Narcoimperialismo
El término “imperialismo” lo creó el economista liberal inglés, J. A. Hobson (1858 - 1940). Ver su obra: “La evolución del capitalismo moderno”.
Los norteamericanos inventaron la droga conocida como “crak” o “piedra”. Con el método del “blow up” cocinaron la cocaína mezclada con un anestésico llamado "procaína". Se logró transformar el polvo en rocas, que podían ser fumadas en pipas. Por cada quilo de cocaína, se lograban tres quilos de “rocas”. La “piedra” se convirtió así en "la cocaína de los pobres", y hoy provoca una virtual devastación en las comunidades pobres, no sólo de EU, sino del mundo entero. El “boom” del “crack” en EU y su irradiación al resto del mundo, es directa responsabilidad de la Central de Inteligencia (CIA) que organizó el tráfico de cocaína, para financiar la organización de derecha llamada “contra” a comienzos de 1980 que –desde Honduras- libró una guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua.
El Gobierno norteamericano hace muchos años, está diciendo que lucha contra el “narcoterrorismo”, refiriéndose exclusivamente al movimiento social insurreccional colombiano. Pero ha mantido en Colombia una amplia alianza con aquellos carteles que aceptan las condiciones que les imponen la CIA y el Pentágono. Son reglas sencillas: a los carteles les dejan aumentar sus exportaciones de cocaína a cambio de perpetrar “limpieza política” a los disidentes del sistema político neoliberal, con lo que aplican una lógica perversa de “perpetuar” los carteles y no de “acabarlos”.
La Fiscalía de EU ha ingresado múltiples veces a Colombia, para pactar secretamente el sometimiento de los narcotraficantes a espaldas del sistema judicial colombiano. Son centenares los sometidos que han pagado fianzas individuales que oscilan entre 10 y 20 millones de dólares, y a cambio reciben varias docenas de visas de residentes para vivir e invertir sus capitales en EU.
Se acusa a los luchadores sociales de atentar contra la estabilidad del Área Andina de Sudamérica. EU se considera guardián de esta parte del globo. Sus pretensiones de control regional están siendo obstaculizadas no sólo por la guerra de clases colombiana, sino también por los procesos sociopolíticos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.
La excusa de la lucha contra el "narcoterrorismo" es perfecta, pues no sólo se gana las simpatías de quienes están contra las ideologías de izquierda, sino también de quienes odian el narcotráfico. Quienes pretenden financiar las luchas sociales con el negocio del narcotráfico le están haciendo el juego al narcoimperialismo, cuyo objetivo real no es acabar con este flajelo sino "controlarlo". ¿A quiénes les conviene que haya una población lumpen, enloquecida por las drogas, que se organiza sólo para consumir y/o vender, y no para resolver los grandes problemas sociopolíticos que nos aquejan?