Mujer, eres un cuadro pintado por Dios (II)
Pues quiero decirte que tú eres un cuadro hermoso pintado por Dios. Pero muchos han contribuido a que estés en el sótano de tu propia estima, despreciándote por lo que piensas de ti. El tiempo ha ido llenando de polvo, moho y telarañas la pintura de tu propia existencia. Poco a poco ese cuadro ha ido perdiendo brillo y te has ido colocando en la trastera de la vida, despreciándote.
Te quiero decir que ese cuadro pintado por Dios y que eres tú misma, es realmente hermoso, maravilloso y lindo. Es la obra más bella que se ha hecho, porque fue pintado por Dios. El modelo por el cual Él pintó ese lienzo fue Él mismo y tú eres una de sus obras perfectas. El problema es que ese cuadro se metió en el sótano, en la trastera de tu propia estima y se quedó olvidado allí. Todo el sistema actual contribuye a que pienses que no vale la pena que lo saques de allí, porque se vive con la absurda idea de que solamente es bello el cuadro que tiene un marco de oro, o sea, ropa fina, cuerpo esbelto, carro y casa lujosa y dinero. ¡Falso!, es una idea maligna promovida por Satanás, el padre de la mentira. Tristemente, tú eres la primera persona en decir que ese cuadro es feo y no vale ni diez centavos. Te valoras por el peso que tienes y los medios materiales. Te desprecias continuamente. Cuando haces eso, te ofendes a ti misma y al autor de esa bella obra que eres tú, Dios nuestro Señor. Ese cuadro que eres tú misma es valiosísimo porque lo pintó Él. Tú eres hermosa, linda e increíblemente perfecta, porque estás hecha a imagen y semejanza de Dios.
Para toda madre, su hijo o hija es la criatura más importante y bella del mundo. Pues eso es lo que siente Dios al verte a ti. Cuando tú no te valoras como debe ser y además te crees lo que dicen esos ciegos ignorantes que te dicen que solamente valdrás cuando tengas esa figura física sensual, tanto dinero o hagas tales cosas, contribuyes a “asesinarte mentalmente” negándote toda posibilidad de superación. A romper ya ese hechizo diabólico que te consume en la oscuridad de una trastera húmeda y maloliente, la de tu propia condenación personal por no verte como se ven las supuestas triunfadoras del mundo.
(Sigue el próximo sábado).