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Mujer, a creer en ti




Obispo y vicario de Darién

Jesús dice en la Palabra. "Les aseguro que el que no entra en el redil de las ovejas por la puerta es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta es el pastor que cuida sus ovejas". (Jn. 10.1-2). Jesús se llama a Sí mismo "el buen pastor" y a nosotros "ovejas", porque estos son animalitos muy vulnerables e indefensos y eso somos en verdad. Nos rodeamos de posesiones, amistades y familiares y no ponemos máscaras de autosuficiencia, poder o astucia para aparentar que somos importantes y fuertes. Pero, a la hora de la verdad, somos simples criaturas humanas desamparadas y dependientes de Dios. Cuando enfrentamos momentos difíciles o críticos, como una enfermedad grave, una situación como la que ustedes están pasando o la pérdida de lo que creíamos esencial en la vida, como dinero, un negocio o la casa, descubrimos la cruda realidad de nuestra pequeñez, insignificancia y debilidad.
Jesús dice que hay ladrones, salteadores, gente que no entra por la puerta, sino que salta por detrás, roba, mata o vende las ovejas. O cuando llega el lobo sale corriendo y las dejas solas (Jn 10. 12-13). Yo me atrevería a decir que eso les ha sucedido a muchas de ustedes que permitieron que un salteador o impostor entrara por la puerta trasera y no por la de la honradez y la decencia. Luego, las manipuló, las engañó y utilizó para sus fines oscuros y falsos. ¿Dónde están ahora esas supuestas amistades, esos falsos amigos? Ya se habrán dado cuenta que no eran realmente amistades auténticas, sino que sólo las utilizaron para sus negocios ilícitos, asegurando que nada les pasaría. La gente que está entregada a Satanás no le importa usar a cualquiera para satisfacer sus deseos y ansias de poder o dinero: son capaces de lo que sea para lograr sus fines. Algunas personas, quizás en un momento de angustia, por necesidad o lo que sea, caen en la tentación y la trampa y se convierten en tristes víctimas, con consecuencias serias para ellas y sus familias.
Vivimos en un mundo muy machista, en el que el hombre se apropia a la mujer y la utiliza como su esclava, empleada o un simple objeto. La culpa es, en parte, de la mujer, porque se hace cómplice de esto cuando baja la cabeza y acepta que el hombre la use y abuse de ella, y su silencio es una de las causas del machismo, que seguirá mientras existan mujeres sumisas que aguanten y crean que la única forma de conseguir un hombre es por medio de su cuerpo. Esto denigra, ofende a la mujer y daña a la humanidad. Satanás intenta siempre destruir a la mujer, porque ella es el eje de la familia. La mujer exigirá respeto cuando se respete a sí misma, pero fracasará mientras insista en andar semidesnuda por las calles, exhibiendo su cuerpo, porque el hombre solamente la buscará por placer y cuando ya no le sirva, la despachará y buscará otra. Valore quién es y lo que vale. Valore más la magnitud de sus ideas y su inteligencia que las medidas de su cuerpo. Será valorada en la medida en que demuestre su capacidad intelectual, su entereza moral y su fuerza de voluntad. Las que son madres, procuren educar y formar bien a sus hijas desde pequeñitas en esas ideas para que no sean otras víctimas de este mundo tristemente machista. Como mujeres, son en verdad maravillosas, tienen un plan que cumplir en la vida.
La gran maldición de la humanidad es la búsqueda del hombre o la mujer por placer. El que propone cosas inmorales es un indecente que estará con usted mientras le sirve de utilidad, pero después la tirará como un zapato viejo. Pobres muchachitas que creen en los mentirosos que se aprovechan de ellas, salen embarazadas y después quedan solas con uno o varios hijos. Si desde el inicio abren bien los ojos, reconocerían que un hombre indecente no les conviene. Nunca le abra la puerta de su vida al que no llame a la puerta ni al que llega con malas intenciones, o sea, que no sea honrado, honesto y decente, aunque le ofrezca todo el oro del mundo, porque al final le saldrá muy caro.
Despójese de las máscaras que se ha puesto en la vida, de autosuficiencia, orgullo, vanidad, de creerse eterna, porque eso es falso. Somos diminutos ante el insondable misterio de la grandeza de Dios, como un poco de arena en una playa inmensa. Pero con Cristo nos convertimos en una roca que nadie puede taladrar ni partir. El que no se percata de eso estará siempre pendiente de cosas externas para poder sonreír y cometerá las acciones más reprochables para obtener lo que desea. Pero, después que las tiene, sigue con la cara agria, triste y rabiosa, porque nada le da felicidad.
Doy gracias a Dios y espero que aproveche este tiempo para buscar un encuentro más profundo con El y con usted misma para lograr una renovación profunda en su alma y su corazón, y salga de aquí dispuesta a desarrollar una tremenda personalidad, recia, fuerte y sólida. Purifíquese de toda actitud negativa y libérese de cualquier amistad que no le convenga. Este es el momento en que el Señor la llama para que despierte, rompa sus cadenas y se convierta en una mujer nueva, diferente, capaz de transformarse y transformar el mundo y el ambiente en que vive.
Jesucristo, el buen pastor, dice "Yo soy la puerta, el que entre por Mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". (Jn 10.9-11) Al entrar por la puerta de Jesús, aparece un mundo nuevo y maravilloso, donde no se necesita mucho para ser feliz y donde la felicidad auténtica nace de adentro hacia fuera, no de afuera hacia adentro. Si usted necesitará muchas cosas para ser feliz, aquí o en otro lugar, y ese estado de felicidad sólo la alcanzará al descubrir el tesoro que hay en el interior de su corazón y su alma. Entre por la puerta que es Jesucristo, el Salvador, porque es el único en quien puede confiar total y plenamente. Las otras puertas son falsas y usted lo sabe porque no le han conducido a nada bueno. Propóngase renovada, reconstruida interiormente, con fuerza, valentía, coraje y deseos de vivir, luchar, amar y servir. Recuerde: Con Dios, usted es.... ¡Invencible!

101 años de Panamá América

 
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