Mitos de la globalización
La opinión que expresaré en este artículo es minoritaria en este país. En su mayoría los panameños piensan que la globalización es dañina, pues la definen como la perpetua explotación de los países ricos hacia los pobres, donde el pez más grande se come al más chico. Mi intención es demostrar que no hay nada más alejado de la realidad.
El primer mito es que la globalización es un juego de suma cero, es decir, la ganancia de unos es obtenida mediante la pérdida de otros. De acuerdo a este mito, los ricos se hacen cada vez más ricos, y su riqueza se debe a la miseria y explotación a nuestros pueblos. Y si nos abrimos más a la globalización, más nos vamos a empobrecer. Pero resulta curioso que se culpe a los países ricos de explotar a los pobres cuando más del 80% del comercio internacional de los países ricos se hace entre ellos mismos. Si una ínfima parte del comercio de los países industrializados es con países pobres, este argumento de explotación es difícil de sustentar.
Esto sugiere que la pobreza de nuestros pueblos no se debe a la creciente globalización; más bien se debe a la baja participación de los países pobres en ella, dos cosas que son muy diferentes. Sugiere que la pobreza de nuestros pueblos se debe a la ausencia de marcos jurídicos claros e imparciales, fundamentales para atraer el comercio internacional y sus inversionistas que -ante tanta incertidumbre- prefieren invertir en Europa y Estados Unidos (EU).
Olvídense del cuco del FMI y el neoliberalismo. Ellos representan la excusa perfecta de políticos demagogos que buscan transferir la responsabilidad de su incompetencia administrativa a entes foráneos para limpiarse las manos y quedar como héroes ante una masa de votantes que ignora las verdaderas causas de su subdesarrollo.
En casi todas las sociedades -prósperas o no- se ha comprobado cómo, aunque aumente el número de ricos, e incluso millonarios, simultáneamente mejoran las condiciones de vida de los pobres y de las clases medias, lo que quiere decir que las riquezas de los ricos no salieron de los bolsillos de los más pobres. Cuando el crecimiento económico aumenta, los ricos obtienen jugosas ganancias. Pero también las clases medias y los pobres se benefician en igual proporción.
El segundo mito es que en un mundo globalizado, las grandes corporaciones se están apoderando del mundo y que las compañías pequeñas están siendo devoradas por monstruos corporativos. La idea de que los grandes se hacen cada vez más grandes es un viejo mito que cada vez es estadísticamente más incorrecto. En EU, por ejemplo, las grandes corporaciones producían el 33% de todos los productos en ese país en los años 30. Para 1990, el porcentaje era el mismo, y ha estado disminuyendo desde entonces. Curiosamente, lo que ocurre es todo lo contrario: la globalización está aumentando el poder de pequeñas empresas. Estas sólo tienen una fracción de los costos fijos (grandes oficinas, altas planillas) de las grandes empresas, y por lo tanto pueden atacar nichos del mercado global que no serían atractivos para los grandes, dadas las diferentes estructuras de costos. La democratización y abaratamiento de la tecnología les ha dado a los pequeños un poder que antes era exclusivo de las grandes empresas; la desregulación de los mercados de capitales les ha permitido abaratar sus costos de financiamiento; y la disminución de los costos de transporte ha convertido a todo el planeta en un mercado potencial. Si hay una buena noticia para los pequeños empresarios es precisamente la globalización, y no al revés.
Por más que se considere a Microsoft como un gigante corporativo, ésta es sólo una de las casi 10 mil compañías de software de la actualidad. Su poder y éxito se debe a la habilidad de su fundador de aprovechar las oportunidades de mercado, más que a un plan macabro por apoderarse del mundo. Y es que el concepto de "monopolio natural" se hace cada vez más obsoleto en un mundo globalizado. El día que Microsoft haga la apuesta equivocada, será el fin de su hegemonía, como le ocurrió en los años 80 al entonces gigante corporativo IBM.
En las batallas por introducir los productos que capturen los grandes mercados potenciales del mañana, la burocracia de las compañías grandes ha perdido una y otra vez contra la creatividad y agilidad de las pequeñas empresas, como ha documentado magistralmente el Prof. Clayton Christensen, de la Universidad de Harvard, en su libro The Innovador´s Dilemma.
¿Y todo esto qué significa para nosotros los panameños? Básicamente, que no le tengamos miedo a la apertura ni a la competencia. La globalización nos beneficia muchísimo más de lo que nos perjudica. Si nos ponemos a ver dónde en Panamá se pagan los mejores salarios, donde hay la mejor productividad y donde se genera la mayor riqueza, la respuesta la encontramos en aquellos sectores de nuestra economía que siempre han estado abiertos a la competencia extranjera de todo tipo (de bienes, servicios y personal humano). Estos sectores son la banca, la Zona Libre y los servicios en general.
En cambio, los sectores que han estado tradicionalmente protegidos, subsidiados y cerrados a la competencia extranjera (es decir, a la globalización) son precisamente los sectores pobres, improductivos y de bajos salarios, donde precisamente se concentra la mayor pobreza. A pesar que nuestra evidencia y la experiencia demuestra que la competencia y la apertura abren los caminos de la prosperidad, nuestros políticos -y una masa importante de panameños- siguen pensando de otra forma.
