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Motivo y sentido de lo panameño


Al escuchar al profesor Pedro Luis Prados, y al profesor Julio Moreno Davis, prestantes ejemplos de la filosofía panameña, sentí la sensación de tener ante mí a jóvenes estudiantes de hace buen número de años. Se unían las imágenes de Isaías García, Alberto Osorio, Celestino Araúz, y tantos y tantos otros. El verdadero premio al educador, al final de su jornada, son estos recuerdos que le aseguran que su docencia ha germinado. Muchas gracias profesor Prado. Muy agradecido, profesor Moreno Davis.
Agradecido por las palabras de bienvenida del maestro Jaime Ingram, insigne artista panameño. Y ahora tengo que dar las gracias a los que ayudaron a hacer posible este libro, que es parte de mis escritos y publicaciones.
Al Dr. Gustavo García de Paredes, Rector Magnífico por su honroso prólogo y ayuda decidida.
A Editorial Universitaria donde fui acogido con simpatía por su director, el insigne maestro Jaime Ingram. Al que fuera su director Prof. Pedro Prados, quien me sugirió la forma y plan de trabajo.
Al Dr. Julio Moreno Davis por el magnífico trabajo de investigación que realiza en relación con mi labor académica.
A la licenciada Dafne Ramírez por su espléndida labor, programación y diseño, y por el noble dinamismo que le imprimió a todo el proyecto. Muchas gracias Dafne.
A Rogelio Rayter Vogel, corrector. Y a la profesora Efigenia Cedeño, editora.
Pasé magníficos momentos de diálogos con todos ellos.
Al artista Carlos Arboleda por su artística serigrafía del símbolo de nuestra Facultad, y a mi nieto Daniel Domínguez, quien se encargó de la fotografía.
Al INAC que acogió mi trabajo en sus ediciones del centenario.
A la profesora Ileana Gólcher con cuya atinada indicación se inició mi trabajo.
A los obreros de la imprenta. Es impresionante el número de personas que tienen que colaborar para dar debido remate a la edición de un libro.
Y a la que, aunque cito de última, es, en mi vida, la primera: mi compañera Norma, por su aliento y ayuda.
En relación con el texto, tal como explico al inicio, mi propósito es abrir trocha filosófica en el esfuerzo por encontrar una definición racional de lo panameño. Por ello a este esfuerzo de mis últimos años he incorporado una serie de trabajos de valor más bien histórico pero que tienen ese anhelo de encontrar el sentido de nuestra mismidad.
Me he remontado hasta 1946. Siendo un joven profesor escribí: "La universidad panameña, algunos aspectos de su misión", en los momentos en que se trataba de convertir nuestra Universidad Nacional en la Universidad Panamericana. Como le expliqué al Dr. Méndez Pereira, primera vez que me opuse al Maestro, por quien siempre he sentido admiración y aprecio, yo no me oponía a que se instalara entre nosotros esta universidad, la Universidad Interamericana. Me oponía a que sustituyera la Universidad Nacional. Para mí tenía la Universidad de Panamá una misión muy especial que cumplir: Ser la forjadora de nuestro ser nacional, por ello cité: Serás lo que debes ser y si no, no serás nada. Y la misión de nuestra Universidad es no solo la preparación profesional, sino mucho más esencial e importante, forjar el ser nacional a través de la cultura y el aprecio y cultivo de los altos valores del espíritu. Hay diplomas y condecoraciones con el nombre de Universidad Interamericana pero gracias a Dios prevaleció la Universidad de Panamá. Yo señalaba entonces lo que consideraba su misión. A través de todos estos años podemos decir, con toda honradez, que la Universidad cumple su misión, a pesar de las consiguientes trabas y dificultades.
Hoy en día se encuentra el actual rector Dr. Gustavo García de Paredes empeñado en una labor encomiable y noble de renovación. En sus inicios, y de esto doy fe como estudiante fundador, nuestra universidad se nutrió con el sacrificio de sus profesores, estudiantes y el Estado.
En alguna ocasión los profesores llegamos, a pedido del Maestro Méndez Pereira, a entregar nuestro sueldo de vacaciones para equilibrar el presupuesto universitario.
Los estudiantes promovían ferias y rifas para conseguir dinero con que alimentar nuestra incipiente biblioteca, recuerdo la asociación A.F.I.L.
Los profesores enseñábamos hasta 18 horas, en ocasiones 21. Se tenían clases los sábados y domingos y el horario empezaba muy temprano en la mañana. No tuvimos aumentos de sueldos, sino de horas. Se tenía un horario cultural: Los viernes universitarios en que se daban conferencias para el público; se publicaba una revista de la universidad sin pagar al director; se tenía una revista de los estudiantes pagada con avisos comerciales. Nosotros luchamos por nuestra universidad. Dedicarse a la docencia en forma completa es hacer voto de una vida frugal y de trabajo. Así surgen las universidades con el trabajo, sacrificio y dedicación de sus profesores y estudiantes y con el apoyo y aprecio del pueblo y del Estado que comprenden y admiran el trabajo intenso que se realiza en esa fragua de nuestro ser panameño que es la Universidad de Panamá.

(* Autor de la obra Razón y sentido de lo panameño. Ediciones del Centenario. Editorial Universitaria. INAC.)

101 años de Panamá América

 
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