Moscoso, un planteamiento interesante
La presidenta de la República, Mireya Moscoso, esbozó el miércoles una visión interesante de la Asamblea Legislativa, que bien merece algunos comentarios. Dijo que el número de legisladores debe limitarse y que, además, deben ser elegidos en categorías nacional y provincial, no por circuitos. A lo largo de estos años, desde el restablecimiento de la democracia, se han escuchado planteamientos similares, sin que hayan tenido mayor eco. En esta ocasión, viniendo de la Jefa de Estado, los mismos quizás tengan mayor consideración de los demás estamentos del poder público y la ciudadanía.
La actual composición y funcionamiento del Legislativo, igual que el transporte público, ha colapsado.
La Constitución heredada de los militares, con su concepto de asamblea de representantes de corregimiento, que fue el embrión originario, nos ha dejado un Legislativo desprestigiado y decadente, con sus miembros en estado de sitio, atrincherados en su viejo edificio, procurando la defensa de los odiosos privilegios y canonjías que les quedan, luego de serles arrebatadas las partidas circuitales.
En efecto, en los últimos tiempos, se han dedicado a cerrar el llamado "blindaje" por el colega Mario Velásquez, que en la forma de inmunidad impide que sean investigados por delito alguno y respecto al cual aprobaron hace poco una resolución que prohibe a sus miembros renunciarla sin la aprobación del resto del organismo. La tormenta de acusaciones de corrupción los acusa en primer término de la sistemática práctica del soborno para aprobar contratos y proyectos, y de jugar a ser del gobierno o de la oposición, dependiendo no de los principios sino del dinero o favores particulares que reciban.
Los discursos e iniciativas en el hemiciclo suelen ser huecos, sin proyección nacional, moviéndose por el interés personal o, en el mejor de los casos, por el parroquial, con total prescindencia del interés del país. El sistema, por lo demás, garantiza que los mejores legisladores, o sea aquellos que, abandonando la visión del barrio, se elevan a favor de la nación, pierden la elección, si es que antes el partido no les revoca el mandato.
Todo conspira a favor de los mediocres, mientras los mejores ciudadanos se abstienen de participar en aquel estercolero, cediendo las curules a los peores. Por eso, asiste plena razón a la presidenta Moscoso, cuando plantea que hay que limitar -diríamos que primero disminuir, como en Costa Rica a 50- el número de legisladores, para luego propiciar una reforma que permita que sean elegidos por provincia y a nivel nacional. Así, definitivamente, elevaríamos el nivel de calidad y categoría de nuestro Legislativo.
La reducción y limitación de la cantidad de legisladores es posible bajo la ley electoral actual, con sólo reagrupar circuitos, lo cual es potestad del Tribunal Electoral; pero el reemplazo de los actuales legisladores circuitales por unos provinciales y nacionales, requiere de una reforma constitucional.
La actual composición y funcionamiento del Legislativo, igual que el transporte público, ha colapsado.
La Constitución heredada de los militares, con su concepto de asamblea de representantes de corregimiento, que fue el embrión originario, nos ha dejado un Legislativo desprestigiado y decadente, con sus miembros en estado de sitio, atrincherados en su viejo edificio, procurando la defensa de los odiosos privilegios y canonjías que les quedan, luego de serles arrebatadas las partidas circuitales.
En efecto, en los últimos tiempos, se han dedicado a cerrar el llamado "blindaje" por el colega Mario Velásquez, que en la forma de inmunidad impide que sean investigados por delito alguno y respecto al cual aprobaron hace poco una resolución que prohibe a sus miembros renunciarla sin la aprobación del resto del organismo. La tormenta de acusaciones de corrupción los acusa en primer término de la sistemática práctica del soborno para aprobar contratos y proyectos, y de jugar a ser del gobierno o de la oposición, dependiendo no de los principios sino del dinero o favores particulares que reciban.
Los discursos e iniciativas en el hemiciclo suelen ser huecos, sin proyección nacional, moviéndose por el interés personal o, en el mejor de los casos, por el parroquial, con total prescindencia del interés del país. El sistema, por lo demás, garantiza que los mejores legisladores, o sea aquellos que, abandonando la visión del barrio, se elevan a favor de la nación, pierden la elección, si es que antes el partido no les revoca el mandato.
Todo conspira a favor de los mediocres, mientras los mejores ciudadanos se abstienen de participar en aquel estercolero, cediendo las curules a los peores. Por eso, asiste plena razón a la presidenta Moscoso, cuando plantea que hay que limitar -diríamos que primero disminuir, como en Costa Rica a 50- el número de legisladores, para luego propiciar una reforma que permita que sean elegidos por provincia y a nivel nacional. Así, definitivamente, elevaríamos el nivel de calidad y categoría de nuestro Legislativo.
La reducción y limitación de la cantidad de legisladores es posible bajo la ley electoral actual, con sólo reagrupar circuitos, lo cual es potestad del Tribunal Electoral; pero el reemplazo de los actuales legisladores circuitales por unos provinciales y nacionales, requiere de una reforma constitucional.