Navidad, celebración de la niñez
Celebramos la navidad, pero no reparamos en aquello que es objeto de celebración. Quizás porque es una fecha propicia para el descanso y el relajamiento que va acompañado de familiares y amigos, música y bailes, comida y bebidas alcohólicas con frecuencia rayanas al exceso. En medio del estrés que producen las compras de regalos y la logística de banquetes y festines, se pierde a veces lo mejor que podemos compartir con nuestros seres queridos, y ni hablar de una reflexión de fondo sobre qué le da sentido a la fiesta de la Navidad en la sociedad actual. Todos sabemos que para el cristianismo Dios se hizo hombre en la figura de Jesús, pero perdemos de vista que es igualmente correcto decir que Dios se hizo niño, llegó a este mundo como todo recién nacido, vulnerable y necesitado de la protección de una familia. La celebración del Niño Dios debiera colocarnos a todos de rodillas ante todos los niños del mundo y debiera servir para que como seres humanos, como cristianos, y como ciudadanos renovemos los votos de servicio en beneficio de la niñez. Allí donde hay un niño sin hogar, sin los cuidados necesarios, sin protección contra los peligros de la calle, excluido, marginado de los servicios públicos más básicos, hay una deuda social que se acrecienta cada día que pasa. Aprendamos a ver en cada niño la diginidad completa del ser humano y actuemos con prisa para protegerla, pues los riesgos son cada vez mayores y el tiempo para intervenir muy corto.