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Natá de los "Caballeros"


El 7 de enero de 1520 se fundó la ciudad de Natá de los "Caballeros", como base militar española contra las huestes del cacique "Urracá". De él tuvieron noticias los españoles por primera vez en 1519 cuando el capitán español Gaspar de Espinoza volvió a incursionar por la península de París (hoy Azuero) en busca de oro.
Ya Espinoza había estado por Azuero en una primera ocasión en 1516 para recuperar un tesoro valorado en 30 mil pesos de oro que el cacique París había escondido en las montañas de Quema, y que era el producto de los asaltos y secuestros que los españoles al mando de Gonzalo de Badajoz cometieron en un accidentado recorrido por las llanuras de Coclé en 1515.
Como mencioné anteriormente, en 1519 Espinosa volvió a incursionar por Azuero. Fue en esta ocasión que los españoles, gracias a informes recogidos en la isla de Cébaco, tuvieron noticias de Urracá, el invencible caudillo de las sierras de Veraguas de quien se decía que tenía mucho oro. Entonces la comarca de "Veraguas" o ¿"Bera Gwa"? ("pez robalo" en el idioma de los Ngöbe), se extendía desde Natá hacia el occidente, incluyendo lo que son hoy las provincias de Veraguas, Chiriquí, Bocas del Toro y la comarca Ngöbe-Buglé.
Espinosa, al escuchar por vez primera decir que en los dominios de Urracá había mucho oro, no despreció la ocasión para hacer una primera incursión hacia estas montañas, pero este astuto indio, preparado para el combate, rechazó a los españoles con bravura.
Fue así como, a solicitud de Espinosa, se fundó el fuerte de Natá.
De vez en cuando Urracá atacaba la población y mantuvo una lucha sostenida contra los invasores a través de nueve años consecutivos. En esa lucha pereció el capitán Alonso de Vargas con la mitad de su gente. Además, Espinosa, Pedrarias y Francisco Pizarro, conquistador del Perú, mordieron el polvo de la derrota.
El gobernador Pedrarias nombró a Francisco de Compañón -uno de los "caballeros" de Natá- como jefe encargado de la lucha contra Urracá. Compañón abrió un capítulo de pláticas amigables con él.
Confiado el indio en la caballerosidad de su rival, concurrió a una conferencia que se verificó en Natá dizque para concertar la paz. La caballeresca conducta de Urracá fue castigada con la traición, pues al concurrir a la cita, le apresaron, y cargado de grillos y cadenas lo condujeron a Panamá. Después, a Nombre de Dios, de donde pensaban embarcarlo para España.
Dos días antes de zarpar el buque, el indio escapó de su prisión y volvió a guerrear sin tregua ni fatiga contra los invasores.
Tanto la historia oficial como la tradicional coinciden en que Urracá murió en medio de su pueblo, ya viejo, maldiciendo como él mismo lo dijo: "A quienes no guardan la fe que prometen, ni palabra ni paz".

101 años de Panamá América

 
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