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Murió de hambre


Consternado y desesperado, Francisco Pérez, trabajador informal de la jardinería se apareció el sábado 11 de febrero narrando con voz casi inaudible y atragantada por los sollozos, como su nieta de 2 meses de nacida, acababa de morir de hambre. Francisco es un hombre de 45 años de edad, cuya esposa murió de cáncer hace cuatro años, dejándolo a él y a cinco niños solos. La hija mayor solo contaba con 9 años y la menor dos años. En esa ocasión la desesperación lo aprisionó, se dio por vencido y ofreció regalar los niños, pero las voces de aquellos que ocupaban sus servicios, a sí como las ayudas eventuales que les ofrecían, le hicieron desistir de tal idea. Por la intervención de algunos de sus protectores, el MIVI le convirtió sus choza de Arraiján en una vivienda de cemento, pero a Francisco le faltó el seguimiento del MIDES, del Departamento Social de la Alcaldía de Panamá, y de tantas Instituciones de Bienestar Social para ayudarle en la atención socio educativa de su prole.
Francisco salía a trabajar todos los días y en casa quedaban los niños al cuidado de la más grande, que para los efectos de este artículo llamaremos Teresa. Ella, de apenas 13 años, es otra niña que privada de su infancia no alcanzaría a desarrollar su pubertad como "Dios manda", ya que un joven la enamoraría dejándola embarazada aumentando más el peso que Francisco tenía que llevar a cuestas.
Por supuesto que los hijos de Francisco carecían de los nutrientes básicos para una saludable alimentación. Les daba lo que podía con los ingresos que se procuraba de su jardinería informal y de lo que recolectaba de los clientes a quienes atendía. Todos sus hijos, incluido él, padecen desnutrición. Con frecuencia cuando trabaja "se le baja la azúcar" y hay que auxiliarlo con café. Teresa, desnutrida como los demás niños, no podía gestar un bebé sano para sobrevivir en las condiciones infrahumanas en que residen.
Aquí la oportunidad era de menos cero, si consideramos que la alimentación de la bebé era agua con azúcar. La apuesta estaba perdida, pero no sólo por la falta de recursos de Francisco sino por la falta de interés de quienes le rodeamos, pues no fuimos capaz de advertirle que el padre Emiliani tiene excelentes centros de recuperación de niños desnutridos, de aquellos que le construyeron la vivienda, pero se olvidaron de darle seguimiento social a la familia. De una sociedad con una alta concentración de riqueza donde los magistrados, diputados y altos funcionarios, tienen prebendas. En otras palabras se las merecen, pero Francisco y su nieta no, son ciudadanos de segunda clase, por eso no nos alarma que mueran de inanición.
Ahora bien, frente a la muerte de la hija de Teresa sólo podemos elevar nuestra protesta ciudadana por la trasgresión de todas las normas y convenios firmados por el Estado panameño. De hecho dentro de una supuesta campaña contra la violencia, pareciera que la violencia se empeña en hacerse más elocuente sobre todo cuando se trata de cobrar vidas, como las femeninas (el caso de las asesinadas del Deli Gourmet ) o el de la bebé de Teresa, cuya discriminación comenzó desde que un sujeto consideró que podía abandonar a una niña embarazada, como resultado de los arquetipos culturales que convencen a los varones de que la mujer es una propiedad utilizable a su voluntad. Independientemente de las normas y las leyes, hace falta más que eso. No sólo se trata de leyes y burocracias, se trata de afinar y operacionalizar las normas para que sean verdaderamente accesibles a quienes las necesiten sin tanto papeleo y vericuetos, para que Francisco Pérez hubiese recibido la ayuda del padre de su nieta tal vez no hubiera muerto de hambre. ¿Cuántos Franciscos y cuántas Teresas no cruzan por nuestro lado todos los días del año?
Teresa y todos los hijos de Francisco crecerán, si ganan la apuesta, con deficiencias de nutrientes especialmente de calcio. Las niñas con mayor predisposición que los varones, perderán calcio y se afectarán sus huesos y sus dientes, sobre todo por la baja fluorización del agua y la falta de nutrientes, pero nos queda el consuelo de que cuando sean mayores podrán beneficiarse con una prótesis dental que les hará elevar su auto estima y esbozar lindas sonrisas para paliar el hambre.

101 años de Panamá América

 
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