Navidad en tiempos de guerra
Desde que existe el pecado en el mundo, el hombre se encuentra sometido a una permanente guerra interior; cuando esa pasión desborda el límite de lo personal, se desencadenan los conflictos fraticidas. Y si no somos capaces de remediar las deficiencias con el hermano, las guerras adquieren carácter social, regional e internacional, sucesivamente. ¿De dónde surge el conflicto? ¿Por qué existe la guerra?
Echemos una mirada a nuestras familias: ¿No ha crecido la violencia intrafamiliar en Panamá? ¿No es evidente el clima de agresividad que se agudiza cada vez más en nuestro país?
Miremos nuestra región: Países hermanos como Colombia, Venezuela, Argentina, al borde del colapso. ¿Qué decir del Medio Oriente y las amenazas fundamentalistas que se hacen sentir por el terrorismo? ¿No son acaso vientos de guerra lo que promueven los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra por el conflicto con Irak? ¿Será sólo Hussein el problema?
Podríamos seguir provocando más interrogantes, pero la respuesta ya fue dada precisamente por un hombre-Dios que vino al mundo un día para mostrar el camino que nos trae la paz: "Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre" (Marcos 7, 20-23).
El origen de la mayor parte de los conflictos lo encontramos en la codicia, ambición desmedida de querer más sin medir los medios para obtener lo deseado, incluso por la fuerza. Las guerras siempre han sido provocadas por codicia de poder o de riquezas. ¿No es el petróleo de Irak la causa real de las amenazas de guerra en esta región? Amanecerá y veremos.
En otro texto bíblico nos dice el apóstol Santiago: "¿De dónde proceden las guerras y contiendas entre ustedes? ¿No es de sus deseos de placeres que luchan en sus miembros? ¿Codician y no poseen? Matan. ¿Envidian y no pueden conseguir? Combaten y hacen la guerra" (St 4, 1-2).
222Jesús nació, evangelizó y resucitó para salvar al hombre. Con su testimonio proclamó que todos los hombres somos hijos de un mismo padre y hermanos entre todos. El nació en medio de conflictos en una nación empobrecida y sometida al Imperio Romano.
Jesús nació, evangelizó y resucitó para salvar al hombre. Con su testimonio proclamó que todos los hombres somos hijos de un mismo padre y hermanos entre todos. El nació en medio de conflictos en una nación empobrecida y sometida al Imperio Romano.
Llegará la hora en que todos los pueblos reconocerán su señorío; y mientras ese día llega, sus seguidores seguimos celebrando su glorioso nacimiento y proclamando que la Navidad es darle a Dios un lugar en el corazón. Habrá Navidad allí donde la paz se imponga sobre la guerra, el amor por encima del odio y la alegría frente a la tristeza.
La Navidad es, en resumen, un estado del corazón donde Dios encuentra asiento. De manera que hermanos, aunque nos envuelva la guerra o las hostilidades de toda índole, nada podrá eclipsar la luz que del cielo nos vino en aquella noche santa, cuando Dios se hizo hombre. ¡Feliz Navidad!
*Director de la Ciudadela Jesús y María.
(cjym@sinfo.net)
Echemos una mirada a nuestras familias: ¿No ha crecido la violencia intrafamiliar en Panamá? ¿No es evidente el clima de agresividad que se agudiza cada vez más en nuestro país?
Miremos nuestra región: Países hermanos como Colombia, Venezuela, Argentina, al borde del colapso. ¿Qué decir del Medio Oriente y las amenazas fundamentalistas que se hacen sentir por el terrorismo? ¿No son acaso vientos de guerra lo que promueven los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra por el conflicto con Irak? ¿Será sólo Hussein el problema?
Podríamos seguir provocando más interrogantes, pero la respuesta ya fue dada precisamente por un hombre-Dios que vino al mundo un día para mostrar el camino que nos trae la paz: "Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre" (Marcos 7, 20-23).
El origen de la mayor parte de los conflictos lo encontramos en la codicia, ambición desmedida de querer más sin medir los medios para obtener lo deseado, incluso por la fuerza. Las guerras siempre han sido provocadas por codicia de poder o de riquezas. ¿No es el petróleo de Irak la causa real de las amenazas de guerra en esta región? Amanecerá y veremos.
En otro texto bíblico nos dice el apóstol Santiago: "¿De dónde proceden las guerras y contiendas entre ustedes? ¿No es de sus deseos de placeres que luchan en sus miembros? ¿Codician y no poseen? Matan. ¿Envidian y no pueden conseguir? Combaten y hacen la guerra" (St 4, 1-2).
222Jesús nació, evangelizó y resucitó para salvar al hombre. Con su testimonio proclamó que todos los hombres somos hijos de un mismo padre y hermanos entre todos. El nació en medio de conflictos en una nación empobrecida y sometida al Imperio Romano.
Jesús nació, evangelizó y resucitó para salvar al hombre. Con su testimonio proclamó que todos los hombres somos hijos de un mismo padre y hermanos entre todos. El nació en medio de conflictos en una nación empobrecida y sometida al Imperio Romano.
Llegará la hora en que todos los pueblos reconocerán su señorío; y mientras ese día llega, sus seguidores seguimos celebrando su glorioso nacimiento y proclamando que la Navidad es darle a Dios un lugar en el corazón. Habrá Navidad allí donde la paz se imponga sobre la guerra, el amor por encima del odio y la alegría frente a la tristeza.
La Navidad es, en resumen, un estado del corazón donde Dios encuentra asiento. De manera que hermanos, aunque nos envuelva la guerra o las hostilidades de toda índole, nada podrá eclipsar la luz que del cielo nos vino en aquella noche santa, cuando Dios se hizo hombre. ¡Feliz Navidad!
*Director de la Ciudadela Jesús y María.
(cjym@sinfo.net)