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Narcos, banqueros y criminales


EL 23 de agosto de 2006 escribí un artículo en este diario con igual título. Me refería al libro del argentino Juan Salinas, así mismo llamado, que dedicaba varias líneas a Panamá sobre el aún no resuelto caso de Alas Chiricanas, en donde murieron varias distinguidas personas y algunas que podrían tener nexos con actividades ilícitas. Si bien el caso nunca concluyó, siempre a su alrededor se han tejido toda clase de conjeturas, mencionándose personas importantes. Lo vivido en los últimos días amerita por su vigencia que lo repasemos.
Según expliqué aquella vez producía "terror de que nuestra sociedad, al igual que ocurre en otras, se reparta entre los poderosos del dinero, las drogas y otros criminales", según describe el libro, "y que termina siendo una sociedad al servicio del crimen organizado, al que todos los sectores de la sociedad -en una forma u otra- le rinden pleitesía y son sometidos a sus inconfesables deseos". Casi que semanalmente los medios de comunicación nos traen noticias de secuestros, ejecuciones, asesinatos, tumbes, redadas, capturas de drogas y de efectivo, etc.
Los últimos días han sido determinantes para demostrar a los panameños la fragilidad de nuestras instituciones para combatir flagelos como el lavado de dinero y el tráfico de drogas. También han sido determinantes para reflejarnos la debilidad de nuestras autoridades para enfrentarlos. Sólo con ver las declaraciones del encargado de la Unidad de Análisis Financiero, Amado Barahona, hemos quedado atónitos, cuando éste dijo que por las actuaciones de un funcionario bancario no se puede culpar a un banco. ¿Entonces quiénes representan a los bancos, y los obligan con sus actuaciones, sino sus propios ejecutivos? ¿O acaso los bancos sólo lo constituyen los edificios donde están ubicadas sus instalaciones? Las tibias declaraciones de la Superintendencia de Bancos, así como de la Asociación Bancaria de Panamá, reflejan por igual que lo que se busca es tapar el sol con las manos y no aceptar, con valentía y arrojo, que por estar pensando solamente en el crecimiento del centro bancario y el supuesto beneficio que produce para el país, se esquiva la mirada para permitir que algunos pocos -no todos gracias a Dios- hagan en sus bancos lo que a bien les venga en ganas. Me consta que privadamente los banqueros serios -inclusive las autoridades- saben quiénes son sus cuates que violan las reglas, y hasta los desprecian privadamente, no en público.
La declaración más preocupante ha sido la de la Procuradora General de la Nación, quien saltó a ese puesto directamente de un banco donde actuaba como Asesora Legal. Ella ha dicho que por lo que hasta el momento se conoce no es necesario investigar a ningún banco, cuando a estas alturas eso es algo que no se puede determinar y ella debería mantener silencio -por el cargo que ocupa- sobre lo que sus subalternos investigan. ¿Cómo es posible que un banco que en el 99 tenía activos por 800 millones de dólares, hoy, 8 años después, supere los 3.500 millones? ¿Se consideraría ese incremento como un indicio de que las cosas han crecido demasiado rápido? ¿No deberían esas estadísticas ser examinadas por alguien? Esas mismas preguntas se las hacen otros banqueros, pero privadamente.
Porque me ha interesado siempre el tema, ya que mi padre estuvo vinculado con la banca nacional por más de 45 años y he enseñado Derecho Bancario en la Universidad de Panamá por más de una década, he seguido con detenimiento lo que hemos visto en los últimos días y que no refleja otra cosa que un sistema inoperante para atacar frontalmente tan graves flagelos. Las actitudes de algunos políticos han sido por igual tímidas, porque de una forma u otra, hay bancos que se convierten en grandes patrocinadores de las campañas, así como hay otros, como podría asegurar del Banco General, que tienen como política no "invertir" ni un centavo en esas actividades. Y cuando se "invierte", por ejemplo, donando grandes sumas de dinero o dando gratis espaciosas oficinas por varios años, lo que se espera de regreso es aquello de "conmigo no se metan".
Hace unos días un amigo me comentaba que algunos políticos, poco a poco, por esto del excesivo costo de las campañas, se van convirtiendo en parte del holding de algunos grandes conglomerados económicos, algunos hasta propietarios de bancos. Se doblega así el interés del país, a ese interés subalterno de los que más tienen y nunca saciarán sus ansias para, al precio que fuera, seguir acumulando más. Porque nos preocupa lo que pasa en el país, tenemos que poner un alto a esta peligrosa tendencia, que terminará corroyendo los cimientos de lo poco que nos va quedando de institucionalidad. No se puede servir a Dios y al Diablo al mismo tiempo.
cochez@cableonda.net

101 años de Panamá América

 
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