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"Murió a contramano entorpeciendo al público"


CHICO BUARQUE escribió y cantó (lástima que no podemos escuchar la música) hace muchos años esta hermosa y perdurable canción dedicada a los obreros de la construcción. A pesar de su distancia creativa, la misma tiene hoy para los panameños el significado y el valor que el cantautor le otorgó en su momento. Cada vez que fallece un obrero de la construcción en circunstancias dramáticas, la recuerdo. Se refiere al obrero que se levanta en la mañana y sube "a la construcción como si fuese máquina, alzó en el balcón cuatro paredes sólidas, ladrillo con ladrillo en un diseño mágico, sus ojos embotados de cemento y lágrima". Y luego en una circunstancia imprevista, interprétese, sin las adecuadas medidas de seguridad, "flotó por el aire cual si fuese un pájaro, y terminó en el suelo como un bulto fláccido, y agonizó en el medio del paseo público. Murió a contramano entorpeciendo el tránsito".
Este año, según las estadísticas, han muerto 13 obreros de la construcción y la causa ha sido precisamente la falta de protección a un trabajo en el cual se cimenta hoy el mayor porcentaje de la riqueza nacional. La última víctima, felizmente salvada, aunque con secuelas irreversibles, flotó en el aire cuál si fuese un pájaro, 42 pisos, y en esa trayectoria por su cabeza deben haberse cruzado las imágenes del último beso a sus hijos, de las promesas no cumplidas y de esa rara sensación de volar sin querer y sin futuro al acercarse a un pavimento, frío y hostil.
Esta ciudad que se empeña en ser una megápolis va construyéndose con un paso acelerado y así de aceleradas y de urgentes deben ser las medidas que se tomen al respecto. Estamos construyendo edificios para que sean habitados por seres humanos, pero nos olvidamos del valor y la riqueza humana de quienes lo construyen. De acuerdo con las reglas del capital, la riqueza genera riqueza; pero en la rama de la construcción no estamos tomando en cuenta el sacrificio humano y la irreparable pérdida para las familias y para la sociedad, sólo pensamos en las riquezas. Uno es mucho. Trece son demasiado y es aquí en donde hay que hacer el alto.
Saramago en su novela "Levantado del Suelo", cita a Almeida Garret cuando dice.. y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico.
Nuestra ciudad se construye nuevamente en base a ese trabajo desproporcionado. A esa malla que debe proteger, pero se compra al menor costo posible; a esas botas gastadas que se deslizan con facilidad; a ese arnés que se ve y se siente endeble y a esa salud de ese obrero que no tiene protección social, al que no se le paga seguro, pero que trabaja en una construcción cuyos pisos llevarán las mejores baldosas, los más finos acabados, y a ese olvido, a esa displicencia, también se le llama, corrupción, doblemente pecaminosa, porque conlleva la vida de un ser humano.
Esa desgracia invencible a la que se refiere Almeida Garret se le puede detener con medidas drásticas tomadas tanto desde el sector gubernamental como de la empresa privada, en especial, que debe ser consciente que su prosperidad debe ser compartida y que es su deber proteger a quienes ven en el auge de la construcción un modus de vida decoroso del cual deben beneficiarse y que le dan a este negocio, el valor más importante: su trabajo cotidiano.
Trece, número innecesario pero suficiente para detener esta agonía de los trabajadores "en medio del paseo público". Parece que será irremediable caminar por esta ciudad sobre el pavimento, pero ese pavimento no debe estar mezclado con cemento y sangre.

101 años de Panamá América

 
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