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"Moscú: el gran miedo"


Septiembre Negro en Rusia. En los días anteriores al otoño boreal, un grupo subversivo islámico, da comienzo a una campaña de sangre y terror en el mismo corazón de Moscú. Las víctimas, civiles inocentes, vuelan por los aires cuando ocurren bombazos en edificios de apartamentos. En 12 días de caos, unas 300 personas han muerto en tres explosiones dinamiteras. Algo que los expertos consideran la peor ola de atentados en la historia de esa nación.
Vladimir Putin, el primer ministro ruso, ordena una operación policial de escalas sin precedentes, que recibe el apoyo solidario de la población moscovita. Olvidando las diferencias políticas entre comunistas y demócratas, los civiles rusos cooperan con patrullas comunales para hallar objetos sospechosos dentro de las viviendas. En las bodegas se revisa hasta los quintales de azúcar importada. Por ello, lugares céntricos, como el Metro de Moscú, han sido reforzados, puesto que representan un blanco fácil para los agresores. Tal es la crisis que muchos moscovitas decidieron mudarse temporalmente fuera de la capital. Empero, el Kremlin sabe bien cuál es la causa de los atentados. Una región que consideramos los analistas, como la "Torre de Babel Contemporánea": El Cáucaso.
La importancia del terrorismo internacional hacia lugares distantes, significó la transformación de la aldea global en un campo de batalla para los grupos subversivos violentos. Primero fue el Oriente Medio, escenario dantesco de los frentes fundamentalistas religiosos. Luego, Europa Occidental sería sacudida. Munich en 1972; después, París y Londres se transformaron en el escaparte del terrorismo. Igual suerte sufrirá el Asia, cuando Tokio es blanco de un ataque químico de un loco religioso. Y ni siquiera los Estados Unidos de América lograron escapar de la campaña de la violencia. Oklahoma City, Atlanta y la voladura del World Trade Center de Nueva York, nos demostraron que los defensores de la democracia también son vulnerables a la agresión.
Ahora, como una sombra tenebrosa, el terrorismo llega a los países de la Europa Oriental, cuando observamos los viles atentados dinamiteros en las calles de Moscú. Se cree que los autores de los atentados son miembros de un frente denominado "Ejército para la Liberación de Daguestán", el cual se reivindica como gestor de los ataques. Informes también indican que los terroristas son de Chechenia y profesan la creencia musulmana. Otros reportes mencionan la participación de "Muhaidines" afganos y paquistaníes, discípulos del multimillonario saudita Osama Bin Laden, refugiado en Afganistán, el cual asesora a los elementos subversivos en el Asia, que pretenden ahora conformar una revolución generalizada en el Cáucaso ruso.
Como no han logrado sus aspiraciones debido a la contraofensiva de los rusos en el noroeste de la República de Daguestán, ubicada frente al Mar Caspio, una serie de escuadrones de la muerte se ha internado en las ciudades de Rusia, con el fin de aterrorizar la moral de los ciudadanos de esa nación, al mejor estilo de los terroristas musulmanes del Oriente Medio.
Cuando los guerrilleros o subversivos inician la agresión a los civiles y no a los efectivos militares, allí se muestra al mundo el verdadero origen de la causa rebelde. La muerte de personas desarmadas, que nada tienen que ver en las acciones del ejército ruso en Dauguestán, convierten a los rebeldes en verdaderos asesinos que atentan contra el orden público, dentro y fuera de Rusia.
Volvodosk, otra ciudad de la Federación rusa, se convirtió en el último blanco de los bombazos de los rebeldes chechenos. Nuevamente civiles perecen en el acto. Aunque la situación es interna dentro de esa nación de Europa Oriental, debemos repudiar la agresión, ya que puede provocar la desestabilización del Viejo Continente, incluso del mundo entero.

101 años de Panamá América

 
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