Napoleón Bonaparte (1769 – 1821)
Del conjunto de las narraciones íntimas de su vida, reproducimos hoy algo que escribió Napoleón en una ocasión durante su cautiverio en la isla de Santa Elena.
“Cuando entré por primera vez en Italia era yo joven y tenía la viveza y el fuego de la juventud; el conocimiento de mis fuerzas y el deseo de ensayarlas. Los veteranos bigotudos desdeñaban en mí a ese general barbilampiño, pero en breve mis ruidosas hazañas los impusieron silencio; mi conducta severa y mis austeros principios les parecían cosa extraña en un joven salido de la revolución. Por donde yo iba, los aplausos llenaban el aire. Todo dependía de mí; sabios, ignorantes, ricos, pobres, magistrados, clero, todos estaban a mis pies; mi nombre era repetido con fervor por los italianos. Confieso que este concierto de homenajes me exaltó y llenó de tal modo mi espíritu que me hizo insensible a todo lo que no fuera la gloria; no soñaba más que en la historia y en la posteridad.
Las hermosas italianas hacían ostentación de sus atractivos, pero yo me mostraba insensible; verdad es que se desquitaban con mi comitiva. ¡Qué gloria la de aquellos tiempos!”.