"Muerte a los malvados médicos"
Guillermo A. Cochez
El mensaje ha sido que debemos mandar al paredón a los irresponsables médicos; que los problemas son los médicos que atienden mal en su trabajo público, para luego apañar a esos pacientes en sus consultorios privados. El problema va mucho más allá de lo que plantea el gobierno.
Primero, no utilicemos la política para malas artes en la salud. No se debe humillar a un médico obligándolo a inscribirse en un partido gobernante para que lo nombren o que algunos “ayudan” a nombrar o a ubicar médicos a cambio de dinero como ocurrió en un gobierno pasado. Los nombramientos se deben hacerse en función de méritos académicos y según las necesidades concretas.
En segundo lugar, dotemos adecuadamente con insumos, equipos y medicamentos a los hospitales y centros de salud, y a los de difícil acceso con transportación adecuada. Más que pensar en aviones presidenciales, demos a los lugares alejados ambulancias y helicópteros. No más negociados en estos rubros de compras del Estado.
No se hacen operaciones porque no hay salones de operaciones adecuados; ni mamografías porque los aparatos están dañados. Diseñen más funcionalmente los salones de urgencia.
En tercer lugar, hay que regresar a lo que había antes: la medicina preventiva con programas, por ejemplo, como la vacunación, papanicolau y mamografías masivas, cargándole a algunos causantes de tantos gastos en nuestros hospitales, como las tabacaleras, los licoreros y los conductores irresponsables, que aporten considerablemente al financiamiento del sistema de salud, en función de los excesos que producen.
En cuarto lugar, promovamos la comunicación entre directores y funcionarios de los organismos de salud. Si quienes administran la salud no están en permanente contacto con los trabajadores del sector, conociendo de primera mano cuáles son sus necesidades, no habrá mejoras.
Por último, recomendamos a los buenos médicos, la mayoría, que denuncien y resuelvan con valentía los casos de malos tratos y falta de profesionalismo de colegas que tanto daño causan.
Si gobierno, políticos y médicos nos comprometemos a cumplir tales propósitos, seguro que los justos aumentos que reclaman serán atenuados. No me puedo imaginar que un médico como el dirigente Julio García, otorronilaringologo con 15 años de servicios al Estado, devengue B/. 1,300.00, mientras que viceministros, asesores o "botellas", sin estudio alguno ni talento visible pero con mucha palanca, sólo en salario reciben 6 ó 5 mil balboas al mes.
Creo que los que hay que matar por irresponsables son a otros.