Municipios y sentido común
Naturalmente, es condición indispensable para una ética nacional inspirada y consagrada en los mejores principios constitucionales del país, estar dispuestos a someter a crítica no sólo cualquier decisión municipal o de cualquier institución del Gobierno Nacional sino, incluso, aquellas cuestiones que han sido inspiradas como verdades absolutas irrenunciables.
Pero, una vez dicho esto, es también una condición racional y de sentido común saber que los tiempos modernos exigen de los gobernantes razonar con transparencia y justificar ante la opinión pública continuamente cualquier proyecto y programa que se esté pensando en evaluar como alternativa para solucionar los problemas nacionales, especialmente aquellos no resueltos y que están agobiando actualmente la ciudad capital.
Nunca antes la capital panameña ha estado sometida a los dolorosos estertores del crecimiento como ahora. Esto exige que las autoridades municipales estén prudentemente distanciadas de los intereses comerciales que animan el vertiginoso desarrollo que observan propios y extraños, y puedan identificarse -principalmente- con las necesidades de la población en general con todos sus sentidos bien puestos, ya que por todos los medios se intenta colar la mal concebida "modernidad" a la población que reside en esta importante ciudad.
Pero eso no está ocurriendo. El silencio es la norma municipal, mientras se arrasan los espacios, los pasados melancólicos de viejas residencias y se crean villas fantasmagóricas y surgen nuevas vallas comerciales y hermosos edificios con que se intenta tapar la permanente insalubridad de las vertientes de los ríos citadinos y el estruendo vehicular.
La ciudad de Panamá es un retrato del pueblo panameño y los municipios son los órganos de gobierno más cercanos a su gente; de allí que le corresponde a sus funcionarios, especialmente a los alcaldes, vertebrar el diálogo nacional sobre la ciudad que somos y queremos ser. Es un asunto de sentido común únicamente. Lo demás es meramente pasajero y pura demagogia política.