Navidad
Aun cuando los intereses crematísticos pretendan enmascáralo bajo una densa y opaca capa tejida con el hedonismo y el individualismo mercantilista, el sentido profundo de la Navidad aparece diáfano en toda su luminosa transparencia para todo aquel que quiera acercarse al mismo con un profundo sentido de humildad. Para encontrarlo basta con recordar a quien en el año 1223 introdujo la tradición de representar el nacimiento de Cristo en forma de portal, porque, sin duda alguna, el Santo de Asís es acercamiento a los pobres y proximidad a la naturaleza.
Se trata, en efecto, de una tradición que, entendida en su esencia, nos recuerda el Cristo que nace pobre y entre los pobres, anunciando la buena nueva de su liberación. Es así que la Navidad en un mundo donde, como nos recuerda la FAO, existen cerca 1,020 millones de personas que padecen de desnutrición, y en el que la sexta parte de la humanidad carece de agua potable, la Navidad debe entenderse como un período de reflexión sobre la profunda injusticia en que vivimos y sobre la necesidad de que todos y todas nos comprometamos con la opción preferencial por los pobres. Esta, como lo ha afirmado Leonardo Boff, nos lleva a situarnos en la posición de los pobres, para acompañarlos en el proceso de transformación de la sociedad, la que debe hacerse desde ellos mismos y con su propia fuerza histórica.
La tradición de San Francisco apunta, además, a un Cristo que nace en una profunda comunión con la naturaleza, el que fue, de acuerdo al evangelio de San Lucas, “acostado en una pesebrera, porque no había lugar para ellos en la sala común”. Es, por tanto, necesario que la Buena Nueva de la Navidad sea comprendida como un compromiso con la preservación de todas las formas de vida, con el respeto a la naturaleza como nuestro propio hábitat, que hoy se encuentra en peligro de desaparecer por la presencia de un sistema humano centrado en el beneficio individual. Es una acción cuya urgencia queda claramente ejemplificada en el hecho de que de acuerdo a la revista Nature de mantenerse el curso actual de las cosas en el transcurso de los próximos 40 años podrían desaparecer entre el 15% y el 40% de todas las especies vegetales y animales.
La Navidad representa, en definitiva, la esperanza de construir un mundo nuevo, realmente humano, en el hayan desaparecido todas las formas de injusticia social y de discriminación, en el que las guerras sean una simple referencia del pasado y en cual todos los hombres y mujeres puedan desarrollar plenamente sus potencialidades. En esta esperanza le deseamos a toda la humanidad feliz Navidad en justicia y libertad.