Esperemos que el próximo gobierno tenga esas "luces largas" para copiar las fórmulas ganadoras de otros países con estructuras similares a Panamá que han sido exitosos a través de la apertura. Amanecerá y veremos.
(enripan1973@hotmail.com)
"Yo sólo quiero que esto no vuelva a pasar, quiero que la juventud sea más seria. El ángel de la guarda salvó a Heidi, de lo contrario, hoy estuviéramos llorando a mi segunda hija por culpa de unos irresponsables que son protegidos por mamita y papito y que tienen plata para que los saquen del país. Ellos compran testigos, abogados y acaban con una ciudadana honesta", manifestó enérgicamente Magali.
La madre también pide que le devuelvan los documentos de Heidi, pues en el accidente alguien robó su billetera. No le interesa el dinero, sólo los documentos personales para reclamar a la aseguradora del auto que fue pérdida total.
En el accidente automovilístico los dos vehículos, después de venir corriendo desde la Calzada de Amador, fueron a dar al Restaurante Tamburrelli de calle 50. Destruyeron la fachada, impactaron contra otros autos y acabaron con las cuatro motocicletas que hacían repartos a domicilio.
Jacomo Tamburrelli, uno de los propietarios, aún está sorprendido por lo sucedido. Su local está tan alejado de la calle que nunca pensó que algo así pudiera ocurrir
No se han calculado aún los daños y por lo pronto un constructor está desmantelando la parte frontal del establecimiento para reconstruirlo.
Tamburrelli asume que los responsables del accidente van a cubrir los gastos en los que incurra, por su parte ellos repararán lo más pronto posible el local para luego pasarle la cuenta.
Mientras que Mary Montequin, arrendataria del local contiguo a Tamburrelli y propietaria del salón de Belleza Kutz, también afectado, manifestó que los daños a su negocio ascienden a unos B/. 500. Resultó con dos vidrios grandes quebrados, un hueco en el mueble de la recepción, entre otros.
A esos de las 2:00 de la tarde del día del accidente habían terminado unas remodelaciones al local de Montequin.
Ella recuerda que ese domingo lloraba porque los bomberos no la dejaban pasar a ver cómo había quedado su establecimiento. Cuando por fin entró, se encontró con parte del equipo de sonido de los autos involucrados, vidrios y sangre.
Hasta ahora nadie ha asumido la responsabilidad económica, por lo que pidió a las autoridades que tomen conciencia, porque si su salón hubiese estado abierto y el restaurante más concurrido, "una desgracia mayor habría tocado a varias familias y hoy lo estuviéramos lamentando".
El primer mito es que la globalización es un juego de suma cero, es decir, la ganancia de unos es obtenida mediante la pérdida de otros. De acuerdo a este mito, los ricos se hacen cada vez más ricos, y su riqueza se debe a la miseria y explotación a nuestros pueblos. Y si nos abrimos más a la globalización, más nos vamos a empobrecer. Pero resulta curioso que se culpe a los países ricos de explotar a los pobres cuando más del 80% del comercio internacional de los países ricos se hace entre ellos mismos. Si una ínfima parte del comercio de los países industrializados es con países pobres, este argumento de explotación es difícil de sustentar.
Esto sugiere que la pobreza de nuestros pueblos no se debe a la creciente globalización; más bien se debe a la baja participación de los países pobres en ella, dos cosas que son muy diferentes. Sugiere que la pobreza de nuestros pueblos se debe a la ausencia de marcos jurídicos claros e imparciales, fundamentales para atraer el comercio internacional y sus inversionistas que -ante tanta incertidumbre- prefieren invertir en Europa y Estados Unidos (EU).
Olvídense del cuco del FMI y el neoliberalismo. Ellos representan la excusa perfecta de políticos demagogos que buscan transferir la responsabilidad de su incompetencia administrativa a entes foráneos para limpiarse las manos y quedar como héroes ante una masa de votantes que ignora las verdaderas causas de su subdesarrollo.
En casi todas las sociedades -prósperas o no- se ha comprobado cómo, aunque aumente el número de ricos, e incluso millonarios, simultáneamente mejoran las condiciones de vida de los pobres y de las clases medias, lo que quiere decir que las riquezas de los ricos no salieron de los bolsillos de los más pobres. Cuando el crecimiento económico aumenta, los ricos obtienen jugosas ganancias. Pero también las clases medias y los pobres se benefician en igual proporción.
El segundo mito es que en un mundo globalizado, las grandes corporaciones se están apoderando del mundo y que las compañías pequeñas están siendo devoradas por monstruos corporativos. La idea de que los grandes se hacen cada vez más grandes es un viejo mito que cada vez es estadísticamente más incorrecto. En EU, por ejemplo, las grandes corporaciones producían el 33% de todos los productos en ese país en los años 30. Para 1990, el porcentaje era el mismo, y ha estado disminuyendo desde entonces. Curiosamente, lo que ocurre es todo lo contrario: la globalización está aumentando el poder de pequeñas empresas. Estas sólo tienen una fracción de los costos fijos (grandes oficinas, altas planillas) de las grandes empresas, y por lo tanto pueden atacar nichos del mercado global que no serían atractivos para los grandes, dadas las diferentes estructuras de costos. La democratización y abaratamiento de la tecnología les ha dado a los pequeños un poder que antes era exclusivo de las grandes empresas; la desregulación de los mercados de capitales les ha permitido abaratar sus costos de financiamiento; y la disminución de los costos de transporte ha convertido a todo el planeta en un mercado potencial. Si hay una buena noticia para los pequeños empresarios es precisamente la globalización, y no al revés.
Por más que se considere a Microsoft como un gigante corporativo, ésta es sólo una de las casi 10 mil compañías de software de la actualidad. Su poder y éxito se debe a la habilidad de su fundador de aprovechar las oportunidades de mercado, más que a un plan macabro por apoderarse del mundo. Y es que el concepto de "monopolio natural" se hace cada vez más obsoleto en un mundo globalizado. El día que Microsoft haga la apuesta equivocada, será el fin de su hegemonía, como le ocurrió en los años 80 al entonces gigante corporativo IBM.
En las batallas por introducir los productos que capturen los grandes mercados potenciales del mañana, la burocracia de las compañías grandes ha perdido una y otra vez contra la creatividad y agilidad de las pequeñas empresas, como ha documentado magistralmente el Prof. Clayton Christensen, de la Universidad de Harvard, en su libro The Innovador´s Dilemma.
¿Y todo esto qué significa para nosotros los panameños? Básicamente, que no le tengamos miedo a la apertura ni a la competencia. La globalización nos beneficia muchísimo más de lo que nos perjudica. Si nos ponemos a ver dónde en Panamá se pagan los mejores salarios, donde hay la mejor productividad y donde se genera la mayor riqueza, la respuesta la encontramos en aquellos sectores de nuestra economía que siempre han estado abiertos a la competencia extranjera de todo tipo (de bienes, servicios y personal humano). Estos sectores son la banca, la Zona Libre y los servicios en general.
En cambio, los sectores que han estado tradicionalmente protegidos, subsidiados y cerrados a la competencia extranjera (es decir, a la globalización) son precisamente los sectores pobres, improductivos y de bajos salarios, donde precisamente se concentra la mayor pobreza. A pesar que nuestra evidencia y la experiencia demuestra que la competencia y la apertura abren los caminos de la prosperidad, nuestros políticos -y una masa importante de panameños- siguen pensando de otra forma.
Esperemos que el próximo gobierno tenga esas "luces largas" para copiar las fórmulas ganadoras de otros países con estructuras similares a Panamá que han sido exitosos a través de la apertura. Amanecerá y veremos.
(enripan1973@hotmail.com)
"Yo sólo quiero que esto no vuelva a pasar, quiero que la juventud sea más seria. El ángel de la guarda salvó a Heidi, de lo contrario, hoy estuviéramos llorando a mi segunda hija por culpa de unos irresponsables que son protegidos por mamita y papito y que tienen plata para que los saquen del país. Ellos compran testigos, abogados y acaban con una ciudadana honesta", manifestó enérgicamente Magali.
La madre también pide que le devuelvan los documentos de Heidi, pues en el accidente alguien robó su billetera. No le interesa el dinero, sólo los documentos personales para reclamar a la aseguradora del auto que fue pérdida total.
En el accidente automovilístico los dos vehículos, después de venir corriendo desde la Calzada de Amador, fueron a dar al Restaurante Tamburrelli de calle 50. Destruyeron la fachada, impactaron contra otros autos y acabaron con las cuatro motocicletas que hacían repartos a domicilio.
Jacomo Tamburrelli, uno de los propietarios, aún está sorprendido por lo sucedido. Su local está tan alejado de la calle que nunca pensó que algo así pudiera ocurrir
No se han calculado aún los daños y por lo pronto un constructor está desmantelando la parte frontal del establecimiento para reconstruirlo.
Tamburrelli asume que los responsables del accidente van a cubrir los gastos en los que incurra, por su parte ellos repararán lo más pronto posible el local para luego pasarle la cuenta.
Mientras que Mary Montequin, arrendataria del local contiguo a Tamburrelli y propietaria del salón de Belleza Kutz, también afectado, manifestó que los daños a su negocio ascienden a unos B/. 500. Resultó con dos vidrios grandes quebrados, un hueco en el mueble de la recepción, entre otros.
A esos de las 2:00 de la tarde del día del accidente habían terminado unas remodelaciones al local de Montequin.
Ella recuerda que ese domingo lloraba porque los bomberos no la dejaban pasar a ver cómo había quedado su establecimiento. Cuando por fin entró, se encontró con parte del equipo de sonido de los autos involucrados, vidrios y sangre.
Hasta ahora nadie ha asumido la responsabilidad económica, por lo que pidió a las autoridades que tomen conciencia, porque si su salón hubiese estado abierto y el restaurante más concurrido, "una desgracia mayor habría tocado a varias familias y hoy lo estuviéramos lamentando".