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Moraleja para hablar con propiedad


Luego que el Ejecutivo diera a conocer sus dos designaciones para llenar las vacantes que se producirán el próximo 31 de diciembre - tanto en la Sala Primera de lo Civil como en la Sala Tercera de lo Contencioso Administrativo en la Corte Suprema de Justicia- es menester formular algunas reflexiones dado que, dentro de su programa de gobierno, la presidenta se comprometió a ampliar la independencia del Organo Judicial y establecer una clara delimitación de funciones entre los poderes del Estado.
Winston Spadafora - hasta hace poco tiempo ministro de Gobierno y Justicia - y Alberto Cigarruista - legislador oficialista y supuestamente acérrimo adversario del Partido Revolucionario Democrático- fueron propuestos como nuevos magistrados de la Corte para el período del 1 de enero de 2002 hasta diciembre de 2011.
Esta selección - infortunada a más no poder por estar plagada de favoritismos políticos e inconsistencias con las mismas arengas de campaña que en su momento formulara la presidenta Mireya Moscoso - ha introducido innecesariamente un malestar adicional dentro de la muy precaria situación que se vive en el país entero.
La creciente falta de credibilidad hacia la clase gobernante - asunto en extremo delicado por lo volátil de la atmósfera imperante - hubiese sido razón suficiente para desestimar los dos nombres sugeridos y buscar, entre los muchos abogados de la localidad, otras dos figuras más apropiadas para ocupar las magistraturas que nos ocupan.
¿Cómo puede Alberto Cigarruista siquiera considerar su postulación, luego de haber pronunciado aquella fogosa perorata en octubre de 1999 cuando se debatía en el pleno legislativo la derogación de la Sala Quinta?
"Los políticos del país tenemos la obligación de sacar la mano del Organo Judicial, no puede ser posible, si es que queremos a esta patria, que el Organo Judicial siga siendo recipiente del ocaso de políticos".
Por si fueran poco las frases lapidarias que clamara el diputado interiorano, el legislador arnulfista Lenín Sucre afirmó, durante el mismo debate, que una de las luchas de la Presidenta de la República Mireya Moscoso sería evitar que "alguien controle la Corte Suprema de Justicia", porque no se pueden permitir estas aberraciones". Es horrible pensar que la Corte Suprema de Justicia pretenda ser controlada por alguien, ni por este gobierno ni por el gobierno pasado. Esa es la lucha que ha estado haciendo la primera mujer que llega a la Presidencia de la República en este país".
El do de pecho de aquella cantaleta penitente en aras de la justicia y la verdad llegó cuando el parlamentario expresó sus felicitaciones a la primera autoridad del país por la postura adoptada respecto a la derogación de la Sala Quinta, agregando que "es una de las bofetadas más grandes que se trate de controlar la Corte Suprema, es una desvergüenza internacional".
A confesión de parte, relevo de prueba. Además de la inquietud que esta confrontación innecesaria agrega a los males que aquejan a la Nación entera, me abochorna esa falta de consistencia entre lo que dicen y hacen con frecuencia las figuras públicas de nuestro país.
¿Mantendrá el compromiso de sus palabras uno, y rechazarán sus postulaciones los otros dos, con miras a salvaguardar los propósitos de campaña que en su momento pregonó la alianza que ellos representan por todos los rincones de la República de Panamá?
"El que dice lo que no debe, escucha lo que no quiere". Este viejo adagio pone en evidencia el por qué de ese 58.6% de repudio popular al que se hizo merecedor Winston Spadafora como aspirante a dicho cargo en la última encuesta de Ditcher & Neira.
¿Cuánto rechazo adicional hubiera recibido Alberto Cigarruista de haberse efectuado el sondeo, luego que se hicieran públicas sus vacuas filípicas sobre política y probidad? ¿A qué nuevas profundidades de descrédito se sumergirá la Asamblea Legislativa si - ya sea por ignorancia o por solidaridad con su inconsecuente colega - se les ocurre aprobar tan infortunada designación? rbermudez@cableonda.net

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