Moral ecológica
En diferentes partes del globo terrestre, grupos e instituciones mantienen a diario una lucha sin pausa por incorporar en la población valores, actitudes y comportamientos en pro de la conservación del ambiente. Empero, para algunas personas y organizaciones no resulta fácil lograr consecuencia entre lo que se cree y hace, lo que se dice y actúa, o lo que se pide hacer a otros y el propio comportamiento.
Las playas y ríos de este país representan unos de los activos turísticos más valiosos con que contamos los panameños. Su valor no está sólo en su belleza natural, sino también en su condición de bien público inalienable e imprescriptible que permite la planificación, administración y su uso con una amplia visión de nación de desarrollo y bienestar social. Son espacios vitales para el esparcimiento familiar, la tan necesaria liberación del estrés laboral; pero también para la generación de empleo e ingresos, la superación de la pobreza, la recreación y el esparcimiento para incentivar la sensación de pertenencia entre cada panameño y su país. No obstante, la situación en estas áreas es crítica y de urgente solución. El origen de estas situaciones es variable y, aunque puede resumirse en un problema de administración y manejo, es también es un problema de personas.
Sin los sinvergüenzas que contaminan los ríos y playas con desperdicios como botellas, empaques de "snack", latas de cervezas, colas de cigarrillos, platos y cubiertos desechables etc., tendríamos asegurado un patrimonio natural a las futuras generaciones. En ese camino, y motivo de un incidente que me ocurrió al llevar unos amigos extranjeros a la playa y al ver el estado deplorable de contaminación y desperdicios, contagié al departamento de acción social de la iglesia a la que asisto para iniciar una campana de educación y acción por la Naturaleza. Estamos poniendo pancartas y afiches alusivos a recoger los desperdicios que se llevan a los paseos y hemos empezado principalmente en el área Este de Panamá (Tocumen, Pacora, San Martín y La mesa).
Pero al haberse acabado los pequeños fondos con los que contábamos decidimos ir en búsqueda de la ayuda del padre Estado. Llamamos y al final de tantas triangulaciones y rebotes, llegamos al Departamento de Fomento y Cultura Ambiental, a cuyos funcionarios escribimos una carta explicándoles nuestro proyecto y nuestro deseo de no solicitar ayuda monetaria (ni para combustible), sino que necesitábamos pintura, laminas y panfletos alusivos al la conservación. Craso error de pedir ayuda a al Estado y a políticos, pues fueron meras palabras llevadas por el viento.
De seguro continuaremos nuestro esfuerzo individual y trataremos de sumar a otros grupos de jóvenes cristianos. Pero no sin llevar ese sentimiento de tristeza y decepción que nos ha producido no recibir ni una llamada, correo o colaboración de quienes están llamados a velar por el patrimonio natural y ecológico de nuestro lindo Panamá.
wisental2000@yahoo.com
Las playas y ríos de este país representan unos de los activos turísticos más valiosos con que contamos los panameños. Su valor no está sólo en su belleza natural, sino también en su condición de bien público inalienable e imprescriptible que permite la planificación, administración y su uso con una amplia visión de nación de desarrollo y bienestar social. Son espacios vitales para el esparcimiento familiar, la tan necesaria liberación del estrés laboral; pero también para la generación de empleo e ingresos, la superación de la pobreza, la recreación y el esparcimiento para incentivar la sensación de pertenencia entre cada panameño y su país. No obstante, la situación en estas áreas es crítica y de urgente solución. El origen de estas situaciones es variable y, aunque puede resumirse en un problema de administración y manejo, es también es un problema de personas.
Sin los sinvergüenzas que contaminan los ríos y playas con desperdicios como botellas, empaques de "snack", latas de cervezas, colas de cigarrillos, platos y cubiertos desechables etc., tendríamos asegurado un patrimonio natural a las futuras generaciones. En ese camino, y motivo de un incidente que me ocurrió al llevar unos amigos extranjeros a la playa y al ver el estado deplorable de contaminación y desperdicios, contagié al departamento de acción social de la iglesia a la que asisto para iniciar una campana de educación y acción por la Naturaleza. Estamos poniendo pancartas y afiches alusivos a recoger los desperdicios que se llevan a los paseos y hemos empezado principalmente en el área Este de Panamá (Tocumen, Pacora, San Martín y La mesa).
Pero al haberse acabado los pequeños fondos con los que contábamos decidimos ir en búsqueda de la ayuda del padre Estado. Llamamos y al final de tantas triangulaciones y rebotes, llegamos al Departamento de Fomento y Cultura Ambiental, a cuyos funcionarios escribimos una carta explicándoles nuestro proyecto y nuestro deseo de no solicitar ayuda monetaria (ni para combustible), sino que necesitábamos pintura, laminas y panfletos alusivos al la conservación. Craso error de pedir ayuda a al Estado y a políticos, pues fueron meras palabras llevadas por el viento.
De seguro continuaremos nuestro esfuerzo individual y trataremos de sumar a otros grupos de jóvenes cristianos. Pero no sin llevar ese sentimiento de tristeza y decepción que nos ha producido no recibir ni una llamada, correo o colaboración de quienes están llamados a velar por el patrimonio natural y ecológico de nuestro lindo Panamá.
wisental2000@yahoo.com