Mucho atasco y pocas multas
Pocas cosas son tan molestas como los atascos en la ciudad. Las innumerables causas son difícil de mencionar en este espacio. No obstante, el que más sorpresa produce es el atasco vehicular que originan los propios policías de tránsito cuando sustituyen a los semáforos. Cuando esto ocurre, los sufridos conductores se apegan a sus respectivos santos para que la fila de automóviles que les ha tocado, pueda volver a circular, ya que los "especialistas" del tránsito disponen a su antojo qué carril van a detener por tiempo indefinido.
Lo más grave es que nadie comprende por qué no hacen lo mismo que los semáforos, o sea, dejar pasar de forma intermitente a cada carril. Es una medida sencilla y justa. Pero hacen todo lo contrario, y producen unos atascos que se asemejan a las peores manifestaciones callejeras. Los supervisores de tránsito deberían salir de sus oficinas de vez en cuando para comprender cómo se agrava la situación en las horas pico cuando ellos dirigen el tránsito.
Por otro lado, causa asombro que a estos policías se les cuela ante sus propios ojos los audaces "pizzeros". Los conductores de motos son, en general, jóvenes intrépidos e infringen casi todas las normas de tránsito. Se atreven a circular en las aceras de las calles, cruzan las vías en forma horizontal, tropiezan con los costados de los autos que se encuentran a su paso, circulan en dirección prohibida, frenan bruscamente y hacen "derrapajes" supuestamente controlados.
Los conductores que entregan comida rápida, auténticas pesadillas y un gran peligro para la seguridad vial, se han convertido en una amenaza pública y no hay quien les ponga orden o una multa siquiera. Así las cosas, los atascos, el manejo irresponsable, las autoridades que no resuelven y los "diablos rojos" se han convertido en células enfermas de un "cáncer social" incurable en la capital panameña.
Viteri, por su parte, cuestionó el hecho de que Oscar Antonio Morsvlich, alias "Oscarín", no compareciera a la reconstrucción, y con ironía dijo que éste no había acudido porque los rumores eran que le tenía un atentado. Aseguró que lo esperará en el 2026, cuando cumpla su condena.
Una fuente del Ministerio Público dijo que los sindicados se acogieron a su derecho de no participar en esta diligencia.
La fiscal Cecilia López manifestó que el adulto vinculado a la muerte de Pozo no acepta su participación en el crimen, y que el móvil podría ser producto de rencillas del narcotráfico.
Al respecto, Viteri no tuvo ningún reparo en decir nuevamente que la muerte de Pozo fue por un tumbe de drogas ocurrido en 1997, donde él participó, pero que ya pagó su condena.
Al transcurrir cuatro meses después del hecho de sangre, Viteri volvió a desafiar a las autoridades; esta vez denunció la complicidad del actual sistema judicial de proteger a los narcotraficantes colombianos y a los homicidas de Pozo. "Yo no tengo nada que ver ni fui el que maté", aseguró Viteri.
Aprovechó la oportunidad para criticar al ex fiscal de Drogas, Patricio Candanedo, de querer involucrarlo en un hecho de narcotráfico, debido a que aún no le han devuelto sus dos carros, el Lexus donde asesinaron a Pozo y el Toyota Sequoia, a pesar de que se demostró la procedencia lícita del dinero de su esposa.
Dijo que este fiscal armó el expediente donde involucró a tres colombianos, José Ibarguen, Roberto Suárez y Pablo Hurtado con el caso de Pozo, quienes son investigados por el blanqueo de B/.120 mil que estaban en un apartamento del hoy occiso.
"Johnny Pozo nunca estuvo con esos colombianos", aseguró Viteri.
"Si yo hubiese sabido que tenían esa plata, yo mismo se las quito", expresó Viteri.
"¿Dónde está tipificado en la ley en Panamá?; no existe el tumbe, existe la posesión, venta y el tráfico; ¿tumbe de qué?", les dijo Justiniani a las autoridades.
"Si un colombiano viene a Panamá y quiere 500 kilos, se los quiere comprar a David Viteri; yo le armo 500 kilos de tuco y yo voy por esa plata, es un delito relacionado con tucos, porque tucos es lo que estoy vendiendo y no droga".
"Lo que están haciendo es cuidando lo ilícito; a las personas que tienen que proteger es a la ciudadanía, no lo están haciendo; están protegiendo a los narcotraficantes y el que se mete en esto tiene que saber que le espera la cárcel o la muerte" reiteró Viteri.
Lo más grave es que nadie comprende por qué no hacen lo mismo que los semáforos, o sea, dejar pasar de forma intermitente a cada carril. Es una medida sencilla y justa. Pero hacen todo lo contrario, y producen unos atascos que se asemejan a las peores manifestaciones callejeras. Los supervisores de tránsito deberían salir de sus oficinas de vez en cuando para comprender cómo se agrava la situación en las horas pico cuando ellos dirigen el tránsito.
Por otro lado, causa asombro que a estos policías se les cuela ante sus propios ojos los audaces "pizzeros". Los conductores de motos son, en general, jóvenes intrépidos e infringen casi todas las normas de tránsito. Se atreven a circular en las aceras de las calles, cruzan las vías en forma horizontal, tropiezan con los costados de los autos que se encuentran a su paso, circulan en dirección prohibida, frenan bruscamente y hacen "derrapajes" supuestamente controlados.
Los conductores que entregan comida rápida, auténticas pesadillas y un gran peligro para la seguridad vial, se han convertido en una amenaza pública y no hay quien les ponga orden o una multa siquiera. Así las cosas, los atascos, el manejo irresponsable, las autoridades que no resuelven y los "diablos rojos" se han convertido en células enfermas de un "cáncer social" incurable en la capital panameña.
Viteri, por su parte, cuestionó el hecho de que Oscar Antonio Morsvlich, alias "Oscarín", no compareciera a la reconstrucción, y con ironía dijo que éste no había acudido porque los rumores eran que le tenía un atentado. Aseguró que lo esperará en el 2026, cuando cumpla su condena.
Una fuente del Ministerio Público dijo que los sindicados se acogieron a su derecho de no participar en esta diligencia.
La fiscal Cecilia López manifestó que el adulto vinculado a la muerte de Pozo no acepta su participación en el crimen, y que el móvil podría ser producto de rencillas del narcotráfico.
Al respecto, Viteri no tuvo ningún reparo en decir nuevamente que la muerte de Pozo fue por un tumbe de drogas ocurrido en 1997, donde él participó, pero que ya pagó su condena.
Al transcurrir cuatro meses después del hecho de sangre, Viteri volvió a desafiar a las autoridades; esta vez denunció la complicidad del actual sistema judicial de proteger a los narcotraficantes colombianos y a los homicidas de Pozo. "Yo no tengo nada que ver ni fui el que maté", aseguró Viteri.
Aprovechó la oportunidad para criticar al ex fiscal de Drogas, Patricio Candanedo, de querer involucrarlo en un hecho de narcotráfico, debido a que aún no le han devuelto sus dos carros, el Lexus donde asesinaron a Pozo y el Toyota Sequoia, a pesar de que se demostró la procedencia lícita del dinero de su esposa.
Dijo que este fiscal armó el expediente donde involucró a tres colombianos, José Ibarguen, Roberto Suárez y Pablo Hurtado con el caso de Pozo, quienes son investigados por el blanqueo de B/.120 mil que estaban en un apartamento del hoy occiso.
"Johnny Pozo nunca estuvo con esos colombianos", aseguró Viteri.
"Si yo hubiese sabido que tenían esa plata, yo mismo se las quito", expresó Viteri.
"¿Dónde está tipificado en la ley en Panamá?; no existe el tumbe, existe la posesión, venta y el tráfico; ¿tumbe de qué?", les dijo Justiniani a las autoridades.
"Si un colombiano viene a Panamá y quiere 500 kilos, se los quiere comprar a David Viteri; yo le armo 500 kilos de tuco y yo voy por esa plata, es un delito relacionado con tucos, porque tucos es lo que estoy vendiendo y no droga".
"Lo que están haciendo es cuidando lo ilícito; a las personas que tienen que proteger es a la ciudadanía, no lo están haciendo; están protegiendo a los narcotraficantes y el que se mete en esto tiene que saber que le espera la cárcel o la muerte" reiteró Viteri.