Motivos para ser optimista
DE LO QUE SE TRATA es de volver a la enseñanza del vaso medio vacío, o medio lleno. Todo depende de con quien uno converse. Si se trata de la gente del pueblo, normal, como usted o como yo, se respiran aires de inconformidad.
Alto, ¿cuándo el panameño ha dejado de ser inconforme? ¿No es ser inconforme un síntoma de buena salud? Que la luz está por las nubes, que la gasolina, el diesel y el gas ya no se aguantan, que qué vamos a hacer con el elevado precio de la canasta básica familiar. Hasta ahora, nada que no sea cierto, y sobre lo cual, no sea legítimo protestar. Si usted le pregunta a los empresarios, preocupados por las nuevas cargas tributarias y de seguridad social. Si usted le pregunta a los trabajadores, preocupados porque el salario cada día les alcanza menos para comprar lo que antes sí podían con lo mismo.
Todo análisis coyuntural, exige, no obstante, hacer una evaluación de dónde vinimos, y, sin pretensiones grandilocuentes, hacia dónde vamos. Ya hoy nadie parece acordarse, de la crisis de los mercados asiáticos y de la crisis de los mercados latinoamericanos. Ya hoy nadie parece acordarse de la irresponsabilidad con la que gobiernos en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Uruguay, pero también en Panamá, manejaron la política de gastos públicos, llevándonos a una situación insostenible de déficit fiscal, que en algunos países, -gracias a Dios- no en el nuestro-, tocaron fondo, para sólo ahora comenzar a ver una tenue luz, después de un oscuro laberinto.
Hoy ya nos olvidamos que nuestras preocupaciones de ayer eran cómo íbamos a equilibrar las finanzas del Estado, cómo íbamos a encaminar la solución al problema de la Caja de Seguro Social y cómo íbamos a salvar al Estado panameño del camino de una situación de insolvencia y de quiebra, que nos iba a dejar postrados en una crisis peor a la de nuestros vecinos del sur.
Por supuesto que todos hemos asumido una cuota del precio que había que pagar para resolver estos problemas. Pero, sería injusto con nosotros mismos, pensar que el análisis debe quedarse en los problemas que tenemos hoy, y no ir más allá, y pensar en los problemas que intentamos solucionar a futuro. El pueblo tiene derecho a estar inconforme siempre. Y el pueblo tiene derecho a manifestar su inconformidad con todos los medios que la convivencia democrática pone a su arbitrio.
Hemos tenido un año difícil, y el que acaba de comenzar también se perfila como complicado. No obstante, a partir de los acuerdos que hemos logrado, ya se empieza a sentir, -todavía no lo suficiente-, un aire de optimismo sobre el futuro económico y social del país.
Hasta nosotros mismos, nos quedamos asombrados frente a la variedad de ofertas que hoy tenemos para los turistas que nos visitan (ecológico, de negocios, de compras, de playas y de altura). Tenemos a nuestro alcance la culminación de la negociación de un Tratado de Libre Comercio, con la nación más poderosa del planeta, que abrirá el mercado de 300 millones de habitantes del país más desarrollado del mundo, a los productos de exportación panameños. Y, en la perspectiva inmediata, tenemos un sinnúmero de mega proyectos de desarrollo, a los cuales hay que agregar, la singular oportunidad de ampliación del Canal de Panamá.
Regresando a la metáfora del vaso medio vacío o medio lleno. Siempre podemos quedarnos en la inconformidad que tenemos hoy. Depende de cómo quiera mirarlo cada cual.
Alto, ¿cuándo el panameño ha dejado de ser inconforme? ¿No es ser inconforme un síntoma de buena salud? Que la luz está por las nubes, que la gasolina, el diesel y el gas ya no se aguantan, que qué vamos a hacer con el elevado precio de la canasta básica familiar. Hasta ahora, nada que no sea cierto, y sobre lo cual, no sea legítimo protestar. Si usted le pregunta a los empresarios, preocupados por las nuevas cargas tributarias y de seguridad social. Si usted le pregunta a los trabajadores, preocupados porque el salario cada día les alcanza menos para comprar lo que antes sí podían con lo mismo.
Todo análisis coyuntural, exige, no obstante, hacer una evaluación de dónde vinimos, y, sin pretensiones grandilocuentes, hacia dónde vamos. Ya hoy nadie parece acordarse, de la crisis de los mercados asiáticos y de la crisis de los mercados latinoamericanos. Ya hoy nadie parece acordarse de la irresponsabilidad con la que gobiernos en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Uruguay, pero también en Panamá, manejaron la política de gastos públicos, llevándonos a una situación insostenible de déficit fiscal, que en algunos países, -gracias a Dios- no en el nuestro-, tocaron fondo, para sólo ahora comenzar a ver una tenue luz, después de un oscuro laberinto.
Hoy ya nos olvidamos que nuestras preocupaciones de ayer eran cómo íbamos a equilibrar las finanzas del Estado, cómo íbamos a encaminar la solución al problema de la Caja de Seguro Social y cómo íbamos a salvar al Estado panameño del camino de una situación de insolvencia y de quiebra, que nos iba a dejar postrados en una crisis peor a la de nuestros vecinos del sur.
Por supuesto que todos hemos asumido una cuota del precio que había que pagar para resolver estos problemas. Pero, sería injusto con nosotros mismos, pensar que el análisis debe quedarse en los problemas que tenemos hoy, y no ir más allá, y pensar en los problemas que intentamos solucionar a futuro. El pueblo tiene derecho a estar inconforme siempre. Y el pueblo tiene derecho a manifestar su inconformidad con todos los medios que la convivencia democrática pone a su arbitrio.
Hemos tenido un año difícil, y el que acaba de comenzar también se perfila como complicado. No obstante, a partir de los acuerdos que hemos logrado, ya se empieza a sentir, -todavía no lo suficiente-, un aire de optimismo sobre el futuro económico y social del país.
Hasta nosotros mismos, nos quedamos asombrados frente a la variedad de ofertas que hoy tenemos para los turistas que nos visitan (ecológico, de negocios, de compras, de playas y de altura). Tenemos a nuestro alcance la culminación de la negociación de un Tratado de Libre Comercio, con la nación más poderosa del planeta, que abrirá el mercado de 300 millones de habitantes del país más desarrollado del mundo, a los productos de exportación panameños. Y, en la perspectiva inmediata, tenemos un sinnúmero de mega proyectos de desarrollo, a los cuales hay que agregar, la singular oportunidad de ampliación del Canal de Panamá.
Regresando a la metáfora del vaso medio vacío o medio lleno. Siempre podemos quedarnos en la inconformidad que tenemos hoy. Depende de cómo quiera mirarlo cada cual.