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Monterrey, riqueza, pobreza, corrupción


Como en otras ocasiones esta Cumbre, a la cual asistieron 50 Jefes de Estado, tuvo el preludio en lo que sucedió con las otras anteriores manifestaciones de rechazo a lo que, entreveían, sería una producción más del nuevo liberalismo: aperturas y globalizaciones. Por más que los países desarrollados utilicen los medios masivos de comunicación para meterle en el cráneo a los países subdesarrollados que estas aperturas y globalizaciones convienen, menos se les cree y más rechazo obtienen. Y es que los países de grandes producciones, dentro de estos parámetros, se tragan a los países más pobres. Es decir, la aplicación de la simple conseja conocida por todos de que el pez grande se come al pez chico. La integración del plan Puebla-Panamá no sube a la parte rica de México, sino abarca los pueblos más pobres del sur incorporando las empobrecidas economías centroamericanas. Cero más cero es igual a cero. En cada una de estas reuniones, algo se saca. Cinco mil millones de dólares para los pueblos pobres del mundo no es nada. Más le sirve a estos pueblos una condonación más o menos proporcional de sus deudas externas y la aplicación y supervisión de las grandes economías para impedir que gobiernos irresponsables obtengan préstamos corruptos.
Para apaciguar las explosiones sociales que cada vez se hacen más continuadas e intensas, es necesario que las instituciones de créditos internacionales, es decir, los países ricos, establezcan una supervisión en las inversiones que se dan en estos pueblos a través de préstamos. El que presta el dinero puede exigir esa supervisión con el objeto de que cuatro bellacos no se queden con dineros considerables de estos préstamos. No pueden darse préstamos para instituciones de fomento de tipo social sino se establecen los controles correspondientes por quienes otorgan los préstamos y sancionen ejemplarmente a los gobiernos que alegremente disponen de estos dineros.
Lo que sucedió en Argentina tiene que ser un precedente y un ejemplo para todos los demás pueblos, y muy especialmente para los de este hemisferio. La distribución de millonarias cantidades de dinero en la corrupción ha llevado a este país a una situación de insolvencia en la cual, al decir del propio Presidente de la República, nadie le cree ni siquiera las instituciones de créditos internacionales. Es astronómica la suma que se necesita para la recomposición económica y social de este país. La deuda es monumental y su pago muy difícil y empeña hasta los tuétanos a todo el pueblo argentino. Pero es un país de grandes recursos y administrado con seriedad constituiría uno de los más grandes pilares de este continente. Argentina se suma nada más a la lista de países empobrecidos que asistieron a esta última cumbre.
Ahora se nos anuncia que se van a poner de moda Tratados de Libre Comercio-TLC, lo que no deja de ser otra mentira. Tales tratados no son más que convenios en donde se pactan liberalidades con un sinnúmero de restricciones proteccionistas. Que sepamos no hay aperturas totales.
Estados Unidos acaba de meter una restricción proteccionista con el acero que ha despertado una reacción violenta por parte de los países europeos. Así las cosas, los "TLC" no dejan de ser otra cosa que arreglos parciales de exportación e importación.
Si hay algún provecho que pueda haberse obtenido en Monterrey es el de que se habló mucho de transparencia. El Presidente Bush habló de ayudar a aquellos pueblos que la practicaran y no ayudar al robo.
La corrupción ha proliferado tanto que llegó el momento de ponerla en jaque, porque los pueblos endeudados casi no pueden endeudarse más y los acreedores están en peligro de que no se les pague o se les pague poco y a mayor plazo.
El desarrollo debe financiarse con equidad y alto sentido de responsabilidad de lo contrario vamos a ser testigos de acontecimientos que pondrán en peligro los avances de la civilización.

101 años de Panamá América

 
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