Nancy Pelosi, en Estados Unidos, y la Asamblea panameña
Nancy Pelosi es una de las personas más poderosas de los Estados Unidos (como Speaker of the House of Representatives o Portavoz de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense), siendo la tercera persona en línea en poder ocupar la presidencia de Estados Unidos (EE.UU.) en caso de que algo le sucediera a Obama y Biden. Es una líder política que se autodenomina "católica fiel", siendo una ferviente defensora del aborto en todos los sentidos, luchadora antivida. Afirmó en una ocasión en un canal de televisión que sus creencias no contradecían la fe católica, analizó a Tomás de Aquino haciendo ver que conocía más sobre el dogma que la Iglesia misma. Desafió a los Obispos, quienes la han reprendido públicamente e insiste en recibir la Santa Comunión, a pesar que se le ha prohibido.
Recientemente solicitó una visita oficial de Estado al Vaticano, para hacer de ésta una visita de alto perfil y tener fotos al lado del Papa, que hubiera querido publicar a su regreso. Publicaciones mencionaron que hasta llevó fotos de su familia para enseñarle al Papa.
El Vaticano no permitió se tomaran fotografías. Más bien, Benedicto XVI aprovechó para recordarle a la portavoz acerca de la verdad que enseña la Iglesia Católica sobre los males de la anticoncepción y el aborto. Tal como fue publicado por la Oficina de Prensa del Vaticano: "El Santo Padre aprovechó para hablarle a Nancy de lo que la ley moral exige y lo que la Iglesia Católica enseña sobre la dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, obligatorio para todos los católicos, especialmente para los legisladores, juristas y todos aquéllos que son responsables por el bien común de la sociedad, quienes deben trabajar en cooperación con todos los hombres y mujeres de buena voluntad en crear sistemas justos de leyes que protejan la vida humana en todos los estados de su desarrollo".
Públicamente ha sido puesto en evidencia que la posición de Nancy Pelosi sobre el aborto es incompatible con la de un católico. Es lo más fuerte en el lenguaje papal acerca de excomunión. Esto es una voz de alerta para todos aquellos que tienen -por elección del pueblo panameño- la misión de legislar en nuestro país, respetando, en primer lugar, la Ley de Dios. Hago una analogía con algunos legisladores locales que actúan en forma similar a Nancy Pelosi.
Estos legisladores pretenden resucitar el mamotreto jurídico denominado "Proyecto de Ley sobre Salud Sexual y Reproductival, que fue "engavetado" hasta esperar las nuevas sesiones legislativas antes de las próximas elecciones. El proyecto de ley bajo el amparo de supuestos derechos humanos abre las puertas al aborto y le da autonomía a los menores para la toma de sus decisiones en sexualidad y reproducción. Sí, necesitamos una eficiente educación sexual; sin embargo, para ello no se requiere de una ley. Que lo digan los padres de familia y los educadores. Este proyecto conlleva otros propósitos.
Es una incongruencia inconcebible que se esté contra la pena de muerte (objetivo muy loable) y a la vez se esté a favor de la ley del aborto (objetivo muy detestable), que no es más que el asesinato de un hijo por parte de su propia madre. Es por ello que nuestros legisladores, que en su mayoría son cristianos y católicos, no pueden pasar por alto el llamado, que públicamente hace nuestro Guía y Pastor, el Santo Padre Benedicto XVI: que ellos tienen una gran responsabilidad de aprobar leyes que protejan la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural, lo que conlleva a la protección del no nacido. Aprobar el proyecto sobre salud sexual y reproductiva va contra la ley natural.
Ojalá que todos nuestros diputados, que son los que legislan, reflexionen con lo que le ha pasado a Nancy Pelosi, y sepan que los ciudadanos estarán atentos para dar su voto en las próximas elecciones a aquellos candidatos que tengan una verdadera conciencia humana y cristiana, y estén en contra del aborto y a favor de los valores éticos y morales.
Tengamos presente que con los principios y valores de la vida no se juega y que aprovechen sus cuatro meses en el poder para reparar daños que puedan tener repercusión tanto en su vida espiritual como en el bien común de la sociedad panameña.