiraciones y necesidades de una sociedad cada vez más exigente y que se ha ganado con méritos propios su espacio para exigir y protestar, que implique la reforma del Estado, evitando al máximo que en cada tarima en la que se trepen hablen o prometan lo que piensan que gana simpatías, independientemente de su viabilidad. Claro está, el calor de las campañas internas es un discurso intramuros, o por lo menos así debe ser, y despierta todo tipo de estrategias para ganar ese primer escalón hacia la carrera grande, la de mayo de 2009. Pero esa elección general es o debe ser la gran propuesta nacional, que se identifique con el país, sus recursos, sus potencialidades y las grandes aspiraciones sociales de la gran mayoría.
Sugiero respetuosamente dejar el protagonismo a veces relajado de almuerzos, cenas y desayunos, con la prensa afuera, en espera de una decisión que colma de expectativas a una opinión pública incrédula. Cada partido tiene sus instancias y estamos lejos de convocarlas para aprobar alianzas. Estas cosas tienen más efecto trabajando con discreción y dejando para cuando corresponda el anuncio público bien sustentado. Todos nos necesitamos para ganar y hacer un buen gobierno. Eso es lo prioritario. Ese debe ser el final del esfuerzo para lo que estamos procurando el triunfo electoral